Desde el inicio de la invasión rusa, Ucrania ha tenido que librar una batalla paralela lejos del frente: la de convencer a sus aliados de qué armas necesitaba, cuándo y hasta dónde podían llegar esas ayudas sin cruzar líneas políticas sensibles. Entre retrasos, vetos parciales y temores a la escalada, la defensa aérea se convirtió durante meses en uno de los cuellos de botella más críticos, dejando a Kiev expuesta a campañas de misiles y drones mientras la respuesta internacional avanzaba más despacio que la guerra.
Un radar que cambia el cálculo. Por eso, la llegada a Ucrania del radar español Lanza LTR-25 supone un salto cualitativo en su defensa aérea, al incorporar una capacidad de detección de largo alcance capaz de identificar amenazas a más de 450 kilómetros. Desde drones y misiles de crucero hasta sistemas balísticos y aeronaves furtivas, el radar ayudará en un conflicto donde Rusia ha hecho del ataque aéreo masivo y combinado uno de sus principales instrumentos de desgaste.
El sistema, desarrollado por Indra, no es un prototipo ni una promesa futura, sino una tecnología ya validada por la OTAN en su flanco oriental, diseñada para operar en entornos saturados de interferencias y guerra electrónica y para integrarse sin fricciones con las baterías occidentales que protegen el cielo ucraniano.
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El aliado inesperado. Otra de las lecturas que tiene el movimiento es clara. Ucrania acaba de recibir de España lo que llevaba meses reclamando a Estados Unidos: una verdadera defensa de largo alcance que permita ver venir los ataques rusos con suficiente antelación como para organizar una respuesta eficaz.
Mientras Washington ha sido reticente a ceder determinados sensores y capacidades estratégicas, Madrid ha dado un paso que cambia la profundidad defensiva ucraniana, ofreciendo no solo interceptores, sino los “ojos” necesarios para anticipar y coordinar la defensa frente a oleadas de misiles y drones que buscan saturar el sistema. En ese sentido, el LTR-25 no es solo un radar más, sino una pieza crítica que amplía el tiempo de reacción y reduce la vulnerabilidad estructural de Ucrania frente a Moscú.
Tecnología probada en el entorno más exigente. El radar LTR-25 opera en banda L con arquitectura de matriz en fase y formación digital de haz. Dicho de otra forma, tiene unas características que le permite rastrear cientos de objetivos simultáneamente con gran precisión incluso bajo ataque electrónico, una capacidad clave para detectar blancos de baja firma radar como los drones Shahed o los misiles de crucero.
Su movilidad táctica y filosofía de “enciende, detecta y muévete” refuerzan su supervivencia en un frente donde Rusia intenta cazar radares y sistemas de mando, y su integración con redes de mando y control de la OTAN lo convierte en un multiplicador de fuerza para sistemas como Patriot, SAMP/T, IRIS-T o NASAMS ya desplegados en Ucrania.
Revolución silenciosa de la industria española. Durante décadas, España mantuvo un perfil bajo en defensa, pero mientras tanto fue construyendo una base tecnológica avanzada que hoy emerge con fuerza en el escenario europeo.
Aquí surge un nombre por encima del resto. Indra, con una de las mayores fábricas de radares del continente, ha suministrado sistemas a países como Francia, Alemania o Reino Unido, y ahora traslada ese conocimiento a un conflicto real que actúa posiblemente como el banco de pruebas más duro imaginable. De ahí que esta entrega simboliza un cambio profundo: de socio discreto a proveedor estratégico de capacidades críticas en una guerra de alta intensidad.
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Más allá del gesto. Si se quiere también, la entrega del LTR-25 se inscribe en un giro mucho más amplio de la política española hacia Ucrania, uno respaldado por un paquete de apoyo militar y financiero sin precedentes y escenificado al más alto nivel por el presidente español Pedro Sánchez junto a su homólogo ucraniano, Volodymyr Zelenskyy.
Más allá del simbolismo, el contrato con Indra abre la puerta a futuras entregas si el sistema demuestra su eficacia, consolidando una cooperación industrial que refleja una tendencia europea más amplia: alianzas tecnológicas de todos los colores que, empujadas por la guerra, evolucionan hacia asociaciones de defensa plenas y duraderas.
