Viernes tarde. Tiempo primaveral, casi casi se huele el verano. Los bares de la zona de terraceo de tu ciudad están hasta la bandera, pero tú y tus amigos tenéis suerte: de repente veis al otro lado de la plaza una mesa libre. Echáis una carrera para ocuparla, pero cuando el camarero llega para tomaros la comanda resulta que de los seis que sois en el grupo solo tres vais a tomar algo. "Lo siento", responde él guardándose la libreta en el bolsillo. "No llegáis al mínimo".
La anterior es una escena inventada, pero cada vez resulta más fácil encontrársela en los bares de España. Sobre todo a medida que los alquileres y el coste de las mercancías les complica alcanzar el codiciado umbral de la rentabilidad.
Consumición "mínima y obligatoria". La noticia la avanza Faro de Vigo: harto de los grupos de clientes que 'colonizan' mesas durante horas y horas y solo se piden un par de refrescos, Van Gogh, una de las cafeterías más populares de Vigo, ha decidido exigir a sus clientes una "consumición mínima obligatoria".
La norma deja poco margen para interpretaciones. Se anuncia con un cartel colgado en la puerta del local. Su objetivo también es bastante claro: mejorar la rentabilidad del negocio y evitar a los turistas que solo quieren usar los baños.
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Restaurantes de media España nos están dando vieiras por zamburiñas. Y Galicia se ha cansado del fraude
"Tienen que consumir todos". "La intención es que si vienen seis chavales a una mesa, no solo pidan algo dos, sino todos. Tuvimos que tomar estas medidas porque estamos hablando de un tema de rentabilidad. Tiene que consumir todo el mundo que entra en el local", explica al diario gallego el gerente de la cafetería, Jordi Casado. Son los propios camareros los que hacen cumplir la norma, igual que otra que aplica el local: solo permite dos carritos de bebé en el interior.
"A veces la gente no es consciente de que el espacio cuesta dinero. Un niño en carrito no consume y ocupa el sitio de una persona que sí lo haría", señalan desde el local, que recuerdan además que los carros pueden entorpecer el paso.
Van Gogh no es el único negocio del ramo que aplica normas sobre consumo mínimo en Vigo. Faro cita otra cafetería del Calvario que impone también ciertas condiciones los días en que hay partidos mediáticos, como los que juega el Celta, Madrid o Barça. Sus responsables permiten reservar mesa, pero solo a aquellos que vayan a cenar. "Y los que vienen por libre, obviamente, no pueden estar dos horas solo con un café, no es rentable", advierte el responsable del bar.
¿Ocurre solo en Vigo? No. Llega un vistazo rápido a la hemeroteca para comprobar que, si bien no es una práctica mayoritaria, lo de exigir un consumo mínimo empieza a normalizarse en el sector. En ciertos puntos turísticos (como Barcelona o Ibiza) se remonta años atrás, en algunos casos con tarifas elevadas.
Hace solo unos meses el diario La Gaceta contaba cómo un establecimiento del centro de Salamanca había adoptado una norma similar, exigiendo a sus clientes que en los momentos de mayor demanda (básicamente los viernes y sábados por la noche) consumiesen al menos una bebida y una tapa por persona.
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Una mesa, 10 euros. "Mucha gente se sentaba en la terraza durante dos horas con un agua o un vino. Al final la cuenta eran cinco o seis euros. Mientras tanto, había colas de gente esperando para sentarse", explicaba el propietario del local charro. "Con esos números es imposible mantener un bar a flote".
En otoño ABC se hacía eco de otro caso similar: un bar que exige a su clientela que se gaste al menos cinco euros las jornadas de Liga. De nuevo no es un caso único. Hace no mucho la cuenta 'Soy Camarero' desató la polémica al compartir un cartel en el que un bar anuncia sus tarifas para compensar "los elevados costes de la transmisión de los partidos": si quieres una silla debes pagar diez euros. Si hablamos de una mesa para para cuatro se queda en 30 €, o en 45 si es para seis.
Tirando de imaginación. Lo de la consumición mínima es solo una de las estrategias con las que los hosteleros intentan blindar su rentabilidad. Otras pasan por ajustar el precio de las bebidas en función del tiempo que el cliente ocupe las mesas (a más minutos, más caro sale el café) o incluso vetar a quienes acuden solos a los bares, sin acompañantes. Tampoco es extraño que en los restaurantes españoles las reservas se hagan ya con hora de llegada y salida.
Pendientes de las cuentas. El objetivo es siempre el mismo: mejorar la rentabilidad en negocios que arrastran aún la resaca del COVID y que en los últimos años se han visto marcados por el encarecimiento de los alquileres, las complicaciones para encontrar mano de obra cualificada y el encarecimiento de mercancías como el café o el cacao. A ese panorama se suma la crisis de algunos de los 'productos' más exitosos del sector, como la caña o el menú del día, y la competencia creciente que se ejerce desde otros mercados. A día de hoy por ejemplo Mercadona ya supone un rival a tener en cuenta para los bares.
