¿Cuánto pesa la calabaza más grande de España? ¿Y la sandía históricamente más grande? Aunque a veces vengan huecas o colonizadas por hormigas, las cebollas, patatas o calabazas gigantes son algo que fascina, genera expectación y mesmeriza. Tanto que existe una cultura de torneos y competiciones por dar con la pieza más majestuosa. Burro grande, ande o no ande. Y Rubén Mendi, de Valtierra (Navarra), lleva dieciséis años en el grupo de los agricultores que siempre están pensando en batir marcas. Lo hizo primero con una calabaza de 1.033 kilos en su propio pueblo y, ocho días después, con otra de 807 kilos en la Fira de Carbasses Gegants de la localidad de Sidamon (Lérida).
El Rey de las calabazas. No lo decimos nosotros: en redes, sus hijos lo rebautizaron como El Rey de las Calabazas. Gestiona alojamientos rurales excavados en las Bardenas Reales y compagina el turismo con esta obsesión que arrastra desde hace casi dos décadas. Todo empezó cuando se presentó por primera vez a la segunda edición del concurso de su pueblo con una calabaza de 110 kilos; el ganador de aquel año llegó a 200. Muchos de quienes empezaron con él lo han ido dejando. Él, según cuenta, sigue porque "se le da bien".
Una curva que no para de subir. Antes de que Mendi entrara en escena, en 2016 Carlos Callén fijó el récord nacional en 631,6 kilos, superando los 488 kilos de Jorge Monfort en 2014. En 2017, Mendi pulverizó esa marca haciendo algo poco habitual: cultivó tres calabazas de más de 800 kilos el mismo año —811, 850,5 y 921,5 kilos—, sumando dos récords de España en una sola temporada. Desde entonces no ha soltado el trono. En 2020 ya encabezaba el ranking nacional con 992 kilos.
En 2023 llegó a 1.157,5. En 2025, junto a su mujer, Anabel Vicente, rompió la tonelada con esos 1.187,5 kilos que hoy siguen siendo el máximo español. El verano caluroso de este año complicó el cultivo. Pero su ejemplar de la XVII Feria de Valtierra se quedó en 1.033 kilos, suficiente para llevarse los 3.000 euros del primer premio y su octava victoria en el Concurso Internacional de Valtierra.
No solo de calabazas. Samuel Pérez Collado se llevó los 1.000 euros de la categoría de sandías con una pieza de 82,5 kilos, el propio Mendi ganó en berenjenas con 3,28 kilos, María Carmen González Pino se impuso en melón Cantaloupe con 8,35 kilos, Guillermo Marín Herranz triunfó en calabacín Long Gourd con un ejemplar de 92 centímetros y la británica Kat Daisy ganó la de tomate con 1,335 kilos. En ediciones anteriores ha habido incluso título de "Calabacero Mayor" y premio a la calabaza más bonita.
Compitiendo contra sí mismo. Ocho días más tarde, Mendi cruzó de comunidad autónoma para presentarse en la quinta Fira de Sidamon, donde ya había ganado el año anterior con 959,5 kilos. Esta vez su calabaza pesó 807 kilos, suficiente para el primer puesto otra vez. El segundo lugar fue, con permiso de la anécdota, para el propio alcalde del pueblo anfitrión, Sergi Balcells, con 458,5 kilos; el tercero, para Josep Maria González, "Poti", con 320. Ganarle la partida al alcalde tiene su morbo.
En Xataka
Un ruso acaba de conseguir una calabaza gigante de 969 kilos. No es ni de lejos la más grande que hemos conseguido cultivar
El secreto. Sus calabazas, en los días de máximo crecimiento, llegan a ganar 28 kilos en 24 horas, un ritmo que explica por qué el riego y la vigilancia diaria son innegociables durante meses. Tan innegociables que también condicionan su otra pasión: es cazador desde joven y llegó a formarse como guarda de caza en Madrid en el año 2000. Eso sí, hasta que no termina de cultivar sus calabazas no sale de caza.
El abuelo canadiense. Casi cualquier ejemplar de más de 400 kilos que hoy suba a una báscula, en Navarra o en California, desciende genéticamente de un mismo hombre: Howard Dill, granjero de Nueva Escocia que patentó en 1979 la variedad Atlantic Giant, heredera a su vez de una calabaza gigante francesa del siglo XIX, la Jaune Gros de Paris. Dill fue coronado "Pumpkin King" tras ganar aquel año con 199 kilos. Sus semillas, cruzadas y perfeccionadas durante generaciones, siguen siendo la base genética de casi todos los récords que se baten hoy.
