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Loren Arseguet, tras la entrevista en Madrid. Esther VázquezLoren Arseguet
Presidenta de la asociación Derecho a Morir Dignamente «En España no es nada fácil acceder a la eutanasia»Tras el caso de Noelia Castillo, desde la asociación que asesora sobre la muerte asistida recuerdan que nuestra ley es «muy garantista» y que se concede al 46% de los solicitantes
Madrid
Domingo, 29 de marzo 2026, 00:23
... dejó el «suicidio violento» de su padre. Desde el convencimiento de que el fin de la vida puede ser «apacible y razonado» cuando las expectativas de salud no permiten seguir adelante con el sentido que marcan los valores propios, lleva años apoyando el derecho a la eutanasia y divulgando la necesidad de formalizar un testamento vital cuando se está consciente. Desde octubre de 2025, es presidenta estatal de la citada asociación y, con datos, la ley y su experiencia, responde las dudas que deja el caso de Noelia Castillo, la mujer de 25 años que fue asistida el jueves para morir de una forma –mediática y desnuda– que este país no veía desde Ramón Sampedro.–¿A qué se refiere con la comisión en pleno? ¿Ha sido diferente a otros casos?
–Sí. El procedimiento marca que a partir de que una persona solicite la eutanasia a un médico, él será quien la acompañe en toda la tramitación. Empieza entonces el proceso deliberativo, un diálogo en el que el solicitante tiene que explicar cuál es ese sufrimiento intolerable que exige la ley que haya. Pero el sufrimiento es algo subjetivo, los médicos no tienen un 'sufrímetro' que lo mida, simplemente se vale de una escucha activa. Al mismo tiempo, el médico evalúa la enfermedad, su pronóstico e informa al paciente de las alternativas terapéuticas, incluidos los cuidados paliativos. En unos 15 días decide si cursa o no la solicitud. Si es favorable, y el paciente se reafirma, se busca a otro médico independiente que revisa el historial. Si ambos están de acuerdo, se traslada el informe a la comisión de control y garantía de la eutanasia, compuesta por médicos y juristas. Es una comisión de carácter administrativo nombrada por las autonomías. Su papel es averiguar si se ha seguido puntualmente lo que exige la ley en la tramitación. No es una tercera instancia de evaluación. En el caso de Noelia, estas dos personas –médico y jurista–, conocidas como la dupla, decidieron mostrar su desacuerdo con la tramitación para asegurarse así de que el caso fuese elevado al pleno de la comisión, para mayor garantía, dadas las dificultades del caso. Ésta reconoció por unanimidad que se cumplían todas las exigencias de la ley. Esta eutanasia se trató con muchísimo más cuidado que otras.
–Lo habitual es que la dupla resuelva en el primer paso....
–Claro, la mayoría son casos sencillos. Pacientes neurológicos o enfermos terminales de cáncer.
–La ley cumplió cinco años el mismo día en el rostro de Noelia copó todas las portadas y desató la tormenta. ¿Está preparada nuestra sociedad para esta norma?
–Creo que la historia de Noelia, con la intervención del padre y esa asociación de abogados, ha estado siempre muy manipulada en el plano emocional. El problema, por ejemplo, de su entrevista en televisión es que todo se ha centrado en ella y en jugar con las emociones del espectador y, más allá de su testimonio, no se ha explicado nada más. En España, la ley es muy garantista, no es nada fácil acceder a la eutanasia, hay muy pocos casos: actualmente la tasa es de uno por cada 1.000 fallecimientos. Es muy baja al cabo de cinco años. En ningún un país que tiene una ley de eutanasia ha ido tan lento como aquí y es porque ley es muy garantista y eso no se dice. Se ha visto como una pobre desvalida a la que se acepta matar. No es así.
–Ramón Sampedro filmó el proceso de su muerte para mandarlo a las televisiones. ¿Cree que Noelia, dando la cara, ha querido reivindicar algo?
–No sé por qué tomó esta decisión. Me faltan datos y no puedo opinar al respecto.
«La eutanasia de Noelia se trató con muchísimo más cuidado que otras»
–Desde la asociación se difunden muchos casos personales con rostro, nombre y apellidos, pero rara vez captan interés. ¿Por qué?
–Porque persiste el tabú en torno a la muerte y el suicidio es una palabra que suena maldita. El suicidio hay que combatirlo, se asocia a la enfermedad mental, pero no es siempre así. Las personas van construyendo su biografía a lo largo del tiempo y esa biografía es el significado de su vida, que está llena de actividades, de toma de posiciones y decisiones. Pero parece que el momento final, la muerte, no entra en este mismo paradigma. Y creo que eso no es correcto. Uno puede decidir sobre su vida hasta el final y decidir cómo quiere terminar. Hay momentos en que uno se encuentra en un callejón sin salida, sin poder vivir según sus propios valores por razones de salud. Ahí entra la eutanasia, que es un suicidio, pero un suicidio reposado, razonado, analizado... Así sucede con las personas a las que asesoramos. No hay circo alrededor en la realidad.
–¿Ha valido de algo oír a Noelia?
–Si sirve para explicar después de manera reposada, fuera de todas las emociones, cómo es la ley sí puede traer algo positivo. Pero de momento solo ha desatado cosas negativas: las reuniones frente al hospital, el movimiento en redes sociales, esos rezos. Has sido escandaloso.
–¿Comparte la tristeza que deja?
