Empecemos por los datos porque, sinceramente, hablan por sí solos: en un solo año, según NIQ, los complementos para dormir han crecido un 33% en los supermercados españoles; el queso cottage un 61%, el kéfir un 66,2% y las semillas de chía, ojo, un 672%. Repito: un 672%.
La tentación es culpar a las redes sociales, claro. Y a los supermercados que se suman a ellas. Nosotros mismos hemos caído en ello. Pero, ¿y si hay algo más? ¿y si es una moda? ¿Y si la consultora tiene razón a la hora de situar la "alimentación con intención" (proteínas y superalimentos) como el primer motor del mercado alimentario en 2026?
¿Dónde nos dejaría todo eso?
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La chía no ha cambiado desde 2009. Ese año la Unión Europea autorizó la chía como 'novel food'. Y lo era, sí: en Europa.
En la América precolombina había sido un producto muy consumido, se había ido abandonando progresivamente durante siglos (refugiándose en áreas montañosas aisladas de México, Guatemala y El Salvador) y se había recuperado a nivel 'industrial' en la década de los 90.
La aprobación en Europa fue un fenómeno curioso y discreto. Se pensaba que podía ir bien como una forma de decorar el pan. Nadie imaginaba lo que iba a pasar en las próximas dos décadas. Ni que se iba a convertir en el banderín e enganche de un cambio profundísimo en los supermercados españoles.
Porque no ha cambiado tanto lo que compramos como por qué lo compramos. Al final, el listado de NIQ no va de proteínas o superalimentos. Va de comprar "para algo". El kéfir se compra para el intestino y los batidos para el peso; las pastillas para dormir y la chía porque... ¿a quién no le viene bien un poquito de fibra extra?
Es por eso que un 68% de los consumidores españoles dice buscar activamente productos enriquecidos en proteína y acepta por ellos un sobreprecio de hasta el 15%. Por el porqué.
Y esto es algo que los supermercados han entendido mucho mejor (y mucho antes) que nosotros. Han descubierto que aunque no lo hagamos (en España la ingesta media de fibra ronda los 12,5 gramos al día frente a los 25 que la EFSA), nos importa y estamos dispuestos a gastar dinero en ello.
Así que, al ver los datos, lo que está claro es que la pregunta no es sobre si todo esto es una moda pasajera o no. La pregunta es si estamos pudiendo canalizar esta preocupación legítima, positiva y oportuna por nuestra salud de una forma productiva.
Imagen | Denise Johnson
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La noticia
España se ha vuelto completamente loca con las semillas: la chía ha crecido un 672 % en un año y es solo el principio
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
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España se ha vuelto completamente loca con las semillas: la chía ha crecido un 672 % en un año y es solo el principio
Sobre todo, porque no es solo la chía. La 'alimentación con intención' quiere cambiar la forma en la que compramos
Empecemos por los datos porque, sinceramente, hablan por sí solos: en un solo año, según NIQ, los complementos para dormir han crecido un 33% en los supermercados españoles; el queso cottage un 61%, el kéfir un 66,2% y las semillas de chía, ojo, un 672%. Repito: un 672%.
La tentación es culpar a las redes sociales, claro. Y a los supermercados que se suman a ellas. Nosotros mismos hemos caído en ello. Pero, ¿y si hay algo más? ¿y si es una moda? ¿Y si la consultora tiene razón a la hora de situar la "alimentación con intención" (proteínas y superalimentos) como el primer motor del mercado alimentario en 2026?
La chía no ha cambiado desde 2009. Ese año la Unión Europea autorizó la chía como 'novel food'. Y lo era, sí: en Europa.
En la América precolombina había sido un producto muy consumido, se había ido abandonando progresivamente durante siglos (refugiándose en áreas montañosas aisladas de México, Guatemala y El Salvador) y se había recuperado a nivel 'industrial' en la década de los 90.
La aprobación en Europa fue un fenómeno curioso y discreto. Se pensaba que podía ir bien como una forma de decorar el pan. Nadie imaginaba lo que iba a pasar en las próximas dos décadas. Ni que se iba a convertir en el banderín e enganche de un cambio profundísimo en los supermercados españoles.
Porque no ha cambiado tanto lo que compramos como por qué lo compramos. Al final, el listado de NIQ no va de proteínas o superalimentos. Va de comprar "para algo". El kéfir se compra para el intestino y los batidos para el peso; las pastillas para dormir y la chía porque... ¿a quién no le viene bien un poquito de fibra extra?
Es por eso que un 68% de los consumidores españoles dice buscar activamente productos enriquecidos en proteína y acepta por ellos un sobreprecio de hasta el 15%. Por el porqué.
Y esto es algo que los supermercados han entendido mucho mejor (y mucho antes) que nosotros. Han descubierto que aunque no lo hagamos (en España la ingesta media de fibra ronda los 12,5 gramos al día frente a los 25 que la EFSA), nos importa y estamos dispuestos a gastar dinero en ello.
Así que, al ver los datos, lo que está claro es que la pregunta no es sobre si todo esto es una moda pasajera o no. La pregunta es si estamos pudiendo canalizar esta preocupación legítima, positiva y oportuna por nuestra salud de una forma productiva.