- COSTAS MOURSELAS Y AMELIA POLLARD
El multimillonario gestor de hedge funds tiene profundas convicciones sobre las finanzas, la filantropía y, cada vez más, la fe.
Es una soleada tarde de abril en Londres y la presencia de Dios se manifiesta en Sir Chris Hohn.
El gestor de hedge funds más exitoso de Reino Unido mantiene una mirada intensa mientras cita a un místico hindú, bañado por la luz que entra a raudales por las ventanas de su oficina en la esquina de Clifford Street en Londres.
"Dios no es un hombre en el cielo con barba blanca", recita Hohn con voz suave, vestido con modestia con un traje de color beige y camisa blanca. "Cierra los ojos y, en la oscuridad, podrás conocer a Dios. Dios es conciencia".
La mayoría de los gestores de hedge funds priorizan los asuntos terrenales sobre los del alma. Pero está claro que no son como Hohn.
Hohn, de 59 años, es quizás lo más parecido en Reino Unido a Warren Buffett, el legendario inversor estadounidense. Su fondo, The Children's Investment Fund (TCI), se ha convertido en el quinto hedge fund más rentable de todos los tiempos. El año pasado generó más beneficios de comisiones que cualquier otra firma. Sin embargo, a diferencia de rivales gigantescos como Citadel y Millennium, que emplean a miles de personas, su fondo ha logrado esto con alrededor de media docena de analistas de élite y un único y todopoderoso gestor de cartera al mando.
Mientras que otros hedge funds de tamaño similar reparten sus apuestas entre miles de inversiones, Hohn ha cimentado su historial de éxito en una serie de colosales apuestas multimillonarias. Actualmente gestiona unos 77.000 millones de dólares repartidos en solo 15 posiciones a nivel global. Su éxito como inversor le ha permitido transformar su fundación benéfica en una de las más grandes de Reino Unido, donando miles de millones a causas de salud pública, el clima y la infancia. Buffett, con quien Hohn habla a menudo, define su trayectoria ante Financial Times como "excepcional".
A Hohn lo mueven profundas convicciones: amigos y antiguos colegas lo describen como un inversor con una confianza extraordinaria en sí mismo, un activista feroz que no teme enfrentarse a directivos rebeldes y un filántropo devoto que el año pasado donó personalmente más de 1.000 millones de libras.
"La mayoría de nosotros vemos el mundo en tonos gris, donde hay tres o cinco factores importantes para una inversión», explica a FT Rishi Sunak, ex primer ministro británico que trabajó en el fondo en el pasado.
"Chris tiene una capacidad increíble para pensar en blanco y negro. Se enfoca en uno, tal vez dos elementos clave que justifican la inversión, y luego tiene la confianza necesaria para sobredimensionar la apuesta hasta convertirla en una parte enorme del fondo", añade Sunak.
Esta certidumbre se extiende desde las finanzas hasta la fe; cuando se le pregunta por las creencias espirituales que lo inspiran, Hohn corrige la premisa de la pregunta. El habla de "saber", en lugar de "creer".
Sin embargo, sus convicciones se están viendo cada vez más a prueba. Los avances en Inteligencia Artificial está impactando en su cartera y desafiando sus mayores participaciones. La mayor inversión de su fondo, una posición de unos 14.000 millones de dólares en el fabricante de motores de aviación GE Aerospace, ha caído en torno a un 7% este año debido al impacto de la guerra de Irán en la industria de las aerolíneas globales.
El fondo acumulaba una caída del 4,3% hasta finales de abril, su peor arranque de año desde 2022. En este contexto, las certezas absolutas pueden empezar a parecer debilidades.
"Muchos de los genios de este mundo están cortados por el mismo patrón", comenta una persona que lo conoce bien. "Creen que ven cosas que nadie más ve. Cuando apuestas en la dirección correcta y el mercado te acompaña, eres invencible. Pero cuando las cosas salen mal... también pueden salir terriblemente mal. Ese es el principal peligro", explica.
En una serie poco común de entrevistas Hohn afirma no estar preocupado por el rendimiento del fondo, y señala periodos anteriores en los que acciones clave de la cartera cayeron a la mitad antes de multiplicar su valor por tres. Asegura que quiere lo mejor para sus inversores, pero añade que "no los controlamos". Si deciden retirar su dinero, "¿por qué iba a lamentarme? Quizás me vaya mejor".
