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En la obsesión por sobreprotegerlos, los padres están privando a sus hijos de algo importantísimo: frustrarse

En la obsesión por sobreprotegerlos, los padres están privando a sus hijos de algo importantísimo: frustrarse
Artículo Completo 890 palabras
Vivimos en la era de la hiperpaternidad, puesto que nunca antes se había tenido tanta información sobre la crianza, y paradójicamente, nunca se había sentido tanta culpa. El hecho de que a algunos padres les aterre dar una mala contestación, una separación o un exceso de pantalla arruine de manera irreversible en los hijos. Pero la verdad es que estamos sobreprotegiendo en exceso a los niños.  Una experta. Frente a esta ansiedad, la psicóloga infantil Ana Aznar, autora de 'Educar también es decir no', propone un cambio de paradigma: la crianza realista. Su tesis es que la sobreprotección está creando una generación con baja tolerancia a la frustración y que los padres necesitan recuperar la autoridad (que no el autoritarismo). Y ante esto, la ciencia tiene mucho que decir sobre el verdadero peso que tienen las decisiones de los padres en la vida adulta de los niños.  En Xataka Ni "apego ansioso" ni "trauma infantil": la psicología sabe que estamos convirtiendo la mala educación en diagnóstico El mito del determinismo. Una de las mayores fuentes de ansiedad en estos casos puede estar puesta la idea de que lo que ocurre en la infancia es un destino inamovible. Pero esto no es así del todo. Un estudio clásico que siguió a miles de nacidos en 1958 y 1970 apuntó a que todas las variables de la infancia juntas, como el estatus económicos, los rasgos familiares o la salud, solo explican entre un 2,8% y un 6,8% de la variabilidad en la satisfacción vital a los 30 años. Esto no significa que la infancia no importe, que claro que importa. La evidencia nos apunta a que el desarrollo humano es acumulativo y plástico, haciendo que los factores posteriores tengan un mayor paso en la fase adulto. Con esto nos referimos a la adolescencia, las primeras relaciones sociales o el entorno laboral que cuentan con un gran peso.  Paradoja de sobreprotección. Aunque el pretexto, que básicamente es evitar el sufrimiento del niño, la verdad es que este estilo de educación tiene efectos secundarios importantes. Esto es algo que ha sido validado por la ciencia, que encontró que la sobreprotección parental se asocia positivamente con problemas internalizantes como ansiedad y depresión.  El mecanismo es perverso en este caso, porque al "limpiar el camino" de obstáculo, impedimos que el niño estrene su tolerancia a la frustración. Estudios recientes vinculan la sobreimplicación intrusiva de los padres con una menor autonomía y un peor ajuste emocional en la adultez. Esto se traduce en que hacer que un niño nunca se frustre por estar en una nube constante hace que el adulto se rompa ante el primer "no" en la vida real como en un trabajo.  El problema de las pantallas. En la actualidad una de las grandes preguntas está en cuándo entregar el móvil a los niños por primera vez. La ciencia apunta a que lo importante es ofrecerlo pero educando sobre el uso desde el primer momento.  Un estudio sobre la población canadiense mostró aquí una relación clara: superar las 2 horas diarias de tiempo recreativo frente a pantallas se asocia con mayor probabilidad de ansiedad y dificultades psicosociales.  Lo de verdad. Sin embargo, el matiz clave que aportan organismos como la Asociación Americana de Pediatría es el desplazamiento. El problema no son siempre los píxeles en sí, sino lo que el niño deja de hacer por estar mirando la pantalla: dormir menos, moverse menos y socializar menos cara a cara.  La estrategia respaldada por la ciencia no es solo "quitar el móvil", sino "llenar la vida" de alternativas como deporte, sueño o juego libre y vigilar la calidad del contenido, más que obsesionarse solo con el cronómetro. En Xataka El arte del autoengaño: por qué nuestro cerebro defiende nuestros errores aunque sepa que estamos equivocados El conflicto. Algo que puede estar muy interiorizado en las familias es que el hecho de presenciar un divorcio en el seno de la familia destroza a un niño. Pero la realidad es que lo más importante es el clima de convivencia como apunta un estudio que analizó a cientos de familias.  En este se vio claramente que la calidad de la relación entre los progenitores como el apoyo o la ausencia de conflicto hostil es un predictor mucho más fiable del bienestar infantil que el hecho de vivir con ambos padres biológicos o no. De esta manera, un hogar con dos padres en guerra constante es, según los datos de PMC, un entorno más tóxico para el desarrollo de los niños que el hecho de tener una familia monoparental donde hay calma.  Imágenes | Christian Mai  En Xataka | Los nacidos entre 1950 y 1970 tienen una ventaja psicológica sobre las demás generaciones: están entrando en su "peak" - La noticia En la obsesión por sobreprotegerlos, los padres están privando a sus hijos de algo importantísimo: frustrarse fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .
En la obsesión por sobreprotegerlos, los padres están privando a sus hijos de algo importantísimo: frustrarse

Sobreproteger a los más pequeños no es la mejor idea para garantizarles un buen futuro

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José A. Lizana

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José A. Lizana

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Vivimos en la era de la hiperpaternidad, puesto que nunca antes se había tenido tanta información sobre la crianza, y paradójicamente, nunca se había sentido tanta culpa. El hecho de que a algunos padres les aterre dar una mala contestación, una separación o un exceso de pantalla arruine de manera irreversible en los hijos. Pero la verdad es que estamos sobreprotegiendo en exceso a los niños. 

