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Esto es lo que pasa (de verdad) en una terapia sexual

Esto es lo que pasa (de verdad) en una terapia sexual
Artículo Completo 985 palabras
Para curiosos... e interesados: «Muchos pacientes piensan que están rotos para siempre», cuenta una sexóloga, que desvela qué se cuece dentro de una consulta
Esto es lo que pasa (de verdad) en una terapia sexual

Para curiosos... e interesados: «Muchos pacientes piensan que están rotos para siempre», cuenta una sexóloga, que desvela qué se cuece dentro de una consulta

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Solange Vázquez

28/06/2026 Actualizado a las 19:04h.

Te duele la espalda, vas al fisio. Engordas, al nutricionista. ¿Un callo? Al podólogo. Psiquiatra o psicólogo si hay ansiedad, o dentista si nos duele ... una muela. El caso es que lo normal –y conveniente– es acudir a expertos para ir solucionando los malestares que nos van surgiendo. Más que nada para evitar que la lista crezca demasiado y que las cuestiones de salud se nos hagan bola y nos superen porque tenemos un montón de problemas desatendidos. Pero hay un especialista al que aún no nos animamos a ir con tanta naturalidad... el sexólogo. ¿Quién ha acudido a terapia sexual? ¿Conocemos a alguien que lo haya hecho? Puede ser que sí, pero no son muchos y, además, en la mayoría de las ocasiones es una cuestión que no se airea... De ahí que a todos nos suscite cierta curiosidad –y morbo, mucho morbo– lo que pasa dentro de esas consultas.

El arranque...

Al principio, «lo habitual es que haya cierta inquietud o dudas, pero también alivio por haber dado el paso». Ocurre en los minutos antes de la consulta, ya sea online o presencial, donde sí es verdad que el rato en la sala de espera, si somos novatos, es... curioso. Miradas cruzadas, pensamientos de 'se me nota qué me pasa' o 'de qué pie cojeará el de enfrente', que tiene cara de...'. El caso es que en ambos casos esto se pasa rápido cuando se ponen cara a cara con el terapeuta, «que enseguida se centra en generar un espacio seguro, sin juicio, donde puedan explicar qué les preocupa», indica Montes. Así que si al principio no notas que van al grano... es por eso. Primero hay que asentar un escenario cómodo y de confianza. «El escepticismo inicial es normal porque la sexología todavía se percibe erróneamente como algo casi mágico, y no como la rama de la psicología que realmente es», apunta la psicóloga.

Una charla tonta... o no tanto

Empieza a fluir la conversación y enseguida nos daremos cuenta de que... «¡no hay nada raro ni incómodo!», se felicita Montes. Es una conversación profesional y estructurada. Es decir, a los pacientes puede parecerles una charla distendida sin mucha sustancia, pero en realidad el profesional ya está recabando información... el trabajo ha empezado sin que nos demos mucha cuenta.

Empiezan las confesiones

Los casos más frecuentes tienen que ver con dificultades de deseo, problemas de excitación u orgasmo, dolor en las relaciones, eyaculación precoz, disfunción eréctil y, muy frecuentemente, dificultades de comunicación en pareja relacionadas con la sexualidad.

En las consultas nunca hay contacto físico, desnudez ni demostraciones; eso solo existe en nuestra imaginación... infantil. Los terapeutas se centran en desmontar inseguridades para terminar con bloqueos y en mejorar la comunicación de pareja. Además, en terapia nunca te van a apretar para que reveles información que no estás preparado para compartir. Así que tranquilidad.

¿Resultados?

En general, los problemas sexuales responden bien, según Montes. «Las dificultades más conductuales o específicas suelen evolucionar más rápido. Los casos más complejos suelen implicar factores emocionales, de pareja o de historia personal, y requieren más tiempo. Por eso no hay una duración estándar: pueden ser casos que necesiten desde pocas sesiones hasta procesos más largos, según cada caso», desvela.

Según explica, «casi todo tiene una mejora sustancial». A veces la solución no es volver a funcionar como a los 20 años, sino adaptar la sexualidad a la realidad de cada persona (edad, medicación, salud) para que vuelva a ser placentera. «El objetivo no es tanto el rendimiento, sino el disfrute», aclara. Por eso, más que de solución en términos absolutos, hablamos de una mejora significativa.

¿Final feliz?

«Muchos llegan pensando que lo suyo es algo físico o roto para siempre. Cuando ven que con ejercicios y un cambio de enfoque el problema mejora, la frase más común es: ¿Por qué no habré venido antes? Muchas personas no esperaban que el cambio fuera posible o tan accesible una vez entienden qué estaba pasando», detalla Montes, quien considera que seguimos suspendiendo en formación, aunque tengamos mucha información. Ella oye de todo en consulta. Y ha comprobado algo sorprendente: muchas personas ni siquiera conocen su propia anatomía básica. Imaginemos, pues, lo que saben de la de su pareja...

El poder de la lengua: solo hablar de sexo ya aumenta el deseo

«El deseo no es un grifo que se abre, es un fuego que hay que alimentar», advierte Montes. Por eso, al agendar una cita con el sexólogo, el paciente ya está poniendo su energía y su pensamiento en su vida sexual. «Así que priorizar la sexualidad en la agenda es el primer paso para reactivar el deseo y el simple hecho de poner atención en la sexualidad, hablar de ello y legitimarlo ya puede generar cambios –asegura–. Como me gusta decir, de lo que no se habla, no existe». Tal y como afirma, históricamente las mujeres han tenido más facilidad para pedir ayuda psicológica. Sin embargo, en los últimos años el porcentaje de hombres ha crecido exponencialmente. «Ellos están rompiendo el mito de que deben saberlo todo por naturaleza y están empezando a permitirse ser vulnerables», destaca.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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