Imagen | Indra, RawPixel
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España le acaba de dar a Ucrania el arma que siempre le ha negado EEUU: los "ojos" para anticipar los drones de Rusia
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por
Miguel Jorge
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España le acaba de dar a Ucrania el arma que siempre le ha negado EEUU: los "ojos" para anticipar los drones de Rusia
La entrega del LTR-25 se inscribe en un giro más amplio de la política española hacia Ucrania
Desde el inicio de la invasión rusa, Ucrania ha tenido que librar una batalla paralela lejos del frente: la de convencer a sus aliados de qué armas necesitaba, cuándo y hasta dónde podían llegar esas ayudas sin cruzar líneas políticas sensibles. Entre retrasos, vetos parciales y temores a la escalada, la defensa aérea se convirtió durante meses en uno de los cuellos de botella más críticos, dejando a Kiev expuesta a campañas de misiles y drones mientras la respuesta internacional avanzaba más despacio que la guerra.
Un radar que cambia el cálculo. Por eso, la llegada a Ucrania del radar español Lanza LTR-25 supone un salto cualitativo en su defensa aérea, al incorporar una capacidad de detección de largo alcance capaz de identificar amenazas a más de 450 kilómetros. Desde drones y misiles de crucero hasta sistemas balísticos y aeronaves furtivas, el radar ayudará en un conflicto donde Rusia ha hecho del ataque aéreo masivo y combinado uno de sus principales instrumentos de desgaste.
El sistema, desarrollado por Indra, no es un prototipo ni una promesa futura, sino una tecnología ya validada por la OTAN en su flanco oriental, diseñada para operar en entornos saturados de interferencias y guerra electrónica y para integrarse sin fricciones con las baterías occidentales que protegen el cielo ucraniano.
El aliado inesperado. Otra de las lecturas que tiene el movimiento es clara. Ucrania acaba de recibir de España lo que llevaba meses reclamando a Estados Unidos: una verdadera defensa de largo alcance que permita ver venir los ataques rusos con suficiente antelación como para organizar una respuesta eficaz.
Mientras Washington ha sido reticente a ceder determinados sensores y capacidades estratégicas, Madrid ha dado un paso que cambia la profundidad defensiva ucraniana, ofreciendo no solo interceptores, sino los “ojos” necesarios para anticipar y coordinar la defensa frente a oleadas de misiles y drones que buscan saturar el sistema. En ese sentido, el LTR-25 no es solo un radar más, sino una pieza crítica que amplía el tiempo de reacción y reduce la vulnerabilidad estructural de Ucrania frente a Moscú.
Tecnología probada en el entorno más exigente. El radar LTR-25 opera en banda L con arquitectura de matriz en fase y formación digital de haz. Dicho de otra forma, tiene unas características que le permite rastrear cientos de objetivos simultáneamente con gran precisión incluso bajo ataque electrónico, una capacidad clave para detectar blancos de baja firma radar como los drones Shahed o los misiles de crucero.
Su movilidad táctica y filosofía de “enciende, detecta y muévete” refuerzan su supervivencia en un frente donde Rusia intenta cazar radares y sistemas de mando, y su integración con redes de mando y control de la OTAN lo convierte en un multiplicador de fuerza para sistemas como Patriot, SAMP/T, IRIS-T o NASAMS ya desplegados en Ucrania.
Revolución silenciosa de la industria española. Durante décadas, España mantuvo un perfil bajo en defensa, pero mientras tanto fue construyendo una base tecnológica avanzada que hoy emerge con fuerza en el escenario europeo.
Aquí surge un nombre por encima del resto. Indra, con una de las mayores fábricas de radares del continente, ha suministrado sistemas a países como Francia, Alemania o Reino Unido, y ahora traslada ese conocimiento a un conflicto real que actúa posiblemente como el banco de pruebas más duro imaginable. De ahí que esta entrega simboliza un cambio profundo: de socio discreto a proveedor estratégico de capacidades críticas en una guerra de alta intensidad.
Más allá del gesto. Si se quiere también, la entrega del LTR-25 se inscribe en un giro mucho más amplio de la política española hacia Ucrania, uno respaldado por un paquete de apoyo militar y financiero sin precedentes y escenificado al más alto nivel por el presidente español Pedro Sánchez junto a su homólogo ucraniano, Volodymyr Zelenskyy.
Más allá del simbolismo, el contrato con Indra abre la puerta a futuras entregas si el sistema demuestra su eficacia, consolidando una cooperación industrial que refleja una tendencia europea más amplia: alianzas tecnológicas de todos los colores que, empujadas por la guerra, evolucionan hacia asociaciones de defensa plenas y duraderas.