Imagen de archivo de un colegio madrileño el día de vuelta a las clases. Europa Press
Protagonistas ¿Es sexista el recreo o deben respetarse los juegos 'de toda la vida'? El fútbol en el colegio, a debate con los expertosDocentes, urbanistas y entrenadores reflexionan sobre la tendencia de los patios inclusivos y cómo evitar que las alumnas se descuelguen del deporte.
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Elena Pérez Publicada 22 septiembre 2026 05:00h SíguenosHabrá quien recuerde la polémica en la que la isla de Ibiza se vio envuelta el pasado mes de febrero. No tenía que ver con corrupción, ni con la crisis de la vivienda o la gestión de residuos. Los protagonistas, en realidad, eran los niños, pero quienes pusieron el grito en el cielo fueron sus mayores. Y todo por la posibilidad de que se quedaran sin el deporte rey en los recreos.
En resumidas palabras, Unidas Podemos Baleares presentó una iniciativa en dos ayuntamientos, el de Santa Eulària des Riu y el de Sant Antoni de Portmany, para reorganizar el espacio que ocupan los campos de fútbol, que representan "hasta el 80%" del patio de la escuela, rezan los textos, y son usados más "por ellos, mientras ellas quedan en los márgenes".
Mucho se especuló sobre aquello. La formación morada aseguraba que "esta distribución refuerza desigualdades y limita el acceso equitativo al juego y al espacio público desde la infancia" pero, lejos de lo que planteaban algunos titulares en el momento, no pedía acabar con el fútbol en los colegios ni abogaba por ninguna prohibición.
Informe PISA: España saca los peores resultados de su historia en Ciencia, Lectura y 'Mates' tras la reforma educativa de SánchezLo que propuso, en resumidas palabras, fue reorganizar el uso de los patios "eliminando la centralidad de estos campos y fomentando espacios de juego polivalentes, mixtos e inclusivos". En el primer municipio mencionado, donde gobierna el PP, fue aprobada. En el segundo, se topó con un 'no'. Mientras tanto, en las redes creció el debate.
Volviendo a la actualidad, septiembre es el mes de la 'vuelta al cole' para más de ocho millones de pequeños españoles, pero la forma en que estos se divierten difiere dependiendo del centro en el que estudien. Por ejemplo, en la propia Ibiza, EFE informaba a principios de año de que al menos 20 centros educativos de la isla ya regulan o prohíben el fútbol en sus patios.
Pero no son los únicos, ya que este fenómeno se extiende por toda España: en 2026, hay escuelas que apuestan por el 'día sin balón'. Otras dividen los días de la semana con distintas actividades, reservando uno al fútbol. También están las que insisten en que se formen equipos mixtos, de la mano de profesores atentos a que se cumpla este criterio.
Imagen de archivo de un patio de colegio español. Europa Press
A veces estas medidas son bien acogidas por las comunidades educativas, pero otras chocan con el desacuerdo de padres que consideran que los juegos de toda la vida deberían respetarse y que más convendría buscar otras maneras de integrar a chicos y chicas en el mismo espacio. Ahora bien, ¿eso cómo se logra?
Maestro Armero, profesor de Educación Física y divulgador en redes bajo este alias, considera que el debate no debería plantearse como "fútbol sí o fútbol no", sino preguntándose "cómo conseguimos que el recreo siga siendo un espacio libre y, al mismo tiempo, garantizamos que todos los alumnos puedan disfrutar de él".
Hace meses, el docente se hizo eco de la noticia de El diario vasco sobre un colegio público, el Celestino Montoto de Pola de Siero, habría prohibido jugar a este deporte. El post se llenó de comentarios. "Totalmente de acuerdo, fuente de conflictos innecesarios", "en mi cole cada día le toca a una clase" o "prohibir no es la solución" decían algunos.
