- Autor, Agustina Latourrette y Darío Brooks
- Título del autor, BBC News Mundo
- 29 abril 2026
Estados Unidos es uno de los mayores mercados de drogas del mundo. Sin embargo, no se conocen grandes capos del narcotráfico al estilo del mexicano "El Chapo".
Durante el siglo XX, el país vio surgir figuras emblemáticas del crimen organizado como Al Capone y John Gotti, quienes construyeron poderosos imperios ilegales y dominaron titulares.
Pero, con el paso del tiempo, no emergió una figura equivalente en el negocio ilegal del tráfico de drogas.
En agosto de 2025, la declaración de culpabilidad de Ismael "El Mayo" Zambada, antiguo líder del cartel de Sinaloa, marcó un nuevo capítulo en la lucha contra el narcotráfico.
En un tribunal de Nueva York, Zambada admitió haber traficado enormes cantidades de droga hacia Estados Unidos durante décadas.
Para las autoridades estadounidenses esto significó una victoria histórica.
Pam Bondi, quien fuera fiscal general de EE.UU., resaltó un mensaje que las autoridades de este país repiten una y otra vez: los grandes carteles latinoamericanos son los responsables de inundar Estados Unidos con drogas.
Sin embargo, según el periodista Jesús Esquivel, esta narrativa deja fuera una pieza fundamental: quién se encarga de distribuir esas drogas dentro de Estados Unidos.
Esquivel, autor de una investigación de varios años titulada "Los carteles gringos", sostiene que existen redes locales —pandillas y clubes— que cumplen ese rol.
Según el FBI, hay más de 30.000 pandillas en el país, con cerca de 1,4 millones de miembros. Grupos como Hells Angels o Latin Kings participan en el transporte, la venta y distribución de droga, además del lavado de dinero.
Aunque no todos los expertos coinciden en calificarlos como carteles.
Para el exagente de la DEA Mike Vigil, las pandillas estadounidenses carecen del poder paramilitar, la capacidad transnacional y la infraestructura de los carteles de América Latina.
En la misma línea, Steven Dudley, de Insight Crime, señala que estos grupos no tienen la capacidad de corromper gobiernos ni de desafiar el control del Estado.
A diferencia de los carteles latinoamericanos, apunta, estas organizaciones no operan bajo una estructura centralizada.
No existe un "jefe de jefes", sino múltiples células independientes con líderes locales. Su control territorial es más fragmentado: dominan barrios, calles o incluso esquinas. Esta estructura descentralizada les da flexibilidad y las hace más difíciles de desmantelar.
Es esta diferencia estructural la que también ayuda a explicar por qué no existe un gran capo en EE.UU.
La fuerte presencia de agencias de seguridad, junto con duras sanciones, hace que los líderes criminales eviten la notoriedad. Además, el propio modelo descentralizado del negocio no requiere de una figura dominante.
Para Esquivel, está claro que los carteles mexicanos y los de otros países ejercen una violencia y poder diferente a los grupos que trafican en EE.UU., pero sostiene que en este último país existe una extensa presencia de redes de trasiego y venta de droga.
Y sostiene que a los funcionarios de la DEA y de otras agencias gubernamentales no les conviene hablar de "carteles estadounidenses".
"Si lo dieran a conocer como tal, no tendría el mérito político para presionar a otro país como a México, ahora bajo la amenaza de Donald Trump de invadir con militares para combatir al narcotráfico", le dijo Esquivel a BBC Mundo.
"No quieren hablar de dos cosas muy simples: primero, que ya tienen carteles, y segundo, que descuidaron un problema de salud y de educación pública que ahora es gigantesco y muy complicado de parar".
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