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España roza la eliminación de la hepatitis C y hace frente al reto de encontrar a 13.000 personas todavía sin diagnóstico

España roza la eliminación de la hepatitis C y hace frente al reto de encontrar a 13.000 personas todavía sin diagnóstico
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Pese a haber reducido la prevalencia de la infección activa al 0,14%, los expertos alertan del riesgo de relajar la vigilancia en la última fase hacia la eliminación. Más información: Los pacientes con raquitismo denuncian: "La sociedad no es empática con nosotros"

El virus de la hepatitis C (VHC) se propaga a través del contacto con sangre que contiene el virus. iStock

Historias España roza la eliminación de la hepatitis C y hace frente al reto de encontrar a 13.000 personas todavía sin diagnóstico

Pese a haber reducido la prevalencia de la infección activa al 0,14%, los expertos alertan del riesgo de relajar la vigilancia en la última fase hacia la eliminación.

Más información: Los pacientes con raquitismo denuncian: "La sociedad no es empática con nosotros"

Publicada 25 mayo 2026 00:35h

España está cada vez más cerca de convertirse en uno de los primeros países del mundo en eliminar la hepatitis C como un problema de salud pública.

La prevalencia de infección activa por el virus VHC se ha reducido hasta el 0,14-0,15% en población adulta y más de 172.000 personas han recibido tratamiento desde la puesta en marcha del Plan Estratégico para el Abordaje de la Hepatitis C en 2015.

Así pues, lo que durante décadas fue una de las principales causas de cirrosis, cáncer hepático y trasplante de hígado en España está hoy cerca de dejar de representar una amenaza masiva para el sistema sanitario. Pero el éxito tiene matices.

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La enfermedad no ha desaparecido y la fase final hacia la eliminación es, precisamente, la más compleja. Los casos que quedan se concentran en colectivos vulnerables, alejados del sistema sanitario y difíciles de detectar.

Según las estimaciones del Ministerio de Sanidad, todavía hay alrededor de 13.000 personas con infección activa sin diagnosticar en España.

"El gran desafío ya no es tanto el tratamiento como encontrar a quienes todavía no han entrado en el sistema", explica Xavier Forns, jefe de la unidad del grupo de investigación de enfermedades hepáticas víricas, genéticas e inmunomediadas del Hospital Clínic Barcelona. "En esta etapa, el reto es tanto sanitario como social".

La hepatitis C es una infección vírica que inflama el hígado que, durante años, puede avanzar de forma silenciosa sin provocar síntomas evidentes. Y precisamente ahí reside gran parte de su peligrosidad.

Miles de personas han convivido con el virus sin saberlo hasta desarrollar fibrosis avanzada, cirrosis o cáncer hepático. De hecho, España llegó a situarse entre los países europeos con mayor carga de enfermedad asociada al VHC.

La hepatitis C es una infección vírica que causa la hinchazón del hígado, denominada inflamación. iStock

La situación comenzó a cambiar radicalmente hace una década con la llegada de los antivirales de acción directa, medicamentos capaces de curar la infección con tasas de eficacia superiores al 94%. Aunque el punto de inflexión no llegó hasta 2015 cuando el Ministerio de Sanidad impulsó el plan nacional, que permitió universalizar el acceso a estos tratamientos.

"España está muy cerca de convertirse en uno de los primeros países en eliminar la hepatitis C como problema de salud pública, y eso ha sido posible gracias a un esfuerzo sostenido por parte del sistema sanitario", señala Forns.

"Uno de los grandes aprendizajes es que este tipo de objetivos no se consiguen únicamente con innovación terapéutica, sino también reforzando la coordinación asistencial y la capacidad para llegar a poblaciones especialmente vulnerables", añade.

Una enfermedad residual

La dimensión del cambio se aprecia con claridad en los hospitales. Hace apenas dos décadas, la hepatitis C ocupaba una parte central de las unidades hepáticas y de trasplante. Hoy el escenario es completamente distinto.

"Hemos pasado de una situación en la que cerca del 50% de los pacientes en lista de trasplante hepático tenía hepatitis C a otra en la que estos casos son la excepción", resume Forns.

El avance ha sido tan rápido que España se ha convertido en uno de los referentes internacionales en estrategias de eliminación del virus. Incluso, la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH) considera este uno de los mayores éxitos recientes en el sistema sanitario nacional.