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Al consultarle su opinión, el especialista ve necesario partir de la "idea fundamental" de que el recreo debe ser, ante todo, un espacio de tiempo libre para el alumnado. "Debemos proporcionar al alumnado conocimientos y experiencias sobre una gran diversidad de actividades que pueden realizar en su tiempo de ocio", afirma.
Ahora bien, "una cosa es ofrecerles ese abanico de posibilidades y otra decidir después a qué tienen que jugar. Debemos permitirles elegir libremente", expresa. Y reconoce no ser "demasiado partidario de convertir el recreo en otra actividad programada por adultos. El juego, por definición, debería tener un componente de libertad y espontaneidad".
A priori, respetar por completo este criteriopodría implicar entrar en conflicto con los "patios dinámicos" que, con la intención de hacer los recreos más inclusivos, "terminan en ocasiones dirigiendo demasiado lo que hacen los niños". Sin embargo, XXX reconoce que "hay escuelas donde los metros son limitados y la pelota puede terminar ocupándolo todo".
Los expertos ante el veto de las redes a menores de 13 años que persigue la UE: "No bastará para mejorar la educación"Esa "tiranía del fútbol", dice, puede provocar que otros alumnos que deseen divertirse de otras formas no encuentren lugar para hacerlo. "En esos casos sí creo que tiene sentido establecer determinadas medidas, como los días sin balón, distribuir las zonas del patio o garantizar espacios para diferentes actividades", concede.
Al respecto tiene mucho que decir Adriana Ciocoletto, urbanista de Col·lectiu Punt 6, una cooperativa de trabajo asociada que promueve el urbanismo feminista e interseccional. En colaboración con la cooperativa Vira, la entidad ha publicado Patios coeducativos, una guía para transformar los espacios educativos con perspectiva de género.
La elaboración del documento partió, por un lado, de una inquietud personal: el hijo de una de las profesionales de Punt 6 estaba experimentando problemas de inclusión en una escuela donde la actividad dominante era el deporte rey. Por otro, en lo profesional, de que las profesionales conciben "el patio escolar como un espacio público", dice.
"Es el primer punto de socialización de las criaturas y, aunque se entiende como uno libre, su diseño no es neutro y genera jerarquías", añade. La profesional asegura que, si bien en Europa existen otros modelos, los colegios españoles suelen caracterizarse por estar diseñados con una pista de fútbol que ocupa la mayor parte de la zona pavimentada.
"Esto hace que una minoría, principalmente niños varones y de los mayores, a partir de 4º o 5º de Primaria, ejerzan roles de poder", valora la urbanista, convencida de que estas dinámicas acaban reproduciendo los valores machistas y patriarcales que tenemos en nuestra sociedad. "Lo que está en la calle lo traemos al patio", subraya.
Para revertir estas dinámicas, la guía invita a abordar las exclusiones "no sólo por razones de género, sino también considerando la diversidad cultural, funcional, etc." y plantea un cambio estructural en la concepción del suelo escolar, aprovechando también el espacio que suele quedarse desaprovechado y sin propuestas que inviten al juego.
Para exprimir al máximo cada metro disponible, la metodología articula una estrategia de reequilibrio dividida en tres áreas diferenciadas e interconectadas: la tranquilidad e intimidad, el movimientoy la psicomotricidad, y la naturaleza con la experimentación.
La primera busca diversificar el ejercicio físico (con el fútbol y más allá del mismo), mediante rocódromos horizontales, troncos y otras instalaciones. La segunda es el área de tranquilidad, diseñada para alojar dinámicas más calmadas y dar valor al cuidado y a la conversación a través de "bibliopatios", mesas de pícnic o tarimas para juegos de mesa.
Por último, el espacio de naturaleza y experimentación recupera la vegetación, los areneros y la tierra, funcionando además como refugio climático y permitiendo un contacto directo con el entorno natural.