Imagen | Toa Heftiba (Unsplash)
En Xataka | Los bares se las prometían felices llenando sus terrazas con merchandising de cervezas. Ahora temen pérdidas millonarias
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La noticia
En Vigo los hosteleros han decidido que ya vale de ocupar mesas para tomarte solo un café. Solución: consumición mínima
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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En Vigo los hosteleros han decidido que ya vale de ocupar mesas para tomarte solo un café. Solución: consumición mínima
"Estamos hablando de un tema de rentabilidad. Tiene que consumir todo el mundo que entra en el local"
Viernes tarde. Tiempo primaveral, casi casi se huele el verano. Los bares de la zona de terraceo de tu ciudad están hasta la bandera, pero tú y tus amigos tenéis suerte: de repente veis al otro lado de la plaza una mesa libre. Echáis una carrera para ocuparla, pero cuando el camarero llega para tomaros la comanda resulta que de los seis que sois en el grupo solo tres vais a tomar algo. "Lo siento", responde él guardándose la libreta en el bolsillo. "No llegáis al mínimo".
La anterior es una escena inventada, pero cada vez resulta más fácil encontrársela en los bares de España. Sobre todo a medida que los alquileres y el coste de las mercancías les complica alcanzar el codiciado umbral de la rentabilidad.
Consumición "mínima y obligatoria". La noticia la avanza Faro de Vigo: harto de los grupos de clientes que 'colonizan' mesas durante horas y horas y solo se piden un par de refrescos, Van Gogh, una de las cafeterías más populares de Vigo, ha decidido exigir a sus clientes una "consumición mínima obligatoria".
La norma deja poco margen para interpretaciones. Se anuncia con un cartel colgado en la puerta del local. Su objetivo también es bastante claro: mejorar la rentabilidad del negocio y evitar a los turistas que solo quieren usar los baños.
"Tienen que consumir todos". "La intención es que si vienen seis chavales a una mesa, no solo pidan algo dos, sino todos. Tuvimos que tomar estas medidas porque estamos hablando de un tema de rentabilidad. Tiene que consumir todo el mundo que entra en el local", explica al diario gallego el gerente de la cafetería, Jordi Casado. Son los propios camareros los que hacen cumplir la norma, igual que otra que aplica el local: solo permite dos carritos de bebé en el interior.
"A veces la gente no es consciente de que el espacio cuesta dinero. Un niño en carrito no consume y ocupa el sitio de una persona que sí lo haría", señalan desde el local, que recuerdan además que los carros pueden entorpecer el paso.
Van Gogh no es el único negocio del ramo que aplica normas sobre consumo mínimo en Vigo. Faro cita otra cafetería del Calvario que impone también ciertas condiciones los días en que hay partidos mediáticos, como los que juega el Celta, Madrid o Barça. Sus responsables permiten reservar mesa, pero solo a aquellos que vayan a cenar. "Y los que vienen por libre, obviamente, no pueden estar dos horas solo con un café, no es rentable", advierte el responsable del bar.
¿Ocurre solo en Vigo? No. Llega un vistazo rápido a la hemeroteca para comprobar que, si bien no es una práctica mayoritaria, lo de exigir un consumo mínimo empieza a normalizarse en el sector. En ciertos puntos turísticos (como Barcelona o Ibiza) se remonta años atrás, en algunos casos con tarifas elevadas.
Hace solo unos meses el diario La Gacetacontaba cómo un establecimiento del centro de Salamanca había adoptado una norma similar, exigiendo a sus clientes que en los momentos de mayor demanda (básicamente los viernes y sábados por la noche) consumiesen al menos una bebida y una tapa por persona.
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Una mesa, 10 euros. "Mucha gente se sentaba en la terraza durante dos horas con un agua o un vino. Al final la cuenta eran cinco o seis euros. Mientras tanto, había colas de gente esperando para sentarse", explicaba el propietario del local charro. "Con esos números es imposible mantener un bar a flote".
En otoño ABC se hacía eco de otro caso similar: un bar que exige a su clientela que se gaste al menos cinco euros las jornadas de Liga. De nuevo no es un caso único. Hace no mucho la cuenta 'Soy Camarero' desató la polémica al compartir un cartel en el que un bar anuncia sus tarifas para compensar "los elevados costes de la transmisión de los partidos": si quieres una silla debes pagar diez euros. Si hablamos de una mesa para para cuatro se queda en 30 €, o en 45 si es para seis.
Tirando de imaginación. Lo de la consumición mínima es solo una de las estrategias con las que los hosteleros intentan blindar su rentabilidad. Otras pasan por ajustar el precio de las bebidas en función del tiempo que el cliente ocupe las mesas (a más minutos, más caro sale el café) o incluso vetar a quienes acuden solos a los bares, sin acompañantes. Tampoco es extraño que en los restaurantes españoles las reservas se hagan ya con hora de llegada y salida.
Pendientes de las cuentas. El objetivo es siempre el mismo: mejorar la rentabilidad en negocios que arrastran aún la resaca del COVID y que en los últimos años se han visto marcados por el encarecimiento de los alquileres, las complicaciones para encontrar mano de obra cualificada y el encarecimiento de mercancías como el café o el cacao. A ese panorama se suma la crisis de algunos de los 'productos' más exitosos del sector, como la caña o el menú del día, y la competencia creciente que se ejerce desde otros mercados. A día de hoy por ejemplo Mercadona ya supone un rival a tener en cuenta para los bares.