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Esto es lo que va a ocurrir en la F1 de 2026 (1)

Esto es lo que va a ocurrir en la F1 de 2026 (1)
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La Fórmula 1 de 2026 se juega en muchos frentes. Olvídate del motor. Olvídate de la gasolina. Olvídate de los cilindros con pistones mutantes. Olvídate de los pilotos, del chasis y de la aerodinámica. Olvídate de todo eso, porque es importante, pero nada de esto será la clave de la temporada. El equipo que gane el título de este año será el equipo más eficaz de todos, el más pulido, el más consistente en todas las asignaturas. El problema es que, con apenas unos días de test de pretemporada disputados, no sabemos cuál es. Existe la posibilidad de que por la cabeza del lector informado pase la idea de que lo expuesto se trata de una chorrada. Es razonable pensar que el equipo más eficiente es el que gana, o sea, McLaren el año pasado. Pues no: el equipo más eficiente del año pasado fue el equipo Williams, que pasó de casi cerrar la parrilla a terminar quinto. Se habrá confundido eficiencia con eficacia, y no es lo mismo. La formación de Sir Frank realizó un año extraordinario en 2025; pasaron de novenos a quintos en una zancada de cuatro pisos. Su primer espada, Carlos Sainz, recabó dos pódiums, cuando en la temporada previa en ninguna cita pasaron del séptimo casillero en la clasificatoria. Si hubiera que elegir a la formación más mejorada, los de Grove serían sin duda los galardonados. Pero los que mejor lo hicieron y, por lo tanto, los más eficaces, fueron McLaren, de ahí su título. La tercera pata coja sobre la que se van a sustentar las dificultades de McLaren va a ser el dinero Empezar de cero El panorama de este 2026 es confuso, rocoso y árido para todos, desde el tipo de la seguridad en la puerta hasta su director general. La FIA ha metido en un jaleo XXL a los diez sospechosos habituales más el añadido de Cadillac. El equipo que lleva la bandera del Tío Sam no padecerá los rigores de los cambios, aunque tiene su penitencia particular en forma de aclimatarse a la categoría. Lo sufrirá, pero de otra manera. Los directivos de la Plaza de la Concordia parisina decidieron cambiarlo todo: chasis, peso, tamaño, motorización, aerodinámica y hasta la gasolina. Una cirugía de arriba abajo de la anatomía de los monoplazas que se les van a atragantar a todos… menos a uno: al más eficaz. Lo que va a ocurrir es lo siguiente: este año va a haber un equipo que va a acertar en el mayor número de asignaturas, va a dejar atrás a la mayoría en las primeras carreras y dominará sin demasiados estorbos al menos el primer tercio del calendario, y es probable que hasta verano. Aglutinará muchos puntos a principios de año y se impondrá al resto sin dificultades al final del todo gracias a esa ventaja. Unos cuantos abandonarán sus monoplazas ante la tesitura, repleta de dificultades y problemas irresolubles en el corto plazo, y se abonará a las necesidades de 2027 ante una situación inabarcable. Algún equipo, puede que más de uno, se va a dar una castaña notable por haber fallado en el concepto, ya sea de chasis, de aerodinámica, en lo relacionado con su motor o con sus tratos con la gasolina. Es bastante probable que una o varias reglas se modifiquen ante los castañazos. Esto podrá ocurrir a petición de los damnificados o porque la FIA observe el carajal en que han metido a unos equipos que han digerido mal las nuevas reglas y quedan como La Tota ante público y accionistas. Vamos a lo concreto. McLaren tiene una dura tarea por delante para defender su título. McLaren, equipo cliente McLaren, muy meritorios e indiscutibles ganadores los dos últimos años, van a pasar apreturas, y por dos motivos y medio. El primero, de menor peso y siempre en la balanza, es que el liderato cansa. Mantenerse arriba del todo con un cambio de reglas es complicado, costoso en todos los sentidos, y apretar hasta el fin de la temporada previa suele pasar factura en la siguiente. El antónimo de esta situación sería a todas luces Ferrari, que de manera aparente bajó los brazos muy pronto en 2025, y es de suponer que todos los recursos no aplicados ante una pelea fútil pasasen al desarrollo de lo venidero. El segundo problema que va a tener McLaren es que es un equipo cliente. Hacía décadas que un equipo cliente no ganaba títulos. El grado de conectividad requerido entre el propulsor y el resto de la maquinaria es cada día mayor, pero en especial cuando su arquitectura cambia de manera masiva como es el caso de este 2026. Los clientes dispondrán de motores equiparables —que no exactamente iguales—, pero la clave será disponer de la mejor y más rápida información por un lado y de una exposición de las necesidades relacionadas con un conjunto concreto por otro. El resto, que se coma el menú que pidieron los ingenieros que trabajan bajo el mismo techo. Según la tecnología de esta arquitectura de potencia al 50/50 entre lo térmico y lo eléctrico vaya madurando, esta materia irá perdiendo peso, pero