Esta reorganización se materializa en centros como la Escuela Drassanes de Barcelona, donde hicieron de un patio infrautilizado una zona equipada con rocódromo, mesas de experimentación y tarimas geométricas. También la Baró de Viver aprovechó zonas arboladas para instalar cabañas e implantar días de libre circulación entre cursos para cuidar la convivencia.
Pero la experta deja claro que el rediseño del mapa no lo es todo. "Las transformaciones físicas por sí solas no funcionan si no se acompañan de un cambio en las dinámicas y en la mediación del mundo adulto", advierte Ciocoletto. Por ello, la fórmula combina la optimización del espacio con otras medidas dirigidas a desterrar estereotipos.
La 'vuelta al cole' reabre el debate sobre la organización de los espacios de ocio en las escuelas. iStock
Esta corriente de transformar el patio no se limita al ámbito catalán o a los debates políticos insulares, sino que se extiende por diversas comunidades. En Madrid, por ejemplo, numerosos colegios públicos se han integrado en un plan de Patios Inclusivos, donde las soluciones adoptadas pueden variar en función del proyecto pedagógico y la sensibilidad de cada centro.
En el CEIP Francisco de Quevedo, en Alcalá de Henares, el enfoque del equipo docente no pasa por la restricción ni por la eliminación de deportes tradicionales, sino por la convivencia de usos. María Teresa Padilla Gómez, directora del centro, explica a esta revista que el recreo debe entenderse como "mucho más que un periodo de descanso entre clases".
Lo define como un espacio donde los niños aprenden "a tomar decisiones, a gestionar conflictos, a compartir, a ganar y a perder, y a encontrar su lugar dentro del grupo". A partir de ahí nace el programa: "Partimos de la idea sencilla de que no todos nuestros alumnos disfrutan de la misma manera y no todos hallan su espacio en los juegos que dominan el patio".
Frente a la controversia del veto al balón, el centro aboga por diversificar la oferta para dar cabida a perfiles con intereses distintos: "No creemos en un patio sin fútbol o sin baloncesto. Son actividades que demandan, disfrutan y forman parte de su experiencia escolar. Lo que creemos es que no pueden ser la única forma de entender el recreo", señala Padilla Gómez.
La escuela aposta por la rotación de las pistas, "de manera que no sean siempre los mismos grupos los que usan determinados espacios. Así se logra que todos tengan la oportunidad de practicar diferentes actividades. Es una cuestión de organización, pero también de equidad: que los lugares comunes sean realmente comunes", explica.
Por otro lado, también destaca la existencia de una liga interna de fútbol en la que los propios alumnos mayores "ayudan a los pequeños a conocer las reglas, participan en la organización y arbitran los partidos", prosigue. De esta forma, el deporte rey se convierte en una herramienta para "trabajar el respeto a las normas, la responsabilidad y el juego limpio".
Igualmente, subraya la directora, el colegio ha querido dar un paso más este curso y ha conectado el plan con el alumno mediador, que "tiene una función de observación y acompañamiento". Esta figura, explica, "está atento de los compañeros que pueden encontrarse solos o en dificultades para integrarse, regular su conducta o gestionar sus emociones".
En definitiva, "lo que pretendemos es ofrecer otra manera de jugar, de relacionarse y de entender el recreo: un patio en el que quepan todos, en el que haya espacio para el deporte y para la calma, para la competición y para la cooperación, para el juego espontáneo y para descubrir nuevas aficiones", concluye la máxima representante del centro.
¿Orientar o dar vía libre?
Alrededor de esta cuestión se exponen dos visiones pedagógicas en constante diálogo: por un lado, están quienes defienden el descanso escolar como un tiempo de autonomía no intervenido por adultos; por otro, los que argumentan que un patio poco diverso puede invisibilizar las necesidades del alumnado menos competitivo o con distintas capacidades.
Esta perspectiva cobra especial atención al observar las cifras sobre convivencia en los colegios: según el VIII Informe sobre Acoso Escolar de la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación ANAR, el 14,1% del alumnado en España afirma que él o alguno de sus compañeros sufre bullying, un repunte frente al 12,3% del periodo anterior.
