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Internacional

Entre la inopia y la inepcia: el riesgo para la seguridad nacional es Sánchez

Entre la inopia y la inepcia: el riesgo para la seguridad nacional es Sánchez
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Nunca un presidente con tanto apego al poder se ha demostrado tan incompetente a la hora de ejercerlo.

Pedro Sánchez, durante su entrevista de este lunes. EFE

Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN Entre la inopia y la inepcia: el riesgo para la seguridad nacional es Sánchez Publicada 1 septiembre 2026 02:37h

Son tantas las veces en las que Pedro Sánchez ha mentido o intentado confundir a los españoles que cuesta creer que alguien esperase de su entrevista de este lunes otra cosa que uno de sus acostumbrados ejercicios absolutorios.

Pero quien todavía confiara de buena fe en que la reaparición del presidente tras sus largas vacaciones arrojase algo de luz sobre la crisis en Ceuta, sólo ha podido quedar defraudado.

El vacilante mensaje que ha trasladado Sánchez ha sembrado más dudas de las que ha despejado.

Tan sólo se ha mostrado tajante para descartar la implicación de Marruecos en el acicate de la avalancha del pasado 30 de julio, en contra de la práctica unanimidad de la opinión pública, casi todos los medios de comunicación y el conjunto del arco parlamentario a excepción del PSOE.

En su afán por buscar enemigos externos a los que culpar de la negligencia de su propio gabinete (con la salvedad del reino vecino, que tan meridianamente ha verbalizado y materializado su hostilidad hacia España), Sánchez ha echado mano del cliché de la "internacional ultraderechista".

Al empeñarse de manera insensata en implicar a Israel en la instigación del asalto a Ceuta, Sánchez ha reincidido en su obsesión por granjearse enemistades gratuitamente en la arena internacional.

La inconcreción de sus palabras y la vaguedad de sus afirmaciones han acrecentado el temor en el gobierno y en la población de Ceuta a que gran parte de los miles de invasores que permanecen en la ciudad autónoma se queden en ella indefinidamente.

Las cifras que ha facilitado Sánchez sobre los inmigrantes varados en Ceuta no sólo son imprecisas, sino que se contradicen con otras que han facilitado otros miembros de su propio Gobierno.

La zozobra del presidente resulta tan palmaria que, según informa EL ESPAÑOL, incluso dentro de su propio partido ha cundido la inquietud, al ver a un Sánchez "bajo de tono" eludir toda autocrítica e incurrir en un patinazo a cuenta del rey Felipe.

Después de tantos meses sustrayéndose a asumir sus responsabilidades políticas, Sánchez se ha encastillado hasta tal punto en su burbuja que ha llegado a instalarse en un mundo paralelo.

Buena prueba de ello es que haya defendido su derecho a irse de vacaciones en mitad de una crisis securitaria y humanitaria, agravando con ello el gesto de displicencia que reflejó su absentismo.

El presidente da síntomas de habitar en la inopia, transmitiendo una sensación de fatiga y de enajenación política.

Y ese ofuscamiento es la explicación más benévola que cabe buscar a sus tropiezos verbales sobre Felipe VI.

El presidente ha aseverado hasta en tres ocasiones que "el Rey lleva reinando más de veinte años". Ha ironizado con que "a algunos se les está haciendo larga mi presidencia", pero se diría que es a él a quien se le antoja interminable el reinado del jefe del Estado. Porque Felipe VI sólo lleva doce años en el trono.

Si Sánchez se ha comparado con el Rey, en un ademán nada elegante e impropio de un jefe de Gobierno, ha sido para reivindicarse por haber visitado Ceuta en repetidas ocasiones, mientras que el jefe del Estado "no ha ido ninguna".

Y por eso la apreciación no puede considerarse anecdótica, pues no puede abstraerse del contexto en que se produce: poco después de que Óscar Puente arremetiese contra el Rey como nunca se ha hecho en democracia por prestarse a una fotografía espontánea con un agitador ultra.

El presidente ha aventurado así un tímido paso más en el experimento de prospección republicana y federal que está barruntando el PSOE. Y, con ello, no hace sino delatar su pulsión vitalicia y presidencialista.

Pero nunca un presidente con tanto apego al poder se ha demostrado tan incompetente a la hora de ejercerlo.

Es inaudito que, más de un mes después de la mayor agresión a la integridad territorial española en años, el presidente del Gobierno no haya sido capaz de aportar ninguna explicación concluyente al asalto, creyendo cumplir el expediente al limitarse a asegurar que el Ejecutivo "sigue investigando".

Y no es menos inadmisible que haya querido ventilar el hecho de que el Estado no pudiera (o no quisiera) hacer nada para evitar una invasión anunciada escudándose en que los servicios de inteligencia no pudieron anticipar la magnitud de la estampida sobre Ceuta.

Bien sea por un error de cálculo o por una deficiente gestión comunicativa, Sánchez está trasladando la peor sensación posible: que no hay nadie al volante en la respuesta a una emergencia sin precedentes.

Y de esa manera hemos llegado a una rocambolesca situación en la que el mayor factor de riesgo para la seguridad nacional es la manera de entender el ejercicio del gobierno del propio presidente.

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    Fuente original: Leer en El Español
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