Francia 0-2 España | Mundial
España da una lección de fútbol a Francia y jugará su segunda final de la Copa del MundoLa Roja espera a Inglaterra o a Argentina después de un partido majestuoso, de juego total, sentenciado con los goles de Oyarzabal y Pedro Porro
Regala esta noticia Añádenos en Google Oyarzabal celebra su gol de penalti. (AFP)Robert Basic
Bilbao
14/07/2026 Actualizado a las 23:23h.España se comió al 'coco' sin dejar ni una sola miga en la alfombra perfecta de Dallas, donde el maestro vestía de blanco. Ni rastro ... del supuesto gigante, tigre de papel, roto por mil sitios. El alumno iba de azul, tímido en su primer examen de verdad, impresionado por el tamaño de la prueba que le tocaba enfrentar. Suspendió con una nota bajísima no porque no había estudiado, sino porque no le alcanzó lo que sabía para responder a lo que le planteaba la autoridad. La selección de Luis de la Fuente desmontó a la de Didier Deschamps en un partido fabuloso, en el que Oyarzabal y Porro pusieron los goles y el colectivo el juego, impecable en la ejecución de su plan. Los galos perseguían las sombras de un combinado mayúsculo, que ya está en la gran final de la Copa del Mundo. Se verá las caras con el vigente campeón Argentina o Inglaterra, y lo hará con la firme determinación de regresar a casa con la segunda estrella cosida en el pecho.
Francia
0 - 2
España
Maignan; Koundé, Upamecano, Saliba (Lacroix, 28), Digne (Theo Hernández, 72); Tchouameni, Rabiot (Koné, 46); Dembelé, Olise (Cherki, 72), Barcolá; y Mbappé.
Unai Simon; Pedro Porro (M. Llorente, 83), Cubarsí, Laporte, Cucurella; Rodri, Fabián (Merino, 76), Dani Olmo (Pedri, 76); Lamine Yamal, Oyarzabal (Ferran, 73) y Álex Baena (Nico W., 83).
Goles: 0-1, 21: Oyarzabal, penalti. 0-2, 58: Pedro Porro.
Incidencias: Iván Barton (El Salvador). Amonestó a Rabiot, Cucurella.
No hubo la más mínima sorpresa en el once de De la Fuente, quien repitió el equipo que eliminó a Bélgica en cuartos. Ni tocar lo que funciona, ni rozarlo siquiera. Quien más quien menos aguardaba el regreso de Pedri, por aquello de tratarse de un talento fuera de serie, pero su bajo estado de forma propició una nueva titularidad de Fabián junto con Rodri y Olmo en el centro del campo. Ni la temible Francia alteró los planes del técnico riojano, quien demostró una vez más que no juega en función del rival sino de acuerdo con sus principios futbolísticos. Cualquier modificación significativa hubiese trasmitido de entrada un mensaje equivocado, por muy razonada que fuera la elección del míster, porque los galos lo hubieran interpretado en clave de temor y exceso de respeto. Así que España salió con todos sus cañones y galones para enfrentarse a un bloque temible, casi perfecto en todas sus líneas, que saltó al 'verde' con Tchouaméni por Koné y Barcola por Doué. Tiene tanto fondo de armario que le dio igual qué ponerse en la fiesta de la semifinal, pero enfrente estaba una tropa que hace maravillas con el balón.
Pasaban pocas cosas al inicio del choque, con Francia ordenada atrás y España pegada a la pelota. La movía de un lado a otro sin conseguir superioridades, poco profunda, con los laterales muy contenidos a la hora de subir por su banda. Era entendible porque Dembélé y Barcola amenazaban como dos cuchillos a la espera de una fisura en el sistema defensivo de la selección. Rabiot no daba una a derechas, más perdido que un náufrago en una isla desierta, quien en los primeros siete minutos firmó tres pérdidas, un remate defectuoso y cometió una falta peligrosa que le costó una amarilla y que Baena estrelló en la barrera. Los galos salían rápido a contragolpear como pudo verse en un largo envío de Dembélé a Mbappé, pero un gran balance de Porro evitó lo peor. Entonces Digne cometió un error infantil en forma de penalti tonto. No vio llegar a Lamine Yamal por detrás y le pegó una patada que se oyó hasta Rocafonda. Penalti claro. Lo transformó con maestría Oyarzabal, quien hizo así su quinto gol en el Mundial y el número 30 en sus 60 encuentros con la selección.
España estaba bien con el balón y de esta forma neutralizó a una Francia que no llegó a rematar entre los tres palos en toda la primera parte. Ni una media ocasión para los de Deschamps, quien protestaba al árbitro hasta el color de las tarjetas. Los galos estaban incómodos, lejos de su versión letal, pero no tanto por sus deméritos como por el buen hacer de la selección de De la Fuente. A Lamine Yamal ni se le vio en los 45 minutos iniciales, salvo para llevarse la patada ciega de Digne, y tampoco hicieron nada Dembélé, Mbappé y Olise. Desactivación mutua, por lo que el partido discurría por otros canales. Como por ejemplo el de Baena, quien ofreció un despliegue físico brutal, de ponerlo en las academias de fútbol. Atacaba y defendía, subía y bajaba, tapaba los huecos y los buscaba, un trabajo descomunal. La acción francesa de más peligro -llegó después de una lesión de Saliba que le obligó a dejar su sitio a Lacroix- se produjo justo antes del descanso con un pase en profundidad a Mbappé, quien se quedaba solo. Pero Simón se adelantó y mandó la pelota fuera. 0-1 y a los vestuarios.
Solvencia
No tardó Deschamps en mover el banquillo. Dejó en la caseta al amonestado Rabiot y puso en su lugar a Koné, medio de la Roma. Poco después activó a Doué por un gris Barcola. No le sirvió de nada porque España pegó con el mazo en una acción de dibujos animados entre Olmo y Porro. El lateral buscó al culé, quien recibió un recadito de Upamekano pero le dio tiempo a hacer la pared que dejó solo al defensa del Tottenham ante Maignan. Le fusiló con precisión y puso el 0-2 en el Estadio Dallas, donde, por cierto, La Roja bailó a los galos. Les dio una lección de fútbol de toque, posesión, control, defensa con balón, ataque mediante creación y compromiso colectivo con una idea respetada al extremo. Lamine Yamal hizo el tercero en una bella inventiva individual, pero hubo fuera de juego.
A Francia no le quedaba otra que arriesgar e irse hacia arriba, con más corazón que cabeza. Mbappé mandó un misil en el minuto 67 desviado lo justo por Cucurella para evitar lo que parecía el primer tanto galo. Por una vez vino bien la pausa de hidratación, porque la selección necesitaba tomar un poco de aire. Deschamps quemó todas sus naves al retirar a Olise y a un calamitoso Digne y dio entrada a Cherki y Theo Hernández. De la Fuente también movió sus piezas: retiró al ovacionado Oyarzabal y en su lugar colocó a Ferran, para después introducir a Mikel Merino, Pedri, Nico Williams y Marcos Llorente. Más frescura para los minutos finales. Y perdonó el tercero el 'tiburón' de un cabezazo que salió fuera por poco. España era el maestro y Francia el alumno poco aventajado, tímido, incapaz de recitar la lección que se suponía traía aprendida. Simón volvió a aparecer para adelantarse en un balón largo a Mbappé y negar el tanto al madridista, el único con algo de filo. De nada sirvió porque en Dallas reinó el equipo del fútbol total.
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