La liga en la que compite. En España existe Giganteas, la asociación de cultivadores de calabazas y hortalizas gigantes que pone el jurado en concursos como el de Valtierra. A escala mundial, quien certifica que un récord es realmente un récord es la Great Pumpkin Commonwealth (GPC), la entidad que fija los estándares de la competición y sanciona oficialmente los pesajes en cerca de un centenar de sedes por el mundo; es, de hecho, la referencia que usa el propio Guinness para homologar la familia Cucurbita maxima.
Valtierra y Sant Feliu de Codines (Barcelona) son los dos grandes históricos pero hay más: Sedó, en la comarca leridana de la Segarra, reúne cada año a cultivadores de varios puntos de España. Y una aficionada cántabra logró este mes un récord regional de 197,5 kilos participando en el propio concurso de Valtierra, aprovechando para llevar sobaos, quesadas y anchoas y "poner a Cantabria en el mapa". En El Retiro madrileño hay uno de calabazas raras y en Alcalá la Real (Jaén), la cebolla más pesada del año rondaba los 2,6 kilos. Una barbaridad.
Una cuestión de tamaño. El Mendi europeo se llama Peter Glazebrook: entre los récords de este inglés están una coliflor de 27,48 kilos (la más pesada jamás registrada cuando la presentó en 2014) y una zanahoria de más de 9 kilos ese mismo año, superada después por un cultivador de Minnesota. De locos. También ha cultivado chirivías de casi 6 kilos y remolachas alargadas de varios metros. El récord de cebolla, por su parte, lo tiene hoy Gareth Griffin, con un ejemplar de 19,77 kilos que superó los 18,68 kilos que Tony Glover había presentado en 2014.
El récord mundial. El techo mundial lo tenía Travis Gienger, profesor de horticultura en Minnesota, con una calabaza de 1.247 kilos que pulverizó el récord anterior (de un agricultor italiano, con 1.226 kilos) en el Safeway World Championship Pumpkin Weigh-Off de 2023. Pero ese techo se movió: el 6 de octubre de 2025, los hermanos gemelos británicos Ian y Stuart Paton presentaron en el Wargrave Nursery Giant Vegetable Weigh-off (Berkshire) una calabaza bautizada "Muggle" que marcó 1.278,8 kilos, homologados por la GPC, y que de paso batió también el récord de mayor circunferencia, con 6,49 metros.
Y qué haces con eso. ¿Quién se come semejante bicho? La respuesta tiene matices: esa calabaza es una variedad forrajera, pensada para el tamaño antes que para el sabor, con una pulpa acuosa y poco dulce. Se puede triturar en puré, pero lo habitual es que acabe de alimento animal (se la comen las vacas y ovejas de su suegro, declaró Mendi), y la propia calabaza del récord de España terminó donada a un conocido de Valencia para sus gallinas. De hecho, cuando Gienger ganó en 2024 en Half Moon Bay, su calabaza acabó en manos de talladores profesionales, que la convirtieron en escultura de Halloween en el sur de California. En Madrid, las premiadas acaban expuestas en el centro cultural del parque hasta pasadas las fiestas.
¿Desperdicio? En el Reino Unido se desechan más de 8 millones de calabazas solo tras la noche del 31, y la ONG Hubbub calcula que más de 1 de cada 4 acaba en el vertedero, el equivalente a 18.000 toneladas de comida. En Estados Unidos se cultivan cerca de 900 millones de kilos de calabaza al año y más de la mitad acaba también en vertedero. El problema no es solo el desperdicio: al pudrirse sin oxígeno, esas toneladas generan metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO2. El Pumpkin Smash recoge miles de calabazas para convertirlas en compost o biogás, y en el Reino Unido existe la campaña #PumpkinRescue.
Recetas, para cuando sí se come. La clave para sacarle partido a una calabaza tan acuosa está en concentrar su sabor antes de cocinarla: asarla en el horno, extraer la pulpa y dejarla escurrir toda la noche sobre un paño da un puré mucho más denso que si se cuece en agua, y se congela bien. A partir de ahí, las opciones son casi infinitas: cremas, bizcochos (a mí me flipan) y tartas son lo habitual, pero también funciona en croquetas al horno, en un dhal de lentejas o como base de una masa de pizza. Su pulpa, más fibrosa que la de otras variedades, también admite gratinados y risottos. Y si a alguien le sobra media calabaza gigante, en Valtierra hacen un concurso de tortillas, con degustación incluida. Otros 300 euros si ganas.
Imágenes | Portada de 3CatInfo / Pexels (Keith Cassill, Kris Møklebust)
En Xataka | Hace veinte años el 45% de las familias gallegas ahorraban dinero gracias a la huerta: hoy ese mundo está desapareciendo
En DAP | Así es la Feria de las Calabazas Gigantes de Sidamon, el pueblo de Lérida donde se juntan ejemplares de hasta 1.500 kilos
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La noticia
En Navarra hay un agricultor obsesionado con las calabazas gigantes: el año pasado cultivó una de 1.187 kilos y este año vuelve a ganar
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Isra Fdez
.
En Navarra hay un agricultor obsesionado con las calabazas gigantes: el año pasado cultivó una de 1.187 kilos y este año vuelve a ganar
El récord nacional está en 1.187,5 kilos. El mundial en 1.278,8 kilos. Y no paran de superarse
Solo en UK se tiran más de 8 millones de calabazas tras la noche del 31 de octubre
¿Cuánto pesa la calabaza más grande de España? ¿Y la sandía históricamente más grande? Aunque a veces vengan huecas o colonizadas por hormigas, las cebollas, patatas o calabazas gigantes son algo que fascina, genera expectación y mesmeriza. Tanto que existe una cultura de torneos y competiciones por dar con la pieza más majestuosa. Burro grande, ande o no ande. Y Rubén Mendi, de Valtierra (Navarra), lleva dieciséis años en el grupo de los agricultores que siempre están pensando en batir marcas. Lo hizo primero con una calabaza de 1.033 kilos en su propio pueblo y, ocho días después, con otra de 807 kilos en la Fira de Carbasses Gegants de la localidad de Sidamon (Lérida).
El Rey de las calabazas. No lo decimos nosotros: en redes, sus hijos lo rebautizaron como El Rey de las Calabazas. Gestiona alojamientos rurales excavados en las Bardenas Reales y compagina el turismo con esta obsesión que arrastra desde hace casi dos décadas. Todo empezó cuando se presentó por primera vez a la segunda edición del concurso de su pueblo con una calabaza de 110 kilos; el ganador de aquel año llegó a 200. Muchos de quienes empezaron con él lo han ido dejando. Él, según cuenta, sigue porque "se le da bien".
Una curva que no para de subir. Antes de que Mendi entrara en escena, en 2016 Carlos Callén fijó el récord nacional en 631,6 kilos, superando los 488 kilos de Jorge Monfort en 2014. En 2017, Mendi pulverizó esa marca haciendo algo poco habitual: cultivó tres calabazas de más de 800 kilos el mismo año —811, 850,5 y 921,5 kilos—, sumando dos récords de España en una sola temporada. Desde entonces no ha soltado el trono. En 2020 ya encabezaba el ranking nacional con 992 kilos.
En 2023 llegó a 1.157,5. En 2025, junto a su mujer, Anabel Vicente, rompió la tonelada con esos 1.187,5 kilos que hoy siguen siendo el máximo español. El verano caluroso de este año complicó el cultivo. Pero su ejemplar de la XVII Feria de Valtierra se quedó en 1.033 kilos, suficiente para llevarse los 3.000 euros del primer premio y su octava victoria en el Concurso Internacional de Valtierra.
No solo de calabazas. Samuel Pérez Collado se llevó los 1.000 euros de la categoría de sandías con una pieza de 82,5 kilos, el propio Mendi ganó en berenjenas con 3,28 kilos, María Carmen González Pino se impuso en melón Cantaloupe con 8,35 kilos, Guillermo Marín Herranz triunfó en calabacín Long Gourd con un ejemplar de 92 centímetros y la británica Kat Daisy ganó la de tomate con 1,335 kilos. En ediciones anteriores ha habido incluso título de "Calabacero Mayor" y premio a la calabaza más bonita.
Compitiendo contra sí mismo. Ocho días más tarde, Mendi cruzó de comunidad autónoma para presentarse en la quinta Fira de Sidamon, donde ya había ganado el año anterior con 959,5 kilos. Esta vez su calabaza pesó 807 kilos, suficiente para el primer puesto otra vez. El segundo lugar fue, con permiso de la anécdota, para el propio alcalde del pueblo anfitrión, Sergi Balcells, con 458,5 kilos; el tercero, para Josep Maria González, "Poti", con 320. Ganarle la partida al alcalde tiene su morbo.
