El invierno no solo trae frío; trae consigo el temor a abrir el buzón y encontrar la factura energética. El escenario se complica cuando nos alejamos de la obra nueva. Calentar una vivienda antigua es, hoy por hoy, uno de los grandes retos para propietarios y reformistas. Techos altos, muros gruesos sin aislar e instalaciones obsoletas convierten el confort térmico en una carrera de obstáculos. En este contexto, muchos usuarios se ven atrapados entre el deseo de eficiencia y la imposibilidad técnica de instalar los sistemas más modernos.
A primera vista, la solución más cómoda parece el radiador eléctrico: enchufar y listo. Sin embargo, como advierten los expertos, esta comodidad tiene un precio. Si no se calcula bien, estos aparatos pueden convertirse fácilmente en un "agujero en la factura" a final de mes.
La realidad del ladrillo frente a la tecnología. Mientras Europa habla de bombas de calor y descarbonización, la realidad de las casas españolas va a otro ritmo. Muchas de las soluciones actuales, como el suelo radiante o la aerotermia, no siempre son viables en edificios históricos o antiguos debido a limitaciones estructurales.
Fran Carbonell, electricista especializado en rehabilitación, explica en su cuenta de TikTok que, lejos de estar muertos, los radiadores eléctricos se consolidan como una "alternativa eficiente, sencilla y compatible" con el carácter de estos hogares cuando no es posible realizar grandes obras. Carbonell defiende modelos como los emisores de piedra natural, que ofrecen una inercia térmica interesante sin necesidad de picar suelos.
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Hay una barrera invisible: el cableado. Cabe recordar, y no es por poner el dedo en la llaga, que el 80% de las viviendas en España tiene instalaciones eléctricas obsoletas y solo el 22,4% se construyeron tras el Reglamento Técnico de 2002. Esto significa que antes de pensar en sistemas potentes, la casa debe estar preparada.
De hecho, el propio Carbonell insiste en una condición clave para instalar radiadores con seguridad: "Es imprescindible realizar una instalación eléctrica independiente", ya que los enchufes convencionales de muchas casas viejas no soportan la potencia necesaria.
La física no perdona al bolsillo. Para entender por qué unas opciones son más caras que otras, hay que mirar más allá del precio del aparato y fijarse en la eficiencia. Aquí entra en juego el Coeficiente de Rendimiento Estacional (SCOP).
Como explican desde Xataka Home, un radiador eléctrico tradicional tiene una relación de 1 a 1. Es decir, por cada kilovatio (kW) de electricidad que pagas, obtienes 1 kW de calor. Sin embargo, una bomba de calor (aerotermia) tiene un rendimiento de 4 o 5. Pagas 1 kW de electricidad, pero la máquina te devuelve 4 kW de calor porque "roba" la energía térmica restante del aire exterior de forma gratuita.
La traducción a euros. Si actualizamos la calculadora a los precios de mercado de esta primera semana de febrero, la factura eléctrica muestra una tregua relativa, pero peligrosa. Un radiador estándar de 1.500 W encendido cinco horas al día consume 225 kWh al mes.
Con el precio medio del mercado mayorista rondando mínimos gracias a las renovables, el coste mensual por aparato se situaría hoy en unos 27 euros para tarifas reguladas. Sin embargo, en horas punta o con tarifas fijas altas, ese mismo aparato puede dispararse a los 45 euros mensuales. Si multiplicamos por cuatro radiadores para una vivienda completa, la horquilla oscila entre los 108 y los 180 euros extra en la factura.
Entonces, ¿cuál es la mejor opción? La respuesta corta es: depende de tu casa y de tu presupuesto inicial. Por un lado, el ganador en eficiencia —si puedes pagarlo— es la Aerotermia. Los estudios de la OCU confirman que la opción más barata para el bolsillo a largo plazo es la bomba de calor (aerotermia), seguida de la biomasa. Un ejemplo claro es el caso de Natalia, recogido por El Español en noviembre, quien pasó de gastar 1.300 euros anuales con radiadores a unos 400 euros tras la reforma, aunque la inversión inicial rondó los 6.500 euros.
En cambio, si vives en una casa antigua donde no puedes levantar el suelo, o en una zona donde el invierno es suave, los radiadores eléctricos siguen teniendo sentido. Son la opción recomendada para "usos puntuales o estancias pequeñas".
