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Zigor Aldama «En Cuba necesitamos una intervención extranjera como la de Venezuela»La oposición al régimen castrista aprecia la oportunidad que brinda Trump, pero también teme acabar traicionada por el presidente estadounidense
Enviado especial a La Habana
Martes, 21 de abril 2026, 09:06
1.250 presos políticos
tiene identificacos en Cuba la ONG Prisoners Defenders, que considera este un número récord.
El joven tenía 21 años cuando se enfrentó a una pena de cárcel por el mismo tiempo, que fue lo que inicialmente pidió para él la Fiscalía. La apelación rebajó la condena por sedición a 14 años que seguramente cumplirá íntegros, porque el joven se niega a acatar las órdenes en prisión. No en vano, sus últimas palabras frente al juez fueron «¡Abajo la dictadura! ¡Abajo Díaz-Canel! ¡Viva Cuba Libre!». Y en medio de esta entrevista un hombre informa por teléfono a Taboada de que su hijo vuelve a estar incomunicado por haber escrito consignas similares en las paredes de la prisión.
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Duannis León Taboada a menudo está en una celda de aislamiento por su resistencia al régimen. Zigor AldamaElla no puede reprimir las lágrimas. «Era un joven al que no le importaba la política y lo han hecho activista. En estos cinco años le han convertido en otra persona. Ya no hay marcha atrás», señala. No esconde que tiene miedo de hablar a cara descubierta, pero su hijo le ha contagiado la determinación para dejar de esconderse y señalar la barbarie a la que el régimen somete a quien le lleva la contraria. «El miedo va mermando. Porque o mueres, o estás callada. Y si estás callada, estás muerta. Duannis me dijo que solo se ha sentido libre dos veces en su vida: cuando participó en la manifestación y cuando gritó frente al juez. Ahí nació su conciencia política».
En la cárcel, el joven se nutre con las obras de Mandela, Malcolm X e incluso la Biblia. Se niega a vestir el uniforme de preso, denuncia que sufre torturas a menudo y ha hecho huelga de hambre y de sed para denunciarlas. «Ahí no pude aceptar su decisión porque quiero un hijo vivo, no muerto», admite Taboada, que se sabe perseguida por la Inteligencia cubana. «Esta situación ha destrozado a la familia. Mi hija adolescente incluso ha comenzado a cortarse los brazos y yo tuve un accidente cerebrovascular por la tensión acumulada. Porque mi mayor miedo es no llegar a ver a mi hijo libre», apostilla.
Preguntada por la presión que Donald Trump está ejerciendo con el bloqueo del combustible, Taboada niega con la cabeza. «No se da cuenta de que el gobierno tiene lo necesario para sobrevivir y que el pueblo cubano está demasiado debilitado para levantarse. No hay alimento, ni combustible, y sufrimos infecciones constantes. Estamos muriendo, y no estamos pegando tiros a quienes nos matan», lamenta.
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Indigencia y basura en llamas en las calles de La Habana. Zigor AldamaTaboada tiene claro que el comunismo debe caer «para que haya una libertad completa, porque sobre el papel es muy bonito pero en ningún sitio ha tenido éxito». Critica que «un país no puede vivir subsidiado de por vida, con un gobierno ineficiente que hace caer todos los sectores productivos» y subraya que «el que vive en este país es porque no tiene el dinero o la forma de emigrar». Por todo ello, señala que Cuba necesita ayuda del exterior para hacer la contrarrevolución.
Boris González Arenas está completamente de acuerdo, y considera que el caso de Duannis es un buen ejemplo de «cómo oponerse al castrismo es el no va más del sacrificio personal». Él se define como activista contrarrevolucionario de derechas y señala que, en España, solo Vox tiene una postura clara frente a Cuba, aunque deplora las políticas del partido ultraderechista en lo referente a la inmmigración o el colectivo LGTBI. «No se entiende que Cuba está sometida a una forma de exterminio y que el mundo mire hacia otro lado», afirma, comparando la tendencia de leve crecimiento demográfico de la isla con la media en Latinoamérica, donde se ha cuadriplicado desde la segunda mitad del siglo pasado. «Que los cubanos sonrían no quiere decir que estén bien», remarca.
