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¿Está vivo Mojtaba Jamenei? ¿Está en coma? ¿Ha perdido una pierna? Qué sabemos y qué no del nuevo líder supremo de Irán

¿Está vivo Mojtaba Jamenei? ¿Está en coma? ¿Ha perdido una pierna? Qué sabemos y qué no del nuevo líder supremo de Irán
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Fue nombrado líder supremo el 8 de marzo, y ni antes ni después se le ha visto en público. No acudió ni a los funerales de su padre y del resto de la cúpula del régimen, ni tampoco a su propia investidura: en su lugar se exhibió un recorte de cartón con su imagen. Más información: Jamenei amenaza con mantener Ormuz bloqueado y Netanyahu le acusa de ser el "títere" de la Guardia Revolucionaria

Musulmanes chiíes de Karachi sostienen carteles del nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, junto al difunto líder supremo iraní, Alí Jamenei. Imran Ali Reuters

Oriente Próximo ¿Está vivo Mojtaba Jamenei? ¿Está en coma? ¿Ha perdido una pierna? Qué sabemos y qué no del nuevo líder supremo de Irán

Fue nombrado líder supremo el 8 de marzo, y ni antes ni después se le ha visto en público. No acudió ni a los funerales de su padre y del resto de la cúpula del régimen, ni tampoco a su propia investidura: en su lugar se exhibió un recorte de cartón con su imagen.

Más información:Jamenei amenaza con mantener Ormuz bloqueado y Netanyahu le acusa de ser el "títere" de la Guardia Revolucionaria

Estambul Publicada 13 marzo 2026 02:55h

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Vivo o muerto, lo que parece claro es que el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, está a muchos metros bajo tierra y que, con el espacio aéreo controlado por Estados Unidos e Israel, resulta muy difícil gobernar un país desde allí, según varios analistas consultados por EL ESPAÑOL.

En cualquier caso, Jamenei hijo tiene los días contados, como ha dejado claro Benjamin Netanyahu: “Eliminamos al viejo tirano. Y el nuevo títere de los Guardias Revolucionarios no puede mostrar su rostro en público”. El líder israelí ya había amenazado tras la eliminación del padre con hacer lo mismo con todos los dirigentes iraníes.

En el cuarto día de su supuesto mandato y decimotercer día de guerra, los medios del régimen difundían su primera declaración al pueblo iraní, prometiendo venganza y la continuación de la lucha y la resistencia. Pero no la leyó él, sino un presentador de la televisión estatal.

Mientras tanto, Irán mantiene su contraofensiva con misiles y drones contra Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Baréin, y estrangula el estrecho de Ormuz, con graves consecuencias para la economía mundial. Israel y Estados Unidos siguen golpeando objetivos iraníes y, aunque Donald Trump ya empieza a anunciar su victoria, no está claro ni cómo piensa salir de esta guerra ni por qué la inició.

Mojtaba Jamenei fue nombrado líder supremo el 8 de marzo, y ni antes ni después se le ha visto en público. No acudió ni a los funerales de su padre y del resto de la cúpula del régimen, ni tampoco a su propia investidura: en su lugar se exhibió un recorte de cartón con su imagen. No se ha difundido ningún vídeo ni fotografía reciente.

Su elección ha sido leída como una provocación a Trump y Netanyahu: representa la línea dura, mantiene estrechos vínculos con la Guardia Revolucionaria y la oposición lo describe como una figura oscura y más cruel que su padre. Además, según publicaciones de esta semana, acumula cientos de millones de euros en inversiones inmobiliarias en Europa, incluida España.

La gran incógnita es si el nuevo líder supremo está vivo, herido o muerto.

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Según la inteligencia israelí, Mojtaba sufrió heridas en las piernas en el mismo ataque en el que murieron su padre y otros miembros de su familia, y la televisión iraní se ha referido a él como janbaz, término reservado a los veteranos heridos de guerra.

Grupos de la oposición en la diáspora han señalado a The Guardian que se encuentra en coma y está siendo tratado en secreto en un hospital.

Según Kaveh Nematipour, activista y analista político, no existe información sólida ni datos verificables adicionales, aunque gran parte de lo que circula podría ser cierto. En todo caso, sostiene que ya está “bajo tierra” y que “sinceramente, no creo que vaya a salir, porque sabe que en el momento en que se sepa dónde está, es hombre muerto”, explica a este diario.

“Nadie puede gobernar Irán de verdad si no controla el espacio aéreo”, ahora en manos de Estados Unidos e Israel. El nuevo líder, añade, “apenas existe ya por encima del suelo” y solo puede sobrevivir escondido.

Nematipour creía antes de su elección que Mojtaba sería reservado como carta a medio plazo, porque cualquier nuevo líder es hoy un blanco declarado. “Mi teoría era que el próximo líder iba a ser alguien de rebote, alguien temporal, pero me equivocaba. El régimen está quemando cartas antes de lo previsto e incluso usando a alguien como cebo”, afirma.

Este analista cree además que la guerra difícilmente se resolverá solo desde el aire y ve cada vez más probable una invasión terrestre: “Si alguien quiere terminar con esto, tiene que poner botas sobre el terreno”.

A su juicio, Teherán no tiene incentivos para negociar ahora, porque cree que los contactos solo han servido para dar tiempo a Washington y que una guerra terrestre podría infligir suficientes bajas como para forzar a Washington a pactar.

