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«En San Juan nos lo pasamos mejor que en Nochevieja»

«En San Juan nos lo pasamos mejor que en Nochevieja»
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Malagueños y visitantes desafían a la semana laboral que queda por delante y trasnochan para cumplir con el ritual: quema de lo malo, buenos deseos y baño a medianoche
«En San Juan nos lo pasamos mejor que en Nochevieja»

Malagueños y visitantes desafían a la semana laboral que queda por delante y trasnochan para cumplir con el ritual: quema de lo malo, buenos deseos y baño a medianoche

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La playa de la Misericordia, esta noche de San Juan. (Migue Fernández)

Cristina Vallejo

24/06/2026 Actualizado a las 00:58h.

En Nochevieja hace frío y se hace balance de lo bueno y malo, ya lo decía Mecano. Se celebra, sí, pero con un punto de ... nostalgia. En San Juan, sin embargo, se quema todo lo negativo y se piden deseos con los pies dentro del mar, una brisa cálida acariciando la piel, música, fuegos artificiales y la promesa de un verano aún casi sin estrenar. Es la reflexión de Sheila Zamora y sus amigas, por lo que lo tienen claro: «Nos lo pasamos mejor en San Juan que en Nochevieja». Lo dicen cerca de la Chimenea de Los Guindos mientras dan cuenta de una tortilla de inmejorable pinta y salpican una bolsa de patatas fritas con boquerones en vinagre. Para Sheila, además, esta noche es siempre la más especial porque es en la que celebra su cumpleaños. Hoy le han caído unos espléndidos 33. Al lado, una familia se prepara para cenar: Francisco Deose está contento porque este año le ha cuadrado bien el turno en el trabajo para poder disfrutar de la noche de San Juan. Y, sí, siguen el ritual, el quemar lo malo y pedir deseos, pero está resignado a que «habrá que seguir luchando».

Y para especial, la clase que la escuela de baile Kizomba decidió trasladar a la Playa de la Misericordia para vivir la noche de San Juan a pie de playa, como manda la tradición. Cornelius, su director, de Togo y con 26 años ya en Málaga, asegura: «Bailar da vida a la gente, seguro que cuando empecemos a danzar la gente se nos va uniendo». Pero parece que ganaba la timidez al tirón que podía ejercer la música sobre el personal.

La noche de San Juan cada cual la vive a su manera: cuando se acercaba el ocaso aún había quien estaba jugando al voleibol o quien corría o quien hacía unos kilómetros en bici. También había mucha gente cargada con mesas, sillas, bolsas llenas de comida y neveritas portátiles. Aunque una noche de entre semana, con un miércoles y más de un 50% de la semana laboral por delante, es sobre todo disfrutable para los adolescentes, para los estudiantes que ya están de vacaciones, como Marco Arenas, de 18 años recién cumplidos, y todos sus amigos: «Echaremos el rato, aunque tenemos mucho calor y mucho sueño: desde que ganó el Málaga casi no hemos dormido». Se refiere a dos acontecimientos que se han adelantado a San Juan en esto de inaugurar la fiesta y el verano: la subida a Primera División del equipo de fútbol local y el episodio de intenso calor de los últimos días, que al lado del mar y por la noche se aliviaba.

Así que el júa que se quemaría a las doce de la noche y que lanzaba el conjuro «de un invierno borrascoso a un verano saleroso», contra las tormentas y el frío y en favor del sol y el calor que encuentran su dulce cura a pie de mar, parece que ha hecho efecto antes de tiempo; eso dice el termómetro. Antes de eso, había comenzado la música en La Misericordia de la mano de la Orquesta Ipop. Y después de la hoguera en que murió metafóricamente el invierno, llegó el espectáculo piromusical lanzado desde el espigón de La Térmica, que duró prácticamente un cuarto de hora. A continuación siguió la música. A algunos les llegaría el amanecer con arena en la boca.

El miércoles será duro para los trabajadores que por la noche optaron por la fiesta. Pero es imperdonable no conjurarse contra lo malo y atraer lo bueno cuando se tiene oportunidad para hacerlo. Aunque los deseos se hundan en el agua y haya que seguir luchando. Ayer, para que la ciudadanía disfrutara, también tuvo que haber trabajadores que echaron largas jornadas para que todo funcionara y que se cumplieran las normas de seguridad, para que no hubiera hogueras en la playa: «Cada vez la gente está más concienciada con que no se pueden hacer», certificaba uno de los componentes del operativo. Y además están las que no descansan nunca, las que preparan los bocadillos para comerlos en la playa y después volver un momento a casa para darle la cena a su madre, que ya tiene más de noventa años. Y, ya que se da el paseo, volverá a la arena con más cosas ricas de comer para su marido, sus hijos y sus nietos y ver los fuegos artificiales.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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