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Economía

"España no tiene petróleo ni gas, pero tiene sol y viento, esa es su garantía de competitividad"

"España no tiene petróleo ni gas, pero tiene sol y viento, esa es su garantía de competitividad"
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El vicepresidente primero del Gobierno destaca que "la marca país es diferente de la de hace 40 años: la de una economía diversificada, tecnológica y verde". "El objetivo es mantener la trayectoria modernizadora para apuntalar la transformación de los últimos 40 años". Leer
40 Aniversario Expansión"España no tiene petróleo ni gas, pero tiene sol y viento, esa es su garantía de competitividad"
  • CARLOS CUERPO, VICEPRESIDENTE PRIMERO DEL GOBIERNO
Actualizado 27 MAY. 2026 - 00:14El vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo.Mario GómezEXPANSION

El vicepresidente primero del Gobierno destaca que "la marca país es diferente de la de hace 40 años: la de una economía diversificada, tecnológica y verde". "El objetivo es mantener la trayectoria modernizadora para apuntalar la transformación de los últimos 40 años".

De aquella España conocida por su turismo de sol y playa hemos pasado a una economía diversificada, tecnológica y verde. Cuando España se incorporó a la entonces Comunidad Económica Europea en 1986, la marca con la que el país se proyectaba al mundo era, esencialmente, la del sol y la playa. Una potencia turística asentada en el litoral, una economía muy dependiente de la importación de combustibles fósiles, una industria de baja productividad y un mercado laboral lastrado por un alto desempleo, con un PIB per cápita muy por debajo de la media comunitaria. La adhesión -de la que EXPANSIÓN, fundado el mismo año, ha sido testigo directo- abrió el país no solo un mercado, sino un horizonte: la promesa de convertirse en una economía moderna, diversificada y competitiva. Cuatro décadas después, ese objetivo se está cumpliendo. La marca país, hoy, es otra: una economía diversificada, tecnológica y verde, que se sustenta sobre algunos pilares.

El primer pilar es la soberanía energética. Durante décadas, la economía española fue rehén de los precios internacionales del petróleo, el gas y el carbón, con cada shock externo trasladándose con virulencia a la factura de hogares y empresas. Hoy esa vulnerabilidad estructural ya no es tal. Las renovables son ya el 60% del mix energético. En 2019, el gas natural marcaba el precio de la electricidad el 75% de las horas; en lo que llevamos de 2026, solo el 16%. La consecuencia es que somos el tercer país europeo donde menos han subido los precios mayoristas eléctricos desde el inicio de la guerra en Irán.

España no tiene petróleo ni gas; pero tiene sol y viento, y los está convirtiendo en su principal garantía de competitividad, de protección frente a los shocks y también de atracción de inversiones (somos el segundo destino mundial de proyectos en energías limpias, según el Financial Times). La apuesta verde es, además, la mejor refutación del viejo dilema entre clima y crecimiento: estamos demostrando que crecer y descarbonizar se retroalimentan y son la misma estrategia.

El segundo pilar es el talento de nuestros trabajadores. Hace cuarenta años, menos de uno de cada veinte adultos españoles tenía un título universitario. Hoy, casi la mitad de los menores de 35 años cuenta con educación superior. A ello se une el despegue de la formación profesional, que ha pasado de ser una opción residual a una vía determinante para responder a las necesidades de las empresas y facilitar la inserción en el mercado laboral. Así se observa especialmente el caso de la FP Dual, con tasas de empleabilidad superiores al 80%.

La última EPA confirma que el país ocupa a más personas que nunca: 22,54 millones, máximo histórico. La creación de puestos de trabajo se mantiene en el año en el entorno del medio millón. Pero lo decisivo es la calidad: la mitad del empleo creado en los últimos tres años se concentra en las cinco ocupaciones de mayores salarios, la temporalidad ha caído a mínimos históricos y la productividad por hora se acelera en 2026, rompiendo un patrón de cuarenta años en el que solo crecía cuando se destruía empleo.