Sostiene que es una insensatez afirmar que los inversores concentrados están destinados al fracaso, y cita a su héroe como ejemplo: "El inversor concentrado más famoso es Warren Buffett. Cualquiera que conozca su trabajo sabe que hablaba con frecuencia de la inversión concentrada y nadie cuestiona su genialidad".
Intuición e inversión
Aunque el estilo de inversión de Hohn y su compromiso con la beneficencia puedan llevar a compararlo con Buffett, los dos tienen caracteres totalmente distintos.
Mientras que el llamado Oráculo de Omaha es famoso por su encanto campechano y su culto a la personalidad, Hohn mantiene un perfil más bajo. En persona, puede ser locuaz en un momento y arisco al siguiente. Cuando se siente desafiado, habla con rapidez, terminando a menudo las frases con preguntas: ¿sabes?, ¿me sigues? Pero cuando habla de Dios o de la caridad, su ritmo se frena y se vuelve más suave, más pausado.
En las seis horas de entrevistas con FT, repartidas en varios días, se muestra especialmente reservado sobre sus orígenes y responde con frases cortas y cortantes.
Sus padres eran jamaicanos que emigraron a Reino Unido y se crió en Addlestone, Surrey. Su infancia fue monótona. Eran "muy pobres", recuerda, y él sintió la "obligación de ayudar". Cuando se le pregunta si admiraba a algún miembro de su familia, responde con un rotundo "no". "La escuela y la universidad fueron una vía de escape".
Se graduó en la Universidad de Southampton con matrícula de honor en economía y contabilidad, y posteriormente estudió en la Escuela de Negocios de Harvard, donde conoció a Jamie Cooper, que se convertiría en su primera esposa.
Al aceptar un trabajo en el hedge fund Perry Capital, Hohn albergaba la aspiración de amasar una fortuna, algo que al principio descolocó a Cooper. Sin embargo, le explicó su deseo de utilizar esos fondos previstos para aliviar el sufrimiento ajeno, una determinación que nació en parte tras un viaje a Filipinas donde vio a niños viviendo en la pobreza.
Cuando Hohn fundó The Children's Investment Fund en 2003, vinculó de forma obligatoria las donaciones filantrópicas a una fundación hermana que gestionaría Cooper en los propios estatutos fundacionales de la firma (ahora realiza las donaciones de forma discrecional).
Sus primeros años fueron muy rentables. Generó rendimientos del 42%, atrayendo un interés abrumador por parte de los inversores.
Al igual que Buffett, Hohn se centra en grandes empresas con ventajas competitivas sólidas que les permiten resistir a la competencia. Además, mantiene sus posiciones durante una media de nueve años, un plazo más propio de una firma de capital privado que de un inversor. Sin embargo, a diferencia de Buffett, Hohn rechaza una amplia gama de sectores, incluyendo bancos, empresas de servicios públicos, medios de comunicación y aseguradoras.
Hohn afirma que quizás existan poco más de 200 empresas en el mundo en las que valga la pena invertir y que, debido a las incertidumbres provocadas por la IA y el cambio climático, esa cifra va disminuyendo.
Aquellos primeros días, las exigencias de Hohn para generar rendimientos y financiar la fundación pasaron factura al equipo que ayudaba a generar esos beneficios, según recuerdan ahora algunos de ellos.
"Era completamente insaciable, con una determinación implacable que jamás he vuelto a ver en nadie... era demoledor. Pero hizo muy ricos a todos los que trabajaron con él", comenta un ex empleado.
Para Hohn, la métrica clave para cualquier empresa es el poder de fijación de precios, valora mucho la capacidad de aplicar aumentos de precios. No se deja deslumbrar por crecimientos estratosféricos de ingresos como otros inversores.
"A Chris le gusta comprar monopolios u oligopolios globales", afirma Ben Walker, analista de TCI.
Su estilo de inversión también se explica, en parte, por su deseo de control. Al igual que Buffett, se considera un "propietario" de sus acciones en lugar de un mero especulador, y es desde esa mentalidad desde la que actúa como inversor activista para defender sus intereses en una compañía.
Por ejemplo, a Hohn no le gusta operar en corto porque el inversor al otro lado de la apuesta puede reclamar sus acciones en cualquier momento y materializar una pérdida. Además, los vendedores en corto pueden verse atrapados en una situación en la que los inversores se coordinan para comprar en masa las acciones contra las que se está apostando, obligándolos a cerrar la posición con pérdidas.
"No me gusta dejar mi destino en manos de otras personas", afirma.
Bajo ese prisma, su atípica cartera empieza a cobrar más sentido. El núcleo de la misma está compuesto por un 31% en infraestructuras, que incluye dos compañías ferroviarias canadienses, la empresa española Ferrovial y la constructora francesa Vinci.
"Ferrocarriles, autopistas de peaje, aeropuertos, torres de telefonía móvil", recita Hohn rítmicamente, haciendo hincapié en cada categoría.
Es casi imposible que los rivales reúnan el capital o justifiquen un plan de negocio para construir una nueva autopista o vía de tren junto a una ya existente, o que obtengan las aprobaciones regulatorias para un nuevo aeropuerto.
"¿Va a poder la IA competir con una autopista de peaje... o con un aeropuerto? Probablemente no", sostiene Hohn. "Tanto si un coche eléctrico circula por una carretera como si lo hace uno de gasolina, no cambia nada".
Es probable que la inversión más característica de Hohn sea su participación en GE Aerospace. Ha colocado el 18% de la totalidad de su fondo (unos 14.000 millones de dólares) en este único valor, una posición de tal magnitud que apenas tiene precedente en la industria de los hedge funds. ¿Qué lógica puede haber detrás una apuesta de tal envergadura?
"Las aerolíneas son un sector muy competitivo: miles de compañías, muchos nuevos competidores; pero en motores de avión no ha entrado un solo competidor nuevo en 50 años", mantiene.
Los diseñadores y constructores de aviones pueden tardar una media de 20 años en invitar a los fabricantes de motores a presentar ofertas, aclara, lo que reduce aún más las oportunidades para un competidor potencial. E incluso si lo intentaran, les preocuparía que un nuevo rival con motores más baratos pudiera presentar fallos que solo se conocerán tras años de uso.
"Así que la respuesta a la pregunta es que estudiamos muy de cerca las barreras de entrada", concluye.
Antiguos empleados aseguran que Hohn no se vincula emocionalmente a las acciones, por muchos años que lleve invertido en ellas, lo que le otorga la flexibilidad necesaria para vender rápidamente si considera que el planteamiento original ha cambiado.
Hasta hace poco, por ejemplo, el fondo mantenía una posición de 8.000 millones de dólares en Microsoft, basada en la tesis de que la empresa tenía un dominio inigualable en el sector corporativo con un paquete de servicios muy rentable (como Office y Teams) con el que a las start-ups como Zoom casi no podían competir.
Sin embargo, el goteo constante de herramientas de productividad de la empresa de IA Anthropicha sembrado dudas sobre su dominio en este espacio. Para Hohn, la situación había cambiado. Este año, liquidó la totalidad de la posición del fondo.
"Chris no tontea con las acciones. O va con todo, o está fuera", afirma John Armitage, del hedge fund Egerton, uno de los gestores más rentables de todos los tiempos y antiguo mentor de Hohn.
"Soy un tipo bastante directo"
La convicción que convierte a Hohn en un inversor comprometido también lo convierte en un activista temible.
Su primer gran trofeo, cuyas crónicas periodísticas aún conserva enmarcadas en su oficina, fue la destitución en 2005 de Werner Seifert, consejero delegado de la bolsa alemana Deutsche Börse. Un escarmentado Seifert escribió más tarde un libro sobre la campaña sin cuartel de Hohn, titulado La invasión de las langostas.
Hohn se ha hecho famoso por soltar frases contundentes al inicio de las reuniones con sus objetivos, porque "no puede evitarlo", según una persona que lo conoce.
Por ejemplo, hace unos seis años se reunió con Rajeev Misra, entonces CEO del Vision Fund de SoftBank, para hablar sobre la financiación concedida a la fraudulenta empresa alemana de pagos Wirecard. Por aquel entonces, TCI mantenía una posición corta, algo poco común, contra Wirecard. Antes de decir nada más, Hohn le dijo a Misra: "Lo que habéis hecho es una auténtica tontería", según una persona que asistió a la reunión.
"Soy una persona bastante directa. Creo que hicieron algunas inversiones imprudentes", reconoce Hohn, cuando FT relata la anécdota.
Varias personas cercanas a Hohn afirman que, aunque parece tener una gran inteligencia, puede tener dificultades en las relaciones interpersonales. "No se rige por las normas sociales tradicionales, no le importa ofender a la gente", dice un exempleado.
Hohn refuta esta idea durante una llamada con su segunda esposa, Kylie. "¿Se habían dado cuenta de que es neurodivergente?", pregunta ella. "No me considero neurodivergente", responde él. "Vale", contesta ella.