¿Y si me paso al gas? Si miramos a la otra acera, el gas natural vive un momento de estabilidad contenida en este arranque de año. Según los datos de MIBGAS, el precio diario se sitúa en 31,72 €/MWh, con una previsión para marzo que baja ligeramente a los 30,85 €/MWh. Esto significa que la "materia prima" del gas se mantiene competitiva (apenas 0,031 €/kWh antes de impuestos), siendo notablemente más barata que la electricidad bruta.
Sin embargo, la ventaja se diluye al sumar los costes fijos de la factura, el mantenimiento de la caldera y la menor eficiencia del sistema frente a la aerotermia. Además, aunque hoy el precio sea atractivo, la volatilidad del mercado europeo y la presión normativa para eliminar las calderas fósiles añaden una capa de incertidumbre a largo plazo para quien esté pensando en hacer una instalación nueva ahora.
Trucos que valen dinero. Independientemente del sistema que elijas, hay reglas de oro que la física y los expertos recomiendan para no tirar el dinero este 2026:
Apagar es ahorrar: Olvida el mito de que "es mejor mantenerla encendida". Jorge Morales de Labra, experto en energía, es tajante: "Aunque bajes cinco minutos a comprar el pan, compensa apagarla". Mantener la temperatura en una casa vacía es pagar por unas pérdidas de calor constantes.El límite de los 21 grados: Cada grado que subes por encima de los 21 ºC encarece la factura un 7%. Esa es la barrera invisible que no deberías cruzar.Aislamiento "Low Cost": Si no puedes cambiar las ventanas, hay parches efectivos. Según Decoesfera, el uso de burletes, alfombras de lana y el cierre estratégico de persianas para evitar fugas térmicas.
Una resistencia frente al frío. Mientras que la aerotermia se corona como la reina de la eficiencia técnica, los radiadores eléctricos resisten como la solución de trinchera necesaria para un parque inmobiliario envejecido que no siempre admite reformas integrales.
La mejor decisión depende de una ecuación personal: presupuesto inicial, aislamiento de la vivienda y zona climática. Pero elijamos lo que elijamos, la lección de este invierno es clara: calentar no consiste solo en generar calor, sino en evitar que se escape el que ya hemos pagado
Imagen | Freepik
Xataka | Cuesta de enero con alivio energético: España aprueba una rebaja del 9% en la TUR de gas
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La noticia
"En casas antiguas, la piedra natural es lo más equilibrado": hay electricistas contra el mito de los radiadores eléctricos en invierno
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
.
"En casas antiguas, la piedra natural es lo más equilibrado": hay electricistas contra el mito de los radiadores eléctricos en invierno
Instalaciones independientes y modelos de inercia: la hoja de ruta de los electricistas para climatizar viviendas antiguas donde picar el suelo no es una opción
El invierno no solo trae frío; trae consigo el temor a abrir el buzón y encontrar la factura energética. El escenario se complica cuando nos alejamos de la obra nueva. Calentar una vivienda antigua es, hoy por hoy, uno de los grandes retos para propietarios y reformistas. Techos altos, muros gruesos sin aislar e instalaciones obsoletas convierten el confort térmico en una carrera de obstáculos. En este contexto, muchos usuarios se ven atrapados entre el deseo de eficiencia y la imposibilidad técnica de instalar los sistemas más modernos.
A primera vista, la solución más cómoda parece el radiador eléctrico: enchufar y listo. Sin embargo, como advierten los expertos, esta comodidad tiene un precio. Si no se calcula bien, estos aparatos pueden convertirse fácilmente en un "agujero en la factura" a final de mes.
La realidad del ladrillo frente a la tecnología. Mientras Europa habla de bombas de calor y descarbonización, la realidad de las casas españolas va a otro ritmo. Muchas de las soluciones actuales, como el suelo radiante o la aerotermia, no siempre son viables en edificios históricos o antiguos debido a limitaciones estructurales.
Fran Carbonell, electricista especializado en rehabilitación, explica ensu cuenta de TikTok que, lejos de estar muertos, los radiadores eléctricos se consolidan como una "alternativa eficiente, sencilla y compatible" con el carácter de estos hogares cuando no es posible realizar grandes obras. Carbonell defiende modelos como los emisores de piedra natural, que ofrecen una inercia térmica interesante sin necesidad de picar suelos.
Hay una barrera invisible: el cableado. Cabe recordar, y no es por poner el dedo en la llaga, que el 80% de las viviendas en España tiene instalaciones eléctricas obsoletas y solo el 22,4% se construyeron tras el Reglamento Técnico de 2002. Esto significa que antes de pensar en sistemas potentes, la casa debe estar preparada.