Por eso, González Arenas es contundente al afirmar que «el Estado comunista es el principal culpable del hambre y del subdesarrollo de Cuba, no el embargo de Estados Unidos». De hecho, añade que la superpotencia capitalista «ha acogido a multitud de cubanos en lo que puede ser la mayor acción solidaria del siglo XX». Reconoce que con Trump ya no se concede asilo con facilidad, pero aplaude con pasión la abducción del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
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Boris González Arenas en La Habana. Zigor Aldama«Aún no se puede decir si Trump ha hecho bien, pero es innegable que se trata de una genialidad que ya ha cambiado la vida de los cientos de presos políticos que han quedado libres. Y no me parece desatinado utilizar la estructura de gobierno del régimen chavista para forzar una transición que debería culminar en unas elecciones libres y justas, porque María Corina Machado no controla al ejército», analiza Arenas, que aprecia la misma estrategia en Irán: «Allí han dejado vivo al presidente Pezeshkian porque consideran que puede ser un aliado fiable para la transición».
Arenas está convencido de que para Cuba Trump busca algo parecido. «Forzar la caída de Díaz-Canel sería un gesto de debilidad del régimen de los Castro, al que creo que Washington ofrecerá una salida digna», vaticina, subrayando que sus servicios de Inteligencia corrompen a toda Latinoamérica. Es algo en lo que también inciden Yanet y Alejandro, nombres ficticios de una pareja de intelectuales que se dedican a diferentes ramas del arte y que prefieren mantenerse en el anonimato para preservar la seguridad de su hijo adolescente. «Es indignante que el mundo crea que la crisis cubana arrancó el 3 de enero. Lo hizo en 1959, cuando se impuso el comunismo, comenzaron las expropiaciones y la isla se dirigió al abismo», comenta ella, segura de que «Fidel Castro tiene un lugar especial en el infierno por su malignidad».
En opinión de la pareja, Cuba se ha convertido en una cleptocracia. «No hay combustible para la población ni para las ambulancias, pero sí para las patrullas de policía que la reprimen y para los coches oficiales», recalca Yanet, contraria a las sanciones económicas porque «solo afectan al pueblo y no cambian nada». Alejandro asiente y no tiene inconveniente en ir más allá: «En Cuba necesitamos una intervención extranjera como la de Venezuela. Pero no basta con quitar a Díaz-Canel, hay que acabar con todos los Castro, que son quienes mueven los hilos». Y cuando dice acabar con ellos se refiere al significado literal de la palabra. Como en Irán con los Jameneí. «Ya están dispuestos a sacrificar a Díaz-Canel para poner a otro, pero eso no sirve de nada», sentencia.
Sin alternativa política
No obstante, ambos reconocen su decepción por lo sucedido en Venezuela con el reemplazo de Maduro por Delcy Rodríguez. Prefieren una transición tutelada. «Cuba nunca ha sido soberana. Ni con los españoles, ni con Estados Unidos. Y ahora dependemos de Rusia y de China. Preferimos depender de una potencia democrática», afirman.
Dos policías frente al Capitolio cubano. Zigor AldamaEl principal problema para esa hipotética transición está en la falta de alternativas capaces de gobernar la isla. La represión ha sido muy efectiva a la hora de disolver cualquier intento de asociación de disidentes. Yanet y Alejandro creen que ese proceso «debe pasar por la diáspora cubana en Miami, que tiene los medios económicos y el interés por reconstruir el país». González Arenas reconoce el dilema que eso presenta «porque no existe una organización al nivel de Venezuela que pueda tomar las riendas», pero se muestra esperanzado en la capacidad de gestión del país: «Cuando Estados Unidos intervino en Cuba para luchar contra España se dio una transición de 1898 a 1902 que fue modélica. Estábamos matándonos a machetazos y luego logramos convivir. Ahora puede suceder algo parecido y acabar conviviendo con los comunistas sin rencores ni revanchismo». Él es uno de los muchos dispuestos a participar en este cambio.
Taboada va un paso más allá e incluso vería con buenos ojos una invasión. Cualquier cosa con tal de que «la libertad acabe llegando a Cuba». La de toda la población, pero sobre todo la de su hijo y la del millar largo de presos políticos. «Hasta ahora solo han soltado criminales y solo porque no los pueden alimentar en prisión», indica. Sabe que sus palabras la pueden llevar a la cárcel, pero no por eso se va a callar. Tiene esperanza, cree que se abre una oportunidad en el escenario actual, pero reitera que «Cuba necesita ahora más que nunca la ayuda del mundo democrático».
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