La geopolítica tiene una curiosa tendencia a hacernos centrar la atención en un punto concreto y no mirar todo lo que hay alrededor. Con la escala de la tensión en el estrecho de Ormuz, todas las miradas estaban puestas en el crudo y el precio de la gasolina; sin embargo, los expertos avisan que los fertilizantes también están en el punto de mira. Y la realidad es que su colapso puede provocar la falta de alimentos en nuestras cosechas, ya que la gran mayoría dependen de estos.
Un motor invisible. Pese a que el mundo parece que se ha olvidado de los fertilizantes que llegan por el estrecho de Ormuz, la realidad es que podemos afirmar que la humanidad no puede existir sin la química orgánica. Y no es para menos, porque más de la mitad de los alimentos producidos a nivel mundial están disponibles gracias a los fertilizantes minerales, como apunta la IFDC.
Si vamos más allá, los estudios apuntan que los fertilizantes nitrogenados sintéticos sostienen la alimentación de casi la mitad de la población mundial. Y lo peor de todo es que, sin este aporte mineral, las cosechas globales se reducirán directamente a la mitad, por lo que no hablamos de un producto que mejora el rendimiento de forma marginal, sino que hablamos del pilar de un sistema alimentario que sostiene a 8.000 millones de personas.
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Un cuello de botella. En este contexto de dependencia absoluta, el foco mediático resulta paradójico. La atención internacional y la vigilancia logística se centran casi en exclusiva en los combustibles fósiles, obviando que los fertilizantes son una industria altamente concentrada e íntimamente ligada al gas natural.
Pero organismos como la UNCTAD y medios como EFE han puesto cifras al desastre al estimar que un tercio del comercio marítimo global de fertilizantes pasa por el estrecho de Ormuz. Esto hace que las interrupciones logísticas en el Golfo Pérsico afecten directamente a millones de toneladas de insumos agrícolas, lo que para la ONU es sin duda una gran afectación a la seguridad alimentaria mundial.
No hay reservas. En estas últimas semanas hemos visto cómo diferentes gobiernos han anunciado a bombo y platillo la liberación de miles de barriles de petróleo que hay en las reservas nacionales. Una estrategia que se ha ido construyendo en estos últimos años para poder amortiguar este tipo de shocks geopolíticos, pero con los fertilizantes no existe tal cosa.
Tiene consecuencias. Los análisis de los expertos apuntan en este caso que la interrupción de la cadena de fertilizantes tiene un impacto de lleno en el campo, ya que cualquier interrupción impacta de lleno en el banco. Aquí tanto la FAO como el Banco Mundial llevan meses advirtiendo que la suspensión de los envíos desde el Golfo puede disparar los precios de los alimentos casi al instante, afectando severamente a los países que dependen de las importaciones de alimentos.
Pero el problema es que ahora mismo hay una importante falta de infraestructura, puesto que estamos viendo que el sector está dominado por unos pocos actores como son Rusia, China, India y Estados Unidos. Esto, sumado a la escasez de redes de almacenamiento a largo plazo, nos hace plantearnos que el precio de los alimentos puede sufrir un gran aumento en las próximas semanas, así como tener una mala cosecha de 2026.
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Medidas para paliarlo. Desde el Gobierno de España se aprobó recientemente un nuevo texto que, además de bajar los impuestos relacionados con la energía, también apostó por inyectar dinero al sector primario. En este caso se ofrecieron ayudas directas para poder compensar en parte esta subida de los fertilizantes con el objetivo de que no se traslade la subida de manera íntegra a la cesta de la compra.
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La noticia
Estamos vigilando el material equivocado: el mundo tiembla por el petróleo de Ormuz mientras ignora lo que alimenta al 50% del planeta
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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Estamos vigilando el material equivocado: el mundo tiembla por el petróleo de Ormuz mientras ignora lo que alimenta al 50% del planeta
El Gobierno de España ha impulsado diferentes ayudas para paliar el impacto de la falta de fertilizantes
La geopolítica tiene una curiosa tendencia a hacernos centrar la atención en un punto concreto y no mirar todo lo que hay alrededor. Con la escala de la tensión en el estrecho de Ormuz, todas las miradas estaban puestas en el crudo y el precio de la gasolina; sin embargo, los expertos avisan que los fertilizantes también están en el punto de mira. Y la realidad es que su colapso puede provocar la falta de alimentos en nuestras cosechas, ya que la gran mayoría dependen de estos.
Un motor invisible. Pese a que el mundo parece que se ha olvidado de los fertilizantes que llegan por el estrecho de Ormuz, la realidad es que podemos afirmar que la humanidad no puede existir sin la química orgánica. Y no es para menos, porque más de la mitad de los alimentos producidos a nivel mundial están disponibles gracias a los fertilizantes minerales, como apunta la IFDC.
Si vamos más allá, los estudios apuntan que los fertilizantes nitrogenados sintéticos sostienen la alimentación de casi la mitad de la población mundial. Y lo peor de todo es que, sin este aporte mineral, las cosechas globales se reducirán directamente a la mitad, por lo que no hablamos de un producto que mejora el rendimiento de forma marginal, sino que hablamos del pilar de un sistema alimentario que sostiene a 8.000 millones de personas.
Un cuello de botella. En este contexto de dependencia absoluta, el foco mediático resulta paradójico. La atención internacional y la vigilancia logística se centran casi en exclusiva en los combustibles fósiles, obviando que los fertilizantes son una industria altamente concentrada e íntimamente ligada al gas natural.
Pero organismos como la UNCTAD y medios como EFE han puesto cifras al desastre al estimar que un tercio del comercio marítimo global de fertilizantes pasa por el estrecho de Ormuz. Esto hace que las interrupciones logísticas en el Golfo Pérsico afecten directamente a millones de toneladas de insumos agrícolas, lo que para la ONU es sin duda una gran afectación a la seguridad alimentaria mundial.
No hay reservas. En estas últimas semanas hemos visto cómo diferentes gobiernos han anunciado a bombo y platillo la liberación de miles de barriles de petróleo que hay en las reservas nacionales. Una estrategia que se ha ido construyendo en estos últimos años para poder amortiguar este tipo de shocks geopolíticos, pero con los fertilizantes no existe tal cosa.
Tiene consecuencias. Los análisis de los expertos apuntan en este caso que la interrupción de la cadena de fertilizantes tiene un impacto de lleno en el campo, ya que cualquier interrupción impacta de lleno en el banco. Aquí tanto la FAO como el Banco Mundial llevan meses advirtiendo que la suspensión de los envíos desde el Golfo puede disparar los precios de los alimentos casi al instante, afectando severamente a los países que dependen de las importaciones de alimentos.
Pero el problema es que ahora mismo hay una importante falta de infraestructura, puesto que estamos viendo que el sector está dominado por unos pocos actores como son Rusia, China, India y Estados Unidos. Esto, sumado a la escasez de redes de almacenamiento a largo plazo, nos hace plantearnos que el precio de los alimentos puede sufrir un gran aumento en las próximas semanas, así como tener una mala cosecha de 2026.
Medidas para paliarlo. Desde el Gobierno de España se aprobó recientemente un nuevo texto que, además de bajar los impuestos relacionados con la energía, también apostó por inyectar dinero al sector primario. En este caso se ofrecieron ayudas directas para poder compensar en parte esta subida de los fertilizantes con el objetivo de que no se traslade la subida de manera íntegra a la cesta de la compra.