Domingo, 21 de junio de 2026 Dom 21/06/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

En femenino, pero siguen hablando ellos

En femenino, pero siguen hablando ellos
Artículo Completo 1,268 palabras
Los hombres siguen copando los turnos de palabra, incluso en los ámbitos más progresistas y en los al menos en la teoría más concienciados con la igualdad
En femenino, pero siguen hablando ellos

Los hombres siguen copando los turnos de palabra, incluso en los ámbitos más progresistas y en los al menos en la teoría más concienciados con la igualdad

Regala esta noticia Añádenos en Google

Cristina Vallejo

20/06/2026 a las 22:51h.

Se ha producido una gran innovación en el lenguaje que se emplea en los sectores sociales más avanzados y al menos teóricamente más comprometidos con ... la igualdad: hablan en femenino genérico, han abandonado el masculino. Lo que no cambia es que en el uso de la palabra ellos, los varones, siguen predominando.

Esa sesión de debate forma parte de las acciones de Málaga Para Vivir alrededor de la manifestación organizada para el próximo sábado, 27 de junio, con el lema 'Ni alquileres por las nubes ni salarios por los suelos' y que reclamará la convocatoria de una huelga general por la vivienda. El colectivo argumenta que las movilizaciones tienen que subir de temperatura porque las diferentes administraciones no han tomado medidas que mejoren la accesibilidad de la vivienda, sino más bien lo contrario, pese a que en los dos últimos años ha habido marchas por la crisis habitacional en ciudades de todo el país y pese a que todos los indicadores muestran que el problema va a más: se extiende como una mancha de aceite por todas las geografías y afecta cada vez a más capas sociales. La crisis de la vivienda se agrava, hay que elevar el tono y la huelga es un instrumento que sirve. Ése era más o menos el mensaje, de ahí que los invitados hablaran de lo logrado gracias a sus movilizaciones.

Razones para un femenino genérico

 

Ése es el contexto. Acaban las intervenciones de los ponentes. Llega el momento de las preguntas del público. Todas las peticiones de palabra, de chicos, de muchachos, de señores, de hombres, que hablan, eso sí, en femenino genérico. Nada en contra de esto último. El femenino nos representa a todas las personas, seamos femeninas o masculinas. Si sirve el genérico masculino para abarcar al conjunto de la población, aunque ellos sean sólo la mitad de la población, por la misma razón el genérico femenino ha de poder servir para hablar por todas aunque las mujeres sean únicamente el 50% de la gente.

Acaban las intervenciones de los ponentes. Llega el momento de las preguntas del público. Todas las peticiones de palabra, de chicos, de muchachos, de señores, de hombres, que hablan, eso sí, en femenino genérico

Lo preocupante es que ellas no hablen, no intervengan, no reflexionen en alto, no hagan ni siquiera preguntas; que incluso en los ámbitos sociales más avanzados, que hasta en los lugares en los que ha cambiado radicalmente el lenguaje, ellas no levanten la mano para que se las escuche.

Así que el femenino genérico proferido sucesivamente por voces masculinas suena a apropiación de la voz de las mujeres. Antes (o en otros lugares) también hablaban ellos, pero al menos no usurpaban las palabras en género femenino y las hacían suyas. Quizás se ha pasado demasiado rápidamente del masculino al femenino sin explotar el desdoble que es el de verdad inclusivo.

El problema, por tanto, es que ellas no hablan, no se hacen escuchar (y quizás desde la mesa donde estaban los ponentes se observó con incomodidad y por eso la moderadora hizo una pregunta). Existen conceptos que explican el porqué, como el síndrome de la impostora: una mujer, aunque sea una experta en la materia de la que se trate, puede que crea que en realidad no sabe tanto y es probable que no se atreva a intervenir en una discusión. También hay otras razones más profundas pero que se revelan en la cotidianidad: aún hoy se considera que el ámbito «natural» de las mujeres es el hogar, no han conquistado todavía del todo un espacio público en el que a veces se las ve hasta como intrusas, y causa y consecuencia de ello es que a lo que ellas dicen se le da menos valor. De esta forma, aprenden a pensar que sus opiniones son tonterías y que no merecen ser pronunciadas en voz alta.

Ellas también suelen ser más frecuentemente interrumpidas cuando quieren explicar sus argumentos; y además sucede que una opinión femenina sólo se convierte en digna de respeto y de ser tomada en consideración cuando la ratifica un hombre.

Experiencias desagradables de este tipo, ser víctimas de 'mansplaining', de descalificaciones por ser asertivas y contundentes en las intervenciones, o incluso por presuntamente hablar mucho desalientan y muchas mujeres acaban por pensar que lo que más cómodo es quedarse calladas porque hay más a perder que a ganar cuando se abre la boca.

Qué hacer

En las ciencias sociales se han realizado experimentos que indican que cuando un hombre realiza la primera pregunta en una conferencia, quienes le seguirán serán muy probablemente también varones. Sin embargo, si quien interviene en primer lugar es una mujer, la probabilidad de que quien la siga sea otra mujer se eleva. Así que las mujeres tienen que hacer el esfuerzo de levantar la voz y sacudirse todas las inseguridades y complejos (hace poco, una entrevistada por este periódico no hacía más que pedir disculpas por extenderse en sus explicaciones y por considerarse «muy intensa», cosa que no decimos que sea imposible pero sí altamente improbable que ocurra cuando quien habla es un varón: ¿Disculparse por hablar mucho? ¡Pero si es importantísimo todo lo que dice!).

Los hombres también tienen que poner de su parte hablando menos, porque no sólo ocupan demasiado espacio físico sino que también se apropian de más tiempo del que les corresponde

Pero que se escuchen todas las voces no es exclusiva responsabilidad de las mujeres. Los hombres también tienen que poner de su parte hablando menos, porque no sólo ocupan demasiado espacio físico ('manspreading'), sino que también se apropian de más tiempo del que les corresponde. Aunque está muy asentada la idea de que las mujeres hablan más que los hombres, los datos empíricos dicen lo contrario.

En el caso que nos ocupa, el de las ponencias sobre las huelgas históricas y recientes en el patio de La Invisible, desde la mesa hubo un testimonio femenino, el de Encarni González, protagonista de las movilizaciones de Intelhorce, que fue muy elocuente. Falló, quizás, que era la única mujer de la mesa (aparte de la moderadora) y pudo lanzar el mensaje de que todavía estamos en la era del elogio de las mujeres excepcionales, en una época en la que sólo las que atesoran grandes historias merecen estar en el espacio público, mientras que cualquier hombre del montón es digno de hablar ante un micrófono.

Hipótesis y explicaciones se pueden lanzar muchas, pero los hechos son únicos. Y el mensaje que lanza que un auditorio joven y de ideas progresistas incurra en algo así, en que no haya mujeres que levanten la mano para hablar, es preocupante: queda demasiado camino todavía por andar para alcanzar la igualdad. Y eso parece que sucede en cualquier ámbito. El patriarcado es transversal.

comentarios Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir