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¿Es cierto que los pulmones se regeneran al dejar de fumar?

¿Es cierto que los pulmones se regeneran al dejar de fumar?
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Aunque el daño acumulado a veces no se elimina por completo, estudios y expertos confirman la reparación de las células respiratorias, claves para evitar infecciones o cáncer de pulmón
¿Es cierto que los pulmones se regeneran al dejar de fumar?

Aunque el daño acumulado a veces no se elimina por completo, estudios y expertos confirman la reparación de las células respiratorias, claves para evitar infecciones o cáncer de pulmón

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Silvia Osorio

30/05/2026 Actualizado a las 00:41h.

El tabaco se cobra cada año la vida de 6 millones de personas en todo el mundo, una cifra que, según las previsiones, se disparará ... hasta 8 en 2030. Fumar es uno de los principales factores de riesgo de enfermedades respiratorias crónicas, cáncer o afecciones cardiovasculares. El mero consumo de un cigarrillo al día fomenta la aparición de diabetes y descontrola el colesterol, según los estudios del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo. Dejar el pitillo no es, ni mucho menos, tarea sencilla. Se trata de un proceso no exento de piedras en el camino, que a muchas personas se les hace cuesta arriba por la adicción que causa la nicotina y otras sustancias nocivas para la salud. Pero quien supera el mono y consigue el objetivo, gana, literalmente, vida.

«Abandonar el tabaco es la decisión más saludable que un fumador puede tomar en su vida. Los pulmones son el órgano que más afectado se ve por el consumo de tabaco, pero su capacidad regenerativa es potente y se inicia de forma rápida», señala Carlos Jiménez, neumólogo y miembro del área de Tabaquismo de la Sociedad España de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).

¿Qué le pasa a los pulmones cuando alguien deja de fumar? En 2021, en un estudio del Instituto Wellcome Sanger y University College de Londres (UCL), científicos descubrieron que las personas que habían abandonado el tabaco tenían una proporción hasta cuatro veces mayor de células pulmonares genéticamente saludables que los fumadores, por lo que tenían un riesgo menor de padecer cáncer de pulmón. El especialista explica que la sustancia tóxica del humo del cigarro daña el genoma de las células del epitelio respiratorio (las células pulmonares), lo que hace que en las mitosis de esas células aparezca una atípica, que es la primera célula tumoral y puede derivar en un cáncer de pulmón. «En aquellas personas que han dejado de fumar, el número de células con daños en el genoma se reduce en comparación con los que siguen enganchados, ya que continúan expuestos a las sustancias tóxicas del humo del cigarrillo, fundamentalmente las nitrosaminas, que tienen una altísima capacidad de producir lesiones en el genoma».

Daño previo

En lo estrictamente fisiológico, las estructuras parecidas a vellos pequeños que eliminan el moco de los pulmones (los cilios) empiezan a recuperar su función normal, lo que aumenta la capacidad para controlar las mucosidades y limpiar los pulmones. Cuando dejan de recibir humo, vuelve a aparecer ese moco que en los fumadores se vuelve más pastoso o, que simplemente, van dejando de producir y que resulta clave para expulsar cualquier sustancia tóxica que entre en el organismo –ya sea de un cigarro o de cualquier otro factor medioambiental–, evitando la entrada de gérmenes y bacterias que pueden producir enfermedades como la neumonía. Por eso, las personas que prescinden el tabaco empiezan a notar que expectoran con más frecuencia. Esta tos no debe ser motivo de preocupación. Al contrario: «Señala que sus células bronquiales están recuperándose y produciendo un moco fluido y las sustancias tóxicas empiezan a salir mucho mejor. En un mes esto empieza a verse claramente».

Esta explicación científica se traduce en que solo dos semanas después de apagar el último cigarrillo, el fumador nota un incremento de su capacidad para practicar ejercicio físico, ya que mejoran sus niveles de oxigenación y su capacidad respiratoria. Asimismo, pasados entre dos y tres meses, se empieza a reducir el riesgo de cáncer de pulmón y de EPOC.

Otra cosa es que las probabilidades sean las mismas que las de una persona fumadora. «En el caso de la EPOC, el riesgo se iguala al de un sujeto que nunca ha fumado después de 12-15 años sin fumar, y en el del cáncer de pulmón, 20-25 años», precisa el doctor Jiménez. Cabe recordar, además, que el 90% de los pacientes desarrolla cualquiera de estas dos graves enfermedades han sido o son fumadores, de forma que «si en el mundo no se fumara, ambas serían una rareza», destaca el experto en tabaquismo.

La reparación pulmonar depende, sin embargo, de aspectos intrínsecos como la edad y su capacidad genética. También del daño previo. «Quien ha fumado 4 años va a tener una capacidad regenerativa más rápida y más potente que uno que lleva 40». No obstante, quien acumule décadas enganchado a la nicotina, aunque menor, también tendrá capacidad regenerativa. «Por mucho tiempo que lleves fumando, tus células respiratorias tienen capacidad de recuperación. El dicho de 'nunca es tarde si la dicha es buena' va perfectamente para dejar de fumar», zanja el doctor Jiménez.

La clave para abandonar el tabaco: acude a un profesional

El neumólogo Carlos Jiménez asegura que para dejar de fumar la clave pasa por acudir a un profesional médico. El tabaquismo es una «enfermedad adictiva y el fumador es un enfermo». Por eso, debe recibir un «tratamiento específico siempre suministrado por un profesional médico». El facultativo realizará una historia clínica del paciente, analizará su nivel de adicción, le hará seguimiento y le proporcionará asesoramiento psicológico. Aunque la motivación personal juega un papel muy importante, fiarse de la voluntad de uno mismo o recurrir a métodos express no sirven para mucho. «Sin ayuda profesional, de cada 100 veces que alguien intenta dejar de fumar, tiene 10 posibilidades de éxito. Acudiendo a un médico, se multiplican por cuatro: ascienden a 40», arguye el especialista en base a estudios científicos.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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