Sobre esa base, está emergiendo una generación emprendedora: el ecosistema de start up, cada vez más orientado a deep tech, ha duplicado su tamaño en cinco años, con más de 8.000 empresas activas, una docena de unicornios y Barcelona como segunda ciudad de Europa por número de fundadores extranjeros tras Berlín.

El tercer pilar es un tejido empresarial cada vez más moderno e internacionalizado. España es hoy la segunda gran economía más abierta de la UE, solo por detrás de Alemania, con exportaciones que superan ya el 37% del PIB. La sostiene una infraestructura de primer nivel: novena del mundo en transporte, segunda en alta velocidad ferroviaria con cerca de 4.000 kilómetros, y segunda de la UE en cobertura de banda ancha que conecta a un 95,6% de la población.

Y España ya no es solo destino de inversión: es también origen. Nuestras grandes compañías, referencia mundial en banca, infraestructuras, energía y retail, también en tecnología aeroespacial o en producción ecológica, llevan su huella a Heathrow, al AVE La Meca-Medina o al túnel del Bósforo; al transporte urbano de Riad, Londres, Sídney o São Paulo; al agua potable de millones de personas en el Mediterráneo y Australia, mediante un sector de desalación entre los primeros del mundo, y a parques eólicos en Reino Unido o plantas fotovoltaicas en Oriente Próximo. En sectores emergentes, esa proyección se renueva: hace apenas unas semanas lanzábamos en Boston un fondo de venture capital biotech de 200 millones de dólares para conectar nuestra I+D y ensayos clínicos con el principal ecosistema mundial de ciencias de la vida, y el sector aeroespacial figura entre los cinco primeros de Europa, con un 10% de su facturación dedicado a I+D.

Este cambio de país, en la manera de hacer las cosas y de proyectar nuestra imagen al mundo no se entiende sin Europa.

Desde el acceso a Schengen, el Tratado de Maastricht, una nueva visión de la política de cohesión europea y el euro, España ha vivido en primera persona los beneficios del proyecto integrador europeo.

Más recientemente, Next Generation EU desplegó tras la pandemia una iniciativa inédita: una respuesta común y mutualizada, orientada al futuro. España la ha aprovechado. Hasta el momento, alcanzamos más de 67.000 millones en convocatorias resueltas y 1,46 millones de adjudicatarios, el 70% de los cuales pyme y micropyme. Un impulso que nos ha permitido liderar el crecimiento entre las grandes economías en los últimos años. Ahora el objetivo es mantener esta trayectoria modernizadora con España Crece, el fondo con una dotación de capital de algo más de 10.000 millones procedentes del plan inyectados al ICO y con capacidad para movilizar hasta 120.000 millones, contando con el sector privado, para apuntalar la transformación de nuestro país.

40 años, un país distinto, otra marca país, de la que no se puede disociar un ADN profundamente europeo abierto y solidario. Quedan retos por delante, a nivel doméstico y de la UE, ahora más que nunca, para garantizar nuestra posición en un entorno internacional incierto. Resulta evidente que nuestra fortaleza reside en la unión y que la respuesta pasa por más integración: una verdadera Unión de Ahorro e Inversiones, un mercado de capitales más profundo y líquido, y un activo seguro que dote al euro del papel internacional que le corresponde.

Más Europa. Esa fue la promesa de 1986, cuando España y EXPANSIÓN iniciaron un camino. Es la que vuelve a definir el próximo capítulo de la marca país. Es el momento de Europa, es el momento de España.

Seguimos.

Carlos Cuerpo es vicepresidente primero del Gobierno y ministro de Economía.

Informar, anticipar, innovar, liderarEl tránsito del felipismo al sanchismo"La mejor forma de enfrentarnos a los retos como país es 'fortalecer nuestras alas'" Comentar ÚLTIMA HORA
Fuente original: Leer en Expansión
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