El modelo se ha basado en varios pilares: acceso universal a los antivirales, coordinación entre hepatología, microbiología, atención primaria y salud pública, y una progresiva transición desde el tratamiento individual hacia estrategias poblacionales de eliminación.

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La experiencia acumulada, además, ha servido incluso para diseñar nuevas estrategias dentro del Plan Nacional de Salud Hepática: Reto 2032, elaborado por la propia sociedad científica con el objetivo de reforzar la prevención, el diagnóstico precoz y el tratamiento de las enfermedades hepáticas crónicas.

Sin embargo, la eliminación no equivale a erradicación. Por el momento, el virus sigue circulando y continúan produciéndose nuevas infecciones y reinfecciones.

"El concepto de eliminación suele generar confusión porque no significa que el virus desaparezca completamente, sino que deje de representar un problema relevante para la salud pública", aclara Forns.

El experto advierte, al mismo tiempo, de que el próximo éxito puede convertirse en un riesgo. Pues, la disminución de los casos graves y de la presión asistencial puede generar una falsa sensación de problema resuelto y favorecer la relajación de las estrategias de cribado y prevención.

"Cuando disminuyen los casos graves y baja la presión asistencial, existe el riesgo de relajar las estrategias de prevención, cribado y seguimiento", alerta el hepatólogo.

Los últimos pacientes

La hepatitis C ya no se distribuye de forma homogénea en la población. En esta fase final, los casos se concentran especialmente en personas con escaso contacto con el sistema sanitario.

Es decir, consumidores de drogas por vía intravenosa, personas sin hogar, pacientes en exclusión social o colectivos migrantes que encuentran barreras administrativas, culturales o lingüísticas para acceder a la atención médica.

También siguen apareciendo diagnósticos en personas infectadas hace décadas, antes de que existieran controles sistemáticos en transfusiones sanguíneas y determinados procedimientos sanitarios.

"El problema es que muchas de estas infecciones han permanecido silenciosas durante años y solo se detectan cuando se hace una búsqueda activa", explica Forns. Y precisamente ahí reside uno de los grandes desafíos actuales.

La hepatitis C puede derivar en graves daños hepáticos. iStock

La cuestión es que la enfermedad puede permanecer asintomática durante mucho tiempo mientras el hígado continúa deteriorándose lentamente hasta "provocar una inflamación persistente que termina derivando en fibrosis, cirrosis o cáncer de hígado".

Por ello, las estrategias sanitarias han comenzado a virar hacia modelos más proactivos; porque el foco ya no está únicamente en tratar a quien llega al hospital, sino en salir a buscar a los pacientes que nunca han entrado en el circuito sanitario.

En ese sentido, los programas de cribado dirigido, el diagnóstico en un solo paso y las estrategias de microeliminación en poblaciones vulnerables se han convertido en herramientas prioritarias en esta nueva etapa.

Las organizaciones sociales se han convertido también en actores esenciales. De ahí que la AEEH subraye que estas entidades funcionan como un puente imprescindible entre el sistema sanitario y colectivos que habitualmente quedan fuera de su alcance.

Los riesgos

Pese al avance generalizado, la implantación de las estrategias de eliminación no es homogénea en toda España. "Persisten desigualdades entre comunidades autónomas en la implantación de estrategias como el diagnóstico en un solo paso o la búsqueda activa de pacientes", reconoce Forns.

Por ese motivo, la última fase hacia la eliminación exigirá precisamente reforzar esa condición territorial y asistencial, donde atención primaria, hospitales, salud pública y entidades sociales deberán trabajar de forma integrada para evitar bolsas ocultas de infección y detectar reinfecciones.

En cualquier caso, la vigilancia epidemiológica seguirá siendo igualmente imprescindible incluso después de alcanzar los objetivos de eliminación marcados por la Organización Mundial de la Salud para 2030.

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Los especialistas recuerdan que muchos pacientes curados continúan necesitando seguimiento médico, especialmente quienes ya desarrollaron daño hepático avanzado antes del tratamiento. Además, el riesgo de transmisión no desaparece mientras existan personas infectadas que desconocen su situación.

"Precisamente ahora, cuando quedan menos casos, el gran reto que afrontamos es encontrar a esos pacientes que todavía no han sido diagnosticados y que continúan fuera del sistema sanitario", concluye Forns.

España encara así la recta final de una de las mayores transformaciones recientes de la salud pública. Pero los expertos insisten en que el éxito definitivo dependerá menos de la medicina que la capacidad del sistema para no dejar a nadie atrás.

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    Fuente original: Leer en El Español
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