El Tin Can estándar, disponible en cuatro colores y que cuesta 100 dólares, parece una lata de sopa de color caramelo. También existe el modelo "retro" llamado The Flashback, que es casi idéntico a un teléfono clásico y también se consigue por 100 dólares. Las llamadas entre Tin Cans son gratuitas, pero la compañía cobra 10 dólares al mes a los usuarios que llaman fuera de la red de Tin Can. Los padres establecen las reglas: añaden números a una lista de llamadas aprobadas y solo se realizan llamadas desde y hacia esos números, y solo en horarios preestablecidos, por ejemplo, entre las 8 am y las 8 pm. Los adultos también pueden monitorear los registros de llamadas. Digamos que es espionaje con el consentimiento tácito del espiado; un estado de vigilancia electrónica en miniatura.
Algunos padres han intentado resolver el problema de las pantallas intrusivas comprando a sus hijos relojes inteligentes; otros optan por los típicos dumb phones. Pero estos productos permiten a los adultos saber dónde están sus hijos en cada momento. Con el Tin Can, los niños se centran más en usar la voz para comunicarse.
Y eso es todo. Tampoco muestran las llamadas perdidas ni permiten enviar mensajes de texto. En una época en la que a casi todo el mundo se le empuja hacia un compromiso adictivo, basado en la pantalla y el scroll infinito, dar a los niños la oportunidad de perderse en una conversación puede parecer increíblemente atractivo para los padres.
Ilustración: Madeleine LeBrun¿Existe una alternativa al scroll infinito?Ilustración: Madeleine LeBrunPor qué no es nada fácil desmantelar una supercomputadora de 325 millones de dólaresWIRED. Adaptado por Alondra Flores.