Pero sigue sin haber fe de vida. “Nadie sabe, es una posibilidad”, indica a EL ESPAÑOL Daniel Bashandeh, analista geopolítico hispano-iraní. “Pero no es el líder en sí la clave; son los militares”. Según su análisis, son los Guardias quienes mandan realmente y el líder supremo funciona en gran medida como cobertura teológica de su poder.

La incertidumbre sobre Mojtaba, prosigue Bashandeh, es una oportunidad para una mayor militarización de Irán: “Todavía no hay aparición pública. El ala militar, los Pasdaran, ha priorizado la continuidad del legado Jameneí para mantener la cohesión y afrontar la guerra de resistencia”.

Es la cúpula castrense la que controla los tiempos de la guerra, de la política interna y del relato de continuidad. “Es muy importante; por eso intentan alargar el apellido Jamenei”, apunta.

Mojtaba Jamenei en una imagen de archivo de 2019. Hamid Forootan Reuters / WANA

Con los principales generales muertos, las fuerzas iraníes han recurrido a una estrategia de “defensa en mosaico” que delega poder en comandantes locales, lo que abre más dudas sobre cuánta autoridad ejerce realmente Jamenei.

Y la prueba más clara del vacío de mando, según esta lectura, fue que el presidente iraní, Masud Pezeshkian, ordenó detener los ataques a países vecinos, pero los drones y misiles siguieron lanzándose. Los Guardias no obedecen al presidente, ni quizá tampoco a un líder supremo herido.

A la luz de estas evidencias, sobrevuela la pregunta de por qué Mojtaba fue investido. Hamidreza Azizi, uno de los iranistas más prestigiosos, ha publicado en Iran Analytica una explicación de las condiciones que llevaron a su ascenso.

Para Azizi, lo decisivo no fue tanto el nombre como el hecho de que la sucesión se resolviera con rapidez bajo la presión de la guerra. Mojtaba no llegó por una dinastía cuidadosamente diseñada, sino por una lógica de emergencia.

Durante años, la sucesión tras Alí Jamenei se mantuvo ambigua: sonaban varios nombres, pero ninguno reunía a la vez su autoridad clerical, peso ideológico e influencia institucional.

Esa indefinición permitía negociar entre facciones e incluso explorar alternativas, pero la guerra liquidó ese margen.

Con el país bajo ataque, la legitimidad interna hundida tras protestas masivas y una represión brutal —según HRNA, más de 7.000 muertos—, y desaparecido el árbitro supremo del sistema, prolongar la incertidumbre se volvió un riesgo estratégico.

La prioridad pasó así a restaurar cuanto antes un centro claro de autoridad. Azizi cita el caso de Pezeshkian: sus declaraciones conciliadoras fueron rectificadas de inmediato por mandos militares y otras élites, lo que evidenció hasta qué punto la falta de una autoridad unificadora generaba ruido en plena guerra.

A la vez, la Asamblea de Expertos no sólo debía elegir sucesor, sino decidir si preservaba intacta la arquitectura de la República Islámica o abría una transformación estructural.

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Pero las alternativas —liderazgo colectivo, figura simbólica con mando real del aparato de seguridad, transición hacia un sistema más militarizado— exigían tiempo, negociación y quizá cambios constitucionales.

Ninguna encajaba con la urgencia bélica, así que el régimen optó por la vía más segura: conservar la institución del líder supremo y la doctrina del velayat-e faqih, por la cual el gobierno debe recaer en los juristas islámicos.

Mojtaba se benefició de ese cierre. Su nombre llevaba años circulando, aunque en condiciones normales su candidatura era problemática porque la sucesión familiar choca con la legitimidad ideológica proclamada por la República Islámica desde Ruhollah Jomeini.

Sin embargo, ofrecía algo que pocos podían ofrecer: conocimiento íntimo del despacho del líder supremo, inserción profunda en las redes burocráticas construidas por su padre y vínculos duraderos con sectores clave del aparato de seguridad. Para Azizi, ese capital práctico pesó más que la falta de una autoridad clerical comparable a la de otros candidatos.

La ironía final, subraya Azizi, es que la presión de Estados Unidos e Israel pudo favorecer precisamente el desenlace que más les perjudicaba: la guerra comprimió la decisión, elevó el valor de la continuidad frente a cualquier transformación y, en vez de abrir el sistema, lo empujó a cerrarse aún más sobre sí mismo.

En esa línea, Rob Geist Pinfold, profesor del King’s College London, ha señalado que este relevo contradice la retórica que la Administración Trump esperaba escuchar del nuevo líder supremo.

Y Maha Yahya, directora del Carnegie Middle East Center, sostiene que el poder real sigue operativo y que la elección de Mojtaba envía un mensaje claro a Trump: la presión militar no les hará cambiar de posición.

En todo caso, lo que Trump ha conseguido es reforzar a los Guardianes de la Revolución como institución más poderosa de Irán. Los Pasdaran controlan la política, el ejército y la economía.

El factor decisivo para el futuro del país serán las luchas internas dentro del brazo armado de la República Islámica, con o sin un líder supremo plenamente operativo, ha explicado Karim Sadjadpour, del Carnegie. Importa menos la persona al frente que el aparato que la rodea.

Mientras tanto, Mojtaba Jamenei sigue en su búnker. Si sale y es asesinado, “el impacto moral para el régimen sería devastador”, baraja Nematipour. Y la duda ya no es solo si está herido, en coma o escondido, sino qué clase de país y de régimen le quedará por gobernar si la guerra deriva en una supervivencia agónica, una implosión interna o una militarización aún mayor del poder.

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