Los rojillos recibieron cinco goles a causa de un brillante Lucas Boyé
- IKER CANOSA
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- Alavés 5-2 Osasuna. Lucas Boyé se lleva el premio en la 'Feria del delantero antiguo' de Vitoria
Si por algo ha destacado Osasuna en estas primeras jornadas de liga es por su solidez defensiva. Un gol en tres jornadas había propiciado un arranque fantástico del conjunto navarro, que sumó siete puntos de nueve posibles. Algo idílico para un entrenador como Luis Miguel Ramis, enfocado por completo en una idea de juego que parte de la base de la portería a cero.
Sin embargo, el Alavés y, en especial, Lucas Boyé tenían otros planes. El encuentro en Mendizorroza dejó una imagen de Osasuna endeble y débil en el aspecto defensivo. Prueba de ello no son solamente los cinco goles recibidos, sino la facilidad y poca oposición que han tenido los goleadores en todos y cada uno de los tantos. Ni siquiera un, como siempre, colosal Ante Budimir pudo evitar la tragedia.
En resumen, fue un partido para el olvido que se saldó con una “manita” del vecino vitoriano y, para mayor decepción, la cerró uno “de casa” como Pablo Ibáñez. El jugador natural de Mutilva pidió perdón después de anotar gracias a un remate picado con la testa.
Definitivamente, si algo está claro es que este Osasuna no es “el Osasuna de Ramis” y que es probable que quede en anécdota para un técnico tan especializado en controlar los partidos desde la zaga.
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