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España no falló ante la gran final

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Millones de aficionados se echaron a las calles una última vez, y solo se registraron incidentes en País Vasco

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España no falló ante la gran final

Millones de aficionados se echaron a las calles una última vez, y solo se registraron incidentes en País Vasco

Regala esta noticia Añádenos en Google Aficionados en la Plaza de Colón en Madrid. (EP)

Eduardo Barrero / Pablo Lodeiro

Madrid

20/07/2026 Actualizado a las 00:12h.

Era un día para la historia, la segunda estrella estaba al alcance, y los españoles volvieron a responder a las mil maravillas con pasión desaforada ... e ilusión. Desde bien temprano, el centro de Madrid se convirtió en un hervidero emocional repleto de banderas, bengalas, cláxones y patrióticos corrillos. Como ha sido habitual desde el comienzo del torneo, la Plaza de Colón fue uno de los puntos neurálgicos de la previa, largas y tempraneras las filas para conseguir sitio en la pantalla gigante más transitada de la capital, que llegó a acoger la bárbara cifra de 26.000 gargantas pese al calor y la densidad del turismo en pleno julio.

El primer gran estallido de la tarde llegó a las 18:15 horas. La Policía cortó el paseo de la Castellana y cientos de jóvenes echaron a correr en busca del mejor lugar frente a la pantalla gigante. La cuenta atrás había comenzado. A partir de ahí, la previa fue una fiesta. Sonaron los himnos oficiosos de la selección, los grandes éxitos de los últimos Mundiales y canciones de artistas como Aitana o Quevedo, mientras los cánticos de «¡A por ellos!» y «¡Yo soy español, español, español!» retumbaban por toda la plaza.

Con el pitido inicial cambió por completo el escenario. La música dio paso al silencio y la tensión se apoderó del recinto. Cada pase, cada recuperación y cada decisión arbitral se siguieron con máxima atención. Los ataques de España levantaban a la afición de sus asientos, mientras que cada acercamiento de Argentina se vivía con un silencio absoluto.

La primera media hora fue un constante sube y baja de emociones. El conjunto de Luis de la Fuente dominó el balón y llevó la iniciativa, aunque sin encontrar el premio del gol. Cada aproximación española despertaba un rugido en Colón, pero la amenaza de los argentinos mantenía en vilo a los miles de aficionados.

En el minuto 40, la tarjeta amarilla mostrada a Lisandro Martínez fue celebrada casi como un gol, reflejo de la intensidad con la que se vivía cada acción del encuentro. España transmitía mejores sensaciones sobre el césped y la afición era consciente de ello, aunque la falta de acierto general impedía transformar ese dominio en el marcador. Al descanso, el pitido del árbitro dejó una sensación agridulce entre los presentes: confianza por el juego mostrado, pero también la inquietud de saber que, en una final, cualquier detalle podía cambiar la historia.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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