Con el cuerpo más tranquilo, la atención también descansa. Los entornos naturales permiten que la atención dirigida, la que usamos para leer, estudiar o trabajar, se recupere. Las mediciones muestran un incremento de ondas theta y alfa, mientras que las asociadas al esfuerzo mental disminuyen. El patrón se parece al que surge durante la meditación.
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ArrowFinalmente, el cerebro deja de centrarse tanto en sí mismo. Como señalan los autores, “la rumia mental se calma”. Las redes vinculadas al pensamiento repetitivo reducen su actividad y favorecen una sensación más estable y menos autocentrada.
"Sabemos intuitivamente que la naturaleza se siente bien, pero la neurociencia nos da un lenguaje que da credibilidad para dar forma a las decisiones sobre cómo se considera la naturaleza en la política de salud y los espacios que construimos", dijo la coautora principal Mar Estarellas, investigadora postdoctoral en la División de Psiquiatría Social y Transcultural, Departamento de Psiquiatría de la Universidad McGill, en un comunicado.
El metaanálisis también muestra que bastan tres minutos en un entorno natural para detectar cambios medibles. Aun así, las experiencias frecuentes e inmersivas generan efectos más intensos y duraderos.