Una experta. Frente a esta ansiedad, la psicóloga infantil Ana Aznar, autora de 'Educar también es decir no', propone un cambio de paradigma: la crianza realista. Su tesis es que la sobreprotección está creando una generación con baja tolerancia a la frustración y que los padres necesitan recuperar la autoridad (que no el autoritarismo). Y ante esto, la ciencia tiene mucho que decir sobre el verdadero peso que tienen las decisiones de los padres en la vida adulta de los niños. 

En XatakaNi "apego ansioso" ni "trauma infantil": la psicología sabe que estamos convirtiendo la mala educación en diagnóstico

El mito del determinismo. Una de las mayores fuentes de ansiedad en estos casos puede estar puesta la idea de que lo que ocurre en la infancia es un destino inamovible. Pero esto no es así del todo. Un estudio clásico que siguió a miles de nacidos en 1958 y 1970 apuntó a que todas las variables de la infancia juntas, como el estatus económicos, los rasgos familiares o la salud, solo explican entre un 2,8% y un 6,8% de la variabilidad en la satisfacción vital a los 30 años.

Esto no significa que la infancia no importe, que claro que importa. La evidencia nos apunta a que el desarrollo humano es acumulativo y plástico, haciendo que los factores posteriores tengan un mayor paso en la fase adulto. Con esto nos referimos a la adolescencia, las primeras relaciones sociales o el entorno laboral que cuentan con un gran peso. 

Paradoja de sobreprotección. Aunque el pretexto, que básicamente es evitar el sufrimiento del niño, la verdad es que este estilo de educación tiene efectos secundarios importantes. Esto es algo que ha sido validado por la ciencia, que encontró que la sobreprotección parental se asocia positivamente con problemas internalizantes como ansiedad y depresión. 

El mecanismo es perverso en este caso, porque al "limpiar el camino" de obstáculo, impedimos que el niño estrene su tolerancia a la frustración. Estudios recientes vinculan la sobreimplicación intrusiva de los padres con una menor autonomía y un peor ajuste emocional en la adultez. Esto se traduce en que hacer que un niño nunca se frustre por estar en una nube constante hace que el adulto se rompa ante el primer "no" en la vida real como en un trabajo. 

El problema de las pantallas. En la actualidad una de las grandes preguntas está en cuándo entregar el móvil a los niños por primera vez. La ciencia apunta a que lo importante es ofrecerlo pero educando sobre el uso desde el primer momento. 

Un estudio sobre la población canadiense mostró aquí una relación clara: superar las 2 horas diarias de tiempo recreativo frente a pantallas se asocia con mayor probabilidad de ansiedad y dificultades psicosociales. 

Lo de verdad. Sin embargo, el matiz clave que aportan organismos como la Asociación Americana de Pediatría es el desplazamiento. El problema no son siempre los píxeles en sí, sino lo que el niño deja de hacer por estar mirando la pantalla: dormir menos, moverse menos y socializar menos cara a cara. 

La estrategia respaldada por la ciencia no es solo "quitar el móvil", sino "llenar la vida" de alternativas como deporte, sueño o juego libre y vigilar la calidad del contenido, más que obsesionarse solo con el cronómetro.

En XatakaEl arte del autoengaño: por qué nuestro cerebro defiende nuestros errores aunque sepa que estamos equivocados

El conflicto. Algo que puede estar muy interiorizado en las familias es que el hecho de presenciar un divorcio en el seno de la familia destroza a un niño. Pero la realidad es que lo más importante es el clima de convivencia como apunta un estudio que analizó a cientos de familias. 

En este se vio claramente que la calidad de la relación entre los progenitores como el apoyo o la ausencia de conflicto hostil es un predictor mucho más fiable del bienestar infantil que el hecho de vivir con ambos padres biológicos o no. De esta manera, un hogar con dos padres en guerra constante es, según los datos de PMC, un entorno más tóxico para el desarrollo de los niños que el hecho de tener una familia monoparental donde hay calma. 

Imágenes | Christian Mai 

En Xataka | Los nacidos entre 1950 y 1970 tienen una ventaja psicológica sobre las demás generaciones: están entrando en su "peak"

Fuente original: Leer en Xataka
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