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Por desgracia, pocas veces como en este momento actual, en el que las tensiones geopolíticas y los discursos belicistas vuelven a adquirir un preocupante protagonismo, cobran más sentido y pertinencia proyectos expositivos del carácter de 'WAR', la exposición que presenta ahora la galería Álvaro Alcázar.
... A lo largo de la Historia, la representación de la guerra en la iconografía colectiva ha tenido siempre una especial habilidad en mostrarse desde el lado de los líderes y los grandes héroes, en definitiva, glorificándola sin presentar su verdadero rostro: una realidad brutal que ha dejado profundas heridas –con frecuencia, sin cicatrizar– en cuerpos y sociedades. La guerra es así posiblemente el rasgo más humano, y paradójicamente más inhumano, de nuestra especie.
Se considera a Francisco de Goya el primer artista capaz de mostrarnos la auténtica y 'moderna' imagen de lo bélico con sus 'Desastres de la Guerra', sin bien es cierto que existe un precedente anterior en una serie de estampas del grabador lorenés del siglo XVII Jacques Caillot, quien fue realmente el verdadero pionero en visibilizar las salvajadas bélicas en la Guerra de los Treinta Años.
Kepa Garraza (Vizcaya, 1979) se sitúa aquí en una posición más equidistante porque, si bien deja patente en algunas de sus obras este carácter brutal y horrible de la(s) guerra(s), y lo desnuda de cualquier rasgo 'noble' o moralmente válido, no es menos cierto que igualmente presenta algunos otros aspectos de lo bélico más próximos al propio poder de los líderes y los grandes personajes de la Historia que, en definitiva, son los que al final siempre han movido desde una posición de privilegio los hilos de cualquier guerra. Es seña de identidad del artista vasco una profunda reflexión sobre cómo se construye la Historia, su manipulación mediática y también sobre la forma de representar los diversos rostros de la violencia en nuestra sociedad.
De esta manera, a través de sus obras, que suelen desplegar una formalización pictórica y dibujística, incide en cuestiones relacionadas con las distintas manifestaciones del poder y las narrativas dominantes, la puesta en escena de conflictos armados e, igualmente, en una relectura crítica de los hechos históricos y políticos.
Y siempre lo hace incitando al espectador, con ironía y sutileza conceptual, a poner en tela de juicio la aparente verdad de las representaciones oficiales y la discutible veracidad y naturaleza de las imágenes.
En esta ocasión presenta un conjunto de piezas en papel, realizadas en blanco y negro, lo que pretendidamente supone un guiño cómplice con respecto al carácter documental y periodístico de las imágenes en las que se basa. No quiero dejar de destacar la más que notable calidad técnica de estas obras, plasmadas con una primorosa factura, capaz de arrancar a la acción del carbón sobre el papel todas los matices y tonos posibles.
Me interesan especialmente trabajos como 'Parade', un clónico e inquietante batallón de entes desprovistos de cualquier rasgo de individualidad, o 'Dead Child', que hace referencia, de forma velada y sutil, al reciente genocidio de Gaza.
Galería Álvaro Alcázar. Madrid. C/ Saturnino Calleja, 3. Hasta el 14 de marzo. Cuatro estrellas.
Junto a ellos, conviven en una curiosa armonía otras obras que muestran con toda premeditación un cariz digamos más amable del poder y su fuerza iconográfica, como son las representaciones idealizadas de figuras históricas de la importancia de Julio César o el primer emperador romano Octavio Augusto. Una exposición más necesaria que nunca.
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