Para los defensores de los patios dinamizados, diversificar las propuestas y supervisar los flujos del espacio ayuda a eliminar los puntos ciegos donde suele cebarse el aislamiento. Por el contrario, diversos sectores docentes y familias muestran desacuerdo ante intervenciones susceptibles de convertir el tiempo de ocio en una actividad programada más.
Un grupo de niños y niñas entrando al colegio. Álex Zea Europa Press
La brecha deportiva
Uno de los aspectos donde se cruzan tanto las teorías de diseño espacial como las reflexiones de la educación física es el acusado descenso de la práctica deportiva en las chicas al aproximarse a la preadolescencia. El 70% se descuelgan entre los 12 y los 16 años, según un estudio publicado en 2024 por el Observatori Català de l'Esport del INEFC
Si bien en las primeras etapas de Educación Primaria la ocupación de los espacios de movimiento suele ser más compartida, con la llegada de la pubertad se observa de forma recurrente una mayor presencia masculina en las pistas centrales y un repliegue de las alumnas hacia actividades sedentarias o zonas perimetrales.
A la hora de analizar las causas de este distanciamiento, las lecturas ofrecen múltiples matices. R.S., técnico deportivo con más de 30 años de trayectoria en la gestión de clubes, señala que este fenómeno responde a una amalgama de condicionantes académicos, familiares y culturales.
"En las niñas influye mucho el entorno familiar o la educación que haya recibido. No es lo mismo si es algo más 'abierto' y con enfoque igualitario que una referencia más tradicional donde hay otras prioridades en cuanto a la formación. Algunas llegan a no querer competir por vergüenza, incluso", explica.
A su juicio, trabajar la multideportividad en etapas tempranas ayuda a equiparar las habilidades motrices básicas antes de que se acentúen las diferencias: "Tenemos que pelear precisamente para que esos clichés de género, que muchas veces se siguen inculcando en casa, desaparezcan. Una cosa es ser diferente y otra que haya una desigualdad".
La cosmeticorexia: la adicción a las rutinas de 'skincare' llega a niñas y adolescentesA los factores socioculturales se suman también los cambios biológicos y el secretismo que aún rodea a la anatomía femenina en la pubertad. Cristina Calado, entrenadora de natación, apunta a la incidencia de la menstruación y a la presión académica. "Ese despegue del deporte llega a menudo con los estudios superiores; si tienen que eliminar algo de su rutina, es eso".
Además, en la disciplina que ella imparte, observa que "cuando aparece la menarquia —es decir, el primer episodio de sangrado menstrual en la vida de una mujer— se da un punto de inflexión al ser un tema tabú y tener que empezar a usar tampones, por ejemplo".
"Cuando los niños son más pequeños la inclusión es mayor. Pueden estar juntos hasta cierta edad, por lo que se favorece ese punto, pero es cierto que a partir de ciertas categorías la cuestión biológica manda. En cualquier caso, en las competiciones cada vez se fomentan más las modalidades mixtas", concluye al respecto.
El 70% de las chicas abandona el deporte entre los 12 y los 16 años. iStock
Un mapa escolar plural
El escenario que presentan los centros educativos españoles no responde a un patrón único. La coexistencia de colegios que apuestan por rotar pistas, centros que reservan 'días sin balón', comunidades que preservan los juegos tradicionales y escuelas que rediseñan sus infraestructuras muestra que la comunidad educativa busca respuestas adaptadas a sus propias realidades.
Lejos de una resolución salomónica entre la prohibición o la inacción, la conversación sobre el uso de los patios sigue abierta. Entre el respeto a la autonomía del tiempo libre y el compromiso por garantizar la equidad de oportunidades, cada centro busca lugares donde la diversidad de intereses, la salud y la convivencia encuentren su propio equilibrio.
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