Una edición más —y ya van treinta y cuatro—, Estampa abre sus puertas en el Pabellón 5 de Ifema Madrid. La feria reúne 84 galerías, distribuidas entre el Programa General y las secciones Ensayo Futuro y Clásicos Contemporáneos, a las que se suman Interferencias ... y el programa COLECCIONA.
Como viene siendo habitual, tampoco falta la figura del artista invitado: este año, Esther Ferrer. Diversos encuentros, foros y conferencias completan su oferta cultural y artística.
Queda ya muy lejos 1993, cuando Estampa —fiel a su nombre— echó a andar como una feria modesta, vinculada a la edición y a la obra gráfica. Con el paso del tiempo, la cita ha ensanchado su mapa hasta convertirse en una feria generalista. Sin embargo, bajo esa ampliación todavía late su vocación original: acercar el arte a públicos más amplios mediante lenguajes más accesibles económicamente.
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Ahí reside, a mi juicio, su principal virtud.Estampa no pretende imitar a ARCO ni disputarle un terreno que no es el suyo. Ha optado, en cambio, por funcionar como un espejo bastante fiel del coleccionismo y el galerismo, fundamentalmente españoles. Su apuesta consiste en tejer una proximidad sostenida entre coleccionistas, galeristas y público, con un ritmo más sosegado y con precios algo más ajustados a nuestra realidad. Todo ello, sin embargo, se sostiene bajo la sombra afilada de un IVA del 21% que, como espada de Damocles, continúa pendiendo sobre la frágil cabeza del mercado del arte en España.
El Programa General confirma el peso del sector galerístico nacional, con nombres prestigiosos como 1MiraMadrid, Cayón, Álvaro Alcázar, Juan Silió, Max Estrella, Daniel Cuevas, Moisés Pérez de Albéniz o Espacio Mínimo, junto a otros no menos interesantes como Isabel Hurley, La Gran o Llamazares.
También aparecen algunas galerías extranjeras que amplían el horizonte de la convocatoria, caso de Wizard, de Milán; São Mamede, de Lisboa y Proyecto H, entre México y Madrid. El resultado convierte Estampa en una radiografía razonablemente fiable del panorama nacional, en vez de en una réplica de feria internacional más. Sus organizadores saben que esa no es su liga y han preferido consolidar un perfil propio antes que perseguir una internacionalización de escaparate.
Vinculada al Programa General, Ensayo Futuro —comisariada por Jesús Alcaide— parece consolidarse. Nacida el año pasado, reúne ocho proyectos, entre ellos, Enhorabuena Espacio, Garage Bonilla, Ilgaz Yildiz Gallery, Panarteria, y Project Space AP1. La sección está concebida para estructuras de reciente creación y funciona casi como un termómetro de nuevas formas de entender el galerismo. Su interés no se limita a los artistas representados, también reside en los modelos económicos y culturales que propone: Espacios híbridos, estructuras flexibles, estrategias digitales y nuevas maneras de tender puentes entre artistas y públicos, un paisaje que quizá anticipe la evolución del sector, aunque todavía esté por comprobar su sostenibilidad.
Muy ligada a esta sección debemos citar Interferencias, un programa de conversaciones con comisarios europeos en el que se aborda la transformación del modelo de galería, las estrategias de comunicación y el papel —cada vez más presente— de la inteligencia artificial en estos procesos. Es, sin duda, uno de los asuntos del momento, aunque su presencia en las mesas redondas no siempre garantice una reflexión verdaderamente crítica sobre sus consecuencias.
Conviene mencionar también una sección menos conocida, pero necesaria para completar el mapa comercial de la feria: el regreso de Clásicos Contemporáneos, con espacios como Lorenart, Havet Gallery, Jorge Juan o MDA. Se trata de la puerta de entrada al segundo mercado, más relevante de lo que a menudo se reconoce, y también de un recurso que permite ampliar cronológicamente el arco temporal de Estampa.
A esta oferta se suman dos citas que forman parte del ADN de Estampa y que contribuyen a distinguirla de otras convocatorias feriales.
La primera es COLECCIONA, nacida en 2014 y definida por la propia feria como una plataforma destinada a estimular y normalizar el mecenazgo cultural privado. Su actividad se concreta en un amplio programa de encuentros, publicaciones, estudios y convocatorias orientado a fomentar el coleccionismo de arte contemporáneo. Su decimotercera edición, enteramente vinculada a la feria, se ha desarrollado entre marzo y junio de 2026. Hay, en este programa, un dato especialmente revelador: su patronato asesor está integrado precisamente por coleccionistas nacionales de renombre. En un gesto que define la identidad de la feria, el coleccionista deja de ser el destinatario final del proceso para convertirse en parte de su propia arquitectura.
A ello se suma la presencia de conocidas empresas interesadas tanto en conceder premios como en incorporar proyectos artísticos a sus estrategias corporativas. La alianza entre arte y empresa sigue siendo una vía necesaria de financiación, pero también un territorio que exige una mirada vigilante para evitar que la cultura quede reducida a una herramienta de legitimación institucional o de construcción de marca.
Se mantiene también un año más otra de las señas de identidad de Estampa: la elección del artista invitado. En esta ocasión, la protagonista es Esther Ferrer (San Sebastián, 1937), una de las figuras esenciales del arte conceptual español. Su obra, construida sobre el tiempo, el espacio, la repetición, el azar y el absurdo, recurre a la fotografía, el dibujo, el collage, el sonido y el propio cuerpo como materiales de trabajo.
Ferrer presentará una pieza creada expresamente para esta edición y, en paralelo, la feria le dedicará una exposición retrospectiva con obras procedentes de colecciones privadas residentes en España. El gesto admite una doble lectura. Por un lado, funciona como homenaje a una artista histórica cuya trayectoria resulta indispensable para comprender buena parte del arte conceptual español. Por otro, constituye una prueba palpable del papel que desempeña el coleccionismo privado en la conservación y circulación de su legado.
En suma, la feria se sostiene sobre unos ejes claros: la renovación del galerismo, la construcción de un coleccionismo cercano, una mediación curatorial cada vez más presente y unas alianzas más firmes entre mercado, instituciones y empresas. Con ellos trata de definir su lugar específico en el ecosistema ferial español. Su principal desafío será demostrar que esa escala propia no es únicamente una estrategia de posicionamiento, sino también una respuesta viable a los problemas estructurales del arte en España.
Estampa ofrece, en ese sentido, una radiografía plausible del mercado nacional: suficientemente amplia para mostrar sus tendencias, pero también lo bastante cercana como para dejar a la vista sus carencias. Entre la renovación y la precariedad, entre el impulso institucional y la dependencia privada, la feria vuelve a ocupar un espacio que no pretende ser central, pero sí necesario.
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Estampa 2026: una posible radiografía del mercado de arte en España
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