El secreto. Sus calabazas, en los días de máximo crecimiento, llegan a ganar 28 kilos en 24 horas, un ritmo que explica por qué el riego y la vigilancia diaria son innegociables durante meses. Tan innegociables que también condicionan su otra pasión: es cazador desde joven y llegó a formarse como guarda de caza en Madrid en el año 2000. Eso sí, hasta que no termina de cultivar sus calabazas no sale de caza.
El abuelo canadiense. Casi cualquier ejemplar de más de 400 kilos que hoy suba a una báscula, en Navarra o en California, desciende genéticamente de un mismo hombre: Howard Dill, granjero de Nueva Escocia que patentó en 1979 la variedad Atlantic Giant, heredera a su vez de una calabaza gigante francesa del siglo XIX, la Jaune Gros de Paris. Dill fue coronado "Pumpkin King" tras ganar aquel año con 199 kilos. Sus semillas, cruzadas y perfeccionadas durante generaciones, siguen siendo la base genética de casi todos los récords que se baten hoy.
La liga en la que compite. En España existe Giganteas, la asociación de cultivadores de calabazas y hortalizas gigantes que pone el jurado en concursos como el de Valtierra. A escala mundial, quien certifica que un récord es realmente un récord es la Great Pumpkin Commonwealth (GPC), la entidad que fija los estándares de la competición y sanciona oficialmente los pesajes en cerca de un centenar de sedes por el mundo; es, de hecho, la referencia que usa el propio Guinness para homologar la familia Cucurbita maxima.
Valtierra y Sant Feliu de Codines (Barcelona) son los dos grandes históricos pero hay más: Sedó, en la comarca leridana de la Segarra, reúne cada año a cultivadores de varios puntos de España. Y una aficionada cántabra logró este mes un récord regional de 197,5 kilos participando en el propio concurso de Valtierra, aprovechando para llevar sobaos, quesadas y anchoas y "poner a Cantabria en el mapa". En El Retiro madrileño hay uno de calabazas raras y en Alcalá la Real (Jaén), la cebolla más pesada del año rondaba los 2,6 kilos. Una barbaridad.
Una cuestión de tamaño. El Mendi europeo se llama Peter Glazebrook: entre los récords de este inglés están una coliflor de 27,48 kilos (la más pesada jamás registrada cuando la presentó en 2014) y una zanahoria de más de 9 kilos ese mismo año, superada después por un cultivador de Minnesota. De locos. También ha cultivado chirivías de casi 6 kilos y remolachas alargadas de varios metros. El récord de cebolla, por su parte, lo tiene hoy Gareth Griffin, con un ejemplar de 19,77 kilos que superó los 18,68 kilos que Tony Glover había presentado en 2014.
El récord mundial. El techo mundial lo tenía Travis Gienger, profesor de horticultura en Minnesota, con una calabaza de 1.247 kilos que pulverizó el récord anterior (de un agricultor italiano, con 1.226 kilos) en el Safeway World Championship Pumpkin Weigh-Off de 2023. Pero ese techo se movió: el 6 de octubre de 2025, los hermanos gemelos británicos Ian y Stuart Paton presentaron en el Wargrave Nursery Giant Vegetable Weigh-off (Berkshire) una calabaza bautizada "Muggle" que marcó 1.278,8 kilos, homologados por la GPC, y que de paso batió también el récord de mayor circunferencia, con 6,49 metros.
Y qué haces con eso. ¿Quién se come semejante bicho? La respuesta tiene matices: esa calabaza es una variedad forrajera, pensada para el tamaño antes que para el sabor, con una pulpa acuosa y poco dulce. Se puede triturar en puré, pero lo habitual es que acabe de alimento animal (se la comen las vacas y ovejas de su suegro, declaró Mendi), y la propia calabaza del récord de España terminó donada a un conocido de Valencia para sus gallinas. De hecho, cuando Gienger ganó en 2024 en Half Moon Bay, su calabaza acabó en manos de talladores profesionales, que la convirtieron en escultura de Halloween en el sur de California. En Madrid, las premiadas acaban expuestas en el centro cultural del parque hasta pasadas las fiestas.
¿Desperdicio? En el Reino Unido se desechan más de 8 millones de calabazas solo tras la noche del 31, y la ONG Hubbub calcula que más de 1 de cada 4 acaba en el vertedero, el equivalente a 18.000 toneladas de comida. En Estados Unidos se cultivan cerca de 900 millones de kilos de calabaza al año y más de la mitad acaba también en vertedero. El problema no es solo el desperdicio: al pudrirse sin oxígeno, esas toneladas generan metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO2. El Pumpkin Smash recoge miles de calabazas para convertirlas en compost o biogás, y en el Reino Unido existe la campaña #PumpkinRescue.