De hecho, el propio Carbonell insiste en una condición clave para instalar radiadores con seguridad: "Es imprescindible realizar una instalación eléctrica independiente", ya que los enchufes convencionales de muchas casas viejas no soportan la potencia necesaria.
La física no perdona al bolsillo. Para entender por qué unas opciones son más caras que otras, hay que mirar más allá del precio del aparato y fijarse en la eficiencia. Aquí entra en juego el Coeficiente de Rendimiento Estacional (SCOP).
Como explican desde Xataka Home, un radiador eléctrico tradicional tiene una relación de 1 a 1. Es decir, por cada kilovatio (kW) de electricidad que pagas, obtienes 1 kW de calor. Sin embargo, una bomba de calor (aerotermia) tiene un rendimiento de 4 o 5. Pagas 1 kW de electricidad, pero la máquina te devuelve 4 kW de calor porque "roba" la energía térmica restante del aire exterior de forma gratuita.
La traducción a euros. Si actualizamos la calculadora a los precios de mercado de esta primera semana de febrero, la factura eléctrica muestra una tregua relativa, pero peligrosa. Un radiador estándar de 1.500 W encendido cinco horas al día consume 225 kWh al mes.
Con el precio medio del mercado mayorista rondando mínimos gracias a las renovables, el coste mensual por aparato se situaría hoy en unos 27 euros para tarifas reguladas. Sin embargo, en horas punta o con tarifas fijas altas, ese mismo aparato puede dispararse a los 45 euros mensuales. Si multiplicamos por cuatro radiadores para una vivienda completa, la horquilla oscila entre los 108 y los 180 euros extra en la factura.
Entonces, ¿cuál es la mejor opción? La respuesta corta es: depende de tu casa y de tu presupuesto inicial. Por un lado, el ganador en eficiencia —si puedes pagarlo— es la Aerotermia. Los estudios de la OCU confirman que la opción más barata para el bolsillo a largo plazo es la bomba de calor (aerotermia), seguida de la biomasa. Un ejemplo claro es el caso de Natalia, recogido por El Español en noviembre, quien pasó de gastar 1.300 euros anuales con radiadores a unos 400 euros tras la reforma, aunque la inversión inicial rondó los 6.500 euros.
En cambio, si vives en una casa antigua donde no puedes levantar el suelo, o en una zona donde el invierno es suave, los radiadores eléctricos siguen teniendo sentido. Son la opción recomendada para "usos puntuales o estancias pequeñas".
¿Y si me paso al gas? Si miramos a la otra acera, el gas natural vive un momento de estabilidad contenida en este arranque de año. Según los datos de MIBGAS, el precio diario se sitúa en 31,72 €/MWh, con una previsión para marzo que baja ligeramente a los 30,85 €/MWh. Esto significa que la "materia prima" del gas se mantiene competitiva (apenas 0,031 €/kWh antes de impuestos), siendo notablemente más barata que la electricidad bruta.
Sin embargo, la ventaja se diluye al sumar los costes fijos de la factura, el mantenimiento de la caldera y la menor eficiencia del sistema frente a la aerotermia. Además, aunque hoy el precio sea atractivo, la volatilidad del mercado europeo y la presión normativa para eliminar las calderas fósiles añaden una capa de incertidumbre a largo plazo para quien esté pensando en hacer una instalación nueva ahora.
Trucos que valen dinero. Independientemente del sistema que elijas, hay reglas de oro que la física y los expertos recomiendan para no tirar el dinero este 2026:
Apagar es ahorrar: Olvida el mito de que "es mejor mantenerla encendida". Jorge Morales de Labra, experto en energía, es tajante: "Aunque bajes cinco minutos a comprar el pan, compensa apagarla". Mantener la temperatura en una casa vacía es pagar por unas pérdidas de calor constantes.
El límite de los 21 grados: Cada grado que subes por encima de los 21 ºC encarece la factura un 7%. Esa es la barrera invisible que no deberías cruzar.
Aislamiento "Low Cost": Si no puedes cambiar las ventanas, hay parches efectivos. Según Decoesfera, el uso de burletes, alfombras de lana y el cierre estratégico de persianas para evitar fugas térmicas.
Una resistencia frente al frío. Mientras que la aerotermia se corona como la reina de la eficiencia técnica, los radiadores eléctricos resisten como la solución de trinchera necesaria para un parque inmobiliario envejecido que no siempre admite reformas integrales.
La mejor decisión depende de una ecuación personal: presupuesto inicial, aislamiento de la vivienda y zona climática. Pero elijamos lo que elijamos, la lección de este invierno es clara: calentar no consiste solo en generar calor, sino en evitar que se escape el que ya hemos pagado