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Internacional

Enrique Miranda Páez y los cimientos de una buena vida

Artículo Completo 627 palabras

Enrique Miranda

Málaga

Domingo, 15 de marzo 2026, 08:50

... llevaba un tiempo pachucho, pensamos que le vendría bien para despejar la mente aquella caja con cientos de piececitas con las que recrear en el salón de casa el Big Ben y el Puente de la Torre de Londres. Su mentalidad de ingeniero le hacía apreciar mucho los grandes monumentos arquitectónicos y los edificios señoriales, aunque él de lo que realmente sabía era de ingeniería del agua. A poco que le preguntases algo sobre el tema te hablaba de metros cúbicos, abastecimiento, potabilización, desalación, trasvases y conceptos así, de los que más de una vez escribió artículos en este periódico, una vez ya jubilado de la empresa pública Acosol, en la que tan buen recuerdo dejó.

La pieza de la familia heredada le salió buena y la de la familia escogida no se quedó atrás. He intentado aprender, cuando no copiar descaradamente, muchas cosas de mi padre y de mi madre y creo que una de las más valiosas es la de cuidar a los amigos. Porque al final del camino lo más importante, lo único que queda, es la gente que te rodea. No hace falta que los nombre, ellos sabrán perfectamente quiénes son cuando lean estas líneas; un grupo reducido, una especie de cuerpo de élite que ha estado ahí siempre y que son hermanos para mi padre. Que cuando la vida se ha puesto cuesta arriba de verdad, no solo no han dado un paso atrás, sino que han dado dos hacia adelante, como han demostrado estos últimos meses. No hay suficiente agradecimiento para ellos.

La mañana que despedimos a mi padre volvía a jugar el Unicaja tras un paréntesis y lo hubiera dado todo por recibir ese mensaje que siempre me mandaba tras los partidos. El baloncesto terminó gustándole casi por obligación, primero por recorrerse todos los colegios de Málaga los fines de semana cuando éramos niños y, después, por mi etapa profesional en la que seguía más de cerca al club malagueño. Tampoco pudo ser, como te prometí, lo de volver juntos con los niños a la grada del Carpena.

Ahora, pese a la tristeza, al vacío en el pecho, al permanente 'qué hubiera pasado si...', pienso en que firmaría tener una vida ligeramente parecida a la tuya. Cualquiera lo haría. No perderemos ni un minuto de nuestro tiempo en recordarte como un enfermo; pensaremos en ti a los mandos de una paella para 30, en la playa de Chilches con los nietos, jugando al dominó con 'los Tariros', en los encuentros del instituto de Martiricos, peleándote con las clases de inglés del Aula de Mayores de la UMA o haciendo las maletas para el próximo viaje.

Belén, Ito y por supuesto todos los demás nos quedamos más cerca que nunca de mamá. Gracias por todo, papá; te queremos mucho, no habrá día en que no pensemos en ti. Me quedo con la caja de Lego para los niños, que hay que seguir construyendo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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