–Por supuesto, todo lo que cuenta encoge el corazón; su vida ha sido un horror. Y es un caso muy peculiar por el enfrentamiento de su padre. Lo normal es que las familias entiendan la decisión de su ser querido, porque ven que no puede seguir viviendo en las condiciones en que está y lo apoyan. He asistido a eutanasias y es algo muy apacible, asumido. Es una decisión personalísima y eso lo dice la ley, que no prevé que un tercero pueda impugnarla ya concedida y aceptada.
–¿Cómo ha sido posible entonces este larguísimo proceso judicial?
–Porque la comisión de garantías es un órgano administrativo y cualquier decisión de esta naturaleza puede ser recurrida ante lo Contencioso. Y ese es el boquete en la ley que ha encontrando Abogados Cristianos para meterse.
–Se habla de un cambio legal impulsado por el Parlamento catalán para evitar el pleiteo. ¿Alcanzaría a la ley estatal? ¿Es fácil?
–Esto es una posibilidad teórica, pero yo creo que, en las circunstancias políticas actuales, es mejor no tocar la ley y esperar a que el Supremo se pronuncie sobre el caso de otro hombre de 50 años, cuyo padre también judicializó su eutanasia. En este caso fue la Generalitat la que recurrió la impugnación en casación y por eso el Alto Tribunal tendrá que pronunciarse en breve específicamente sobre si un tercero tiene derecho a recurrir. Así sentará jurisprudencia, que todavía no hay por la juventud de la ley. Creo que ahora no hay condiciones para abrir el melón de un cambio legal.
–Este litigio hace el caso Noelia excepcional, y como decía, su edad. ¿Cuál es el perfil real de los solicitantes?
–Jóvenes, muy pocos y son casos estudiados muy a fondo. La inmensa mayoría es gente mayor de 60 años e incluso de 70.
–¿Los problemas psiquiátricos pueden ser una razón exclusiva para recibir la eutanasia?
–Esos son casos muy complicados. Hay muy pocos pacientes a los que se les concede por problemas psíquicos y normalmente son estudiados por médicos especialistas porque lo que hay que determinar es que la enfermedad mental que sufre el paciente no condicione su capacidad de tomar la decisión. En el caso de Noelia, todos los médicos que la examinaron reconocieron que se cumplía este requisito. Era perfectamente consciente del contenido de su decisión y de sus repercusiones.
–¿La eutanasia de Noelia es un fracaso del sistema?
–No, la eutanasia en sí no es un fracaso. Aquí podemos ver que la sociedad sí ha fracasado, pero no tiene nada que ver con la eutanasia. Estamos viviendo una sociedad profundamente desigual, donde el sistema sanitario está infrafinanciado, donde los mecanismos de atención no funcionan ya. Ese ha sido el problema de este caso. Y, al contar ella su historia, se ha mezclado con su situación médica al final –una lesión medular– y son cosas diferentes. Su vida ha sido un fracaso del sistema social, pero no su muerte. Su muerte ha respondido a su necesidad. Ella misma lo dice: «No puedo más».
«Creo que ahora no hay condiciones para abrir el melón de un cambio legal. Mejor esperar la jurisprudencia del Supremo»
–Decía que la eutanasia en España avanza lento. ¿Cuáles son los datos y por qué cree esto?
–Desde la entrada en vigor de la ley hasta finales de 2024, que son los datos oficiales que tenemos, hubo 2.432 solicitudes que han dado lugar a 1.123 prestaciones; se han aceptado el 46% de las solicitudes y un 15% fueron denegadas. Un tercio de las personas fallecen durante la tramitación también. Esta última es un una cifra que a nos interpela mucho porque significa que o dura demasiado la tramitación y no se han aplicado las posibilidades de reducción de plazos previstas o las personas, por falta de información, lo solicitan demasiado tarde.
–¿Están los sanitarios preparados?
–Aún hay falta de información y de formación de los profesionales. Esta prestación es algo nuevo y muy diferente a lo que están acostumbrados porque aquí no son ellos los que deciden, sino que es el paciente el que pide y debe haber una escucha. También nos preocupa la enorme desigualdad territorial. Hay comunidades donde se hacen más eutanasias que en otras, donde se les da el visto bueno a más casos que en otros y no sabemos por qué. Nos faltan datos y es muy preocupante.
–¿Hay arrepentidos?
–La verdad, no conozco. Lo que sí puede solicitar la gente son aplazamientos por razones biográficas, por ejemplo, porque su hija va a tener un bebé y quiere conocerlo. Pueden darse cambios durante la tramitación, pero una vez concedida, personalmente, no he visto casos de arrepentimiento.
–¿Tiene la eutanasia color político?
–No. Es decir, aparentemente sí, pero por mi experiencia puedo decir que cuando se llegan a situaciones dramáticas la gente recurre a lo que les puede ayudar y reclama sus derechos si estos están asentados. Yo creo que una idea política no siempre responde a una realidad humana. Por eso, en todos los países donde se debate una ley de eutanasia no se hace una votación por partidos, sino que se da libertad de voto a todos los diputados. Es notable, por ejemplo, que en Canadá una buena parte de los políticos conservadores votaran a favor de una ley de ayuda médica para morir. Muchos vivieron la muerte de sus familiares y pensaron «eso no lo quiero para mí». Realmente es un problema humano y personal y es una pena que sirva a la pelea política.
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