En cambio, Hohn se describe a sí mismo como alguien "fuera de las normas tradicionales", como "acumular dinero".
En 2005, TCI lideró una campaña para destituir al presidente y al CEO del grupo bursátil alemán Deutsche Börse.
La dimisión de ambos y el nombramiento de cuatro consejeros independientes para "reflejar mejor la estructura accionarial actual de la empresa" supuso la primera gran victoria de TCI como fondo de inversión activista.
La campaña causó revuelo en un sector financiero poco receptivo a los activistas. El CEO destituido, Werner Seifert, acabó escribiendo un libro sobre su experiencia.
También cabe mencionar la campaña activista para desmantelar el banco holandés ABN Amro en la antesala de la crisis financiera de 2008. La adquisición resultante —en aquel momento la mayor operación bancaria de la historia— reportó 1.000 millones de dólares al fondo. Sin embargo, este desembolso acabó costando miles de millones al contribuyente británico, ya que las posiciones hipotecarias tóxicas acabaron provocando la quiebra del Royal Bank of Scotland, principal comprador del consorcio ABN Amro.
"En los últimos 20 años he aprendido que es mejor encontrar una gran empresa bien gestionada y gobernada que intentar encontrar una mala empresa y cambiar la dirección o venderla", afirma Hohn.
"La crisis financiera y el divorcio fueron mis momentos más oscuros. Pero la evolución surge del sufrimiento", comenta ahora.
Las personas del entorno de Hohn aseguran que se ha moderado mucho en los últimos años, algo que se evidencia en parte por la antigüedad de su equipo de analistas, que tiene una media de 14 años.
Cuando se le pregunta si es un jefe exigente, responde: "Creo que en mis comienzos como inversor, sí lo era. Tenía el deseo de ser el mejor. Ese deseo sigue vigente hoy en día. Pero diría que he cambiado mucho en los últimos 10 años".
Espiritualidad
La inclinación de Hohn hacia lo trascendental surgió gracias a su segunda esposa, Kylie, una académica formada en Harvard con un doctorado en lenguas eslavas a quien conoció en 2018. Hohn cree que no solo lo ha convertido en una mejor persona, sino también en un mejor inversor.
"Cuando la conocí, me preguntó: ¿Qué sabes sobre la consciencia? No le dije absolutamente nada. Me entregó un montón de libros y me dijo: ¡Pues será mejor que empieces a aprender!"
Añade que, por las experiencias que han compartido, sabe que han tenido "vidas pasadas juntos". En una entrevista, Kylie lo confirma. "En nuestra tercera cita, empezó a saltar por la habitación y me dijo: "Tengo la sensación de que te conozco de antes".
Hohn, uno de los filántropos británicos más generosos y prolíficos a través de su fundación, ha centrado recientemente su filantropía en causas espirituales. Cofundó junto con su esposa LightEn, que según él es la única organización benéfica de Reino Unido dedicada a la formación espiritual. Los informes anuales de los tres primeros años de funcionamiento de la fundación, desde 2023, muestran que TCI aportó a ella 29,3 millones de libras.
La organización cuenta con dos centros. Uno de ellos, que ya está en funcionamiento, se encuentra en Mallorca. El otro se está construyendo en un terreno de más de 195 hectáreas de exuberante vegetación en Carolina del Norte y Kylie Hohn espera que entre en funcionamiento el año que viene: "Estámos sembrando muchas semillas de cambio, pero a través del amor y la conexión con la esencia más elevada de nosotros mismos".
En última instancia, los Hohn desean ayudar a las personas a conectar mejor con su alma, lo que según ellos incrementaría la empatía entre los seres humanos y, con suerte, el fin de las guerras. "La humanidad va por mal camino y el estado de conciencia del mundo no es el que debería ser. Necesitamos elegir la paz, no la guerra. Necesitamos elegir el amor, no el odio", señala Chris Hohn.
Amigos de Hohn afirman que es mucho más feliz desde que conoció a Kylie y dio un giro espiritual, aunque tengan que soportar sus largas charlas sobre temas espirituales.
La Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID) agradeció a Hohn en 2022 por haber ayudado a recaudar 530 millones de dólaresen dos meses para combatir la desnutrición infantil.
La Fundación Fondo de Inversión para la Infancia (CIFF) apoya iniciativas para abordar el cambio climático, la salud sexual y reproductiva, la desnutrición y otras áreas. La CIFF otorga subvenciones plurianuales a diversas causas, en lugar de realizar una única donación anual.
Hohn afirma que la fundación tiene una firme convicción en las áreas que elige, al igual que sus inversiones, y añade que asume riesgos con ayudas que los gobiernos no suelen conceder. Según él. Su estrategia es "a largo plazo, concentrada y comprometida".
Sin embargo, la dedicación de Hohn a la espiritualidad y sus históricas donaciones a causas como el cambio climático pueden parecer contradictorias con su labor de maximizar beneficios como inversor en hedge funds.
Por ejemplo, sus inversiones en Safran, GE y Airbus apoyan indirectamente a empresas que contribuyen al rearme de algunos países. Tras ser uno de los inversores más combativos contra el cambio climático hace unos años, obligando a las empresas a establecer planes climáticos, más recientemente se ha abstenido de presionar públicamente a sus compañías para que adopten medidas aún más contundentes.
Hohn admite que se enfrenta a este dilema y afirma que su hijo también: "Mi mentalidad siempre ha sido maximizar los beneficios y donar el dinero a causas benéficas. La caridad puede tener mayor influencia con más dinero".
Sin embargo, lo relaciona con su trabajo de difusión de la espiritualidad, añadiendo que quizás esta distinción no sea necesaria: "Creo que necesitamos avanzar hacia un mundo con inversores más conscientes, que digan que parte de su cartera puede destinarse a generar ganancias pero otra parte debe destinarse a generar un impacto positivo en el mundo".
Un horizonte infinito
Hohn afirma que su perspectiva espiritual lo ha convertido en un mejor inversor, ya que "aunque el análisis es una parte de la inversión, la intuición es otra".
Pero sigue siendo igual de exigente. Hace poco amenazó con que cada director de la española AENA sería responsable si no aumentaba suficientemente las tarifas aéreas.
Y su carácter inflexible perdura. El fondo mantiene posiciones importantes en las agencias de calificación S&P y Moody's, que representaban el 17% de su cartera a finales de marzo, y en Visa, que representaba el 13%. Todas han sufrido pérdidas este año, ya que los inversores cuestionan su viabilidad en la nueva era de la inteligencia artificial.
Sobre las agencias de calificación, afirma que la verdadera inversión reside en la confianza. "Los inversores deben confiar en las agencias de calificación, los emisores deben confiar en ellas, las autoridades deben confiar en ellas. Toda esta deuda está en manos de aseguradoras, fondos de pensiones y bancos y se necesita una única fuente de confianza. Buffett me dijo sobre Moody's: si la crisis financiera no acabó con ella, nada lo hará. Me hizo prometer que si alguna vez vendíamos nuestras acciones en Moody's, nos las venderíamos entre nosotros".
Sin embargo, ha llegado a una etapa en la que las pérdidas le duelen menos que antes. Aproximadamente 12.000 millones de dólares del capital del fondo son suyos y, en consecuencia, le preocupa mucho menos perder a sus inversores si se produce una caída de la rentabilidad como la de 2008.
Incluso si su rentabilidad cayera del 20% anual al 10%, en siete años duplicaría su dinero hasta superar los 20.000 millones de dólares. "Si los inversores dicen que la gestión activa está muerta o que no lo hemos hecho bien, no importa. Si generas 20.000 millones de dólares con una rentabilidad anual del 10% o el 15% es más dinero del que puedo destinar a la caridad". Hohn no acumula yates ni casas de veraneo como otros multimillonarios; conduce un Toyota Prius y usa un reloj de plástico barato.
Una vez más, cita a una figura conocida para poner su futuro en perspectiva: "Cuando Warren Buffett invirtió en Coca-Cola, le preguntaron si era una inversión arriesgada. Respondió que dependía del horizonte temporal. Con mi capital en el fondo, puedo tener un horizonte temporal infinito".
Quizás lo diga literalmente. Varias veces en nuestras conversaciones habla de la reencarnación. La vida después de la muerte es otra de sus convicciones.
Una tarde de viernes de abril, en una conversación con Chris y Kylie aborda sus planes para difundir la espiritualidad a través de su organización benéfica y sus escuelas.
Me pregunta sobre mis creencias: "¿Acepto que es la conciencia o el alma lo que me da la vida y que abandonará mi cuerpo cuando muera?".
Tras admitir con cierta timidez que no estoy seguro, Hohn se ríe. "Reflexiona sobre la diferencia entre alguien que está vivo y alguien que está muerto", me dice. Acto seguido, cuelga el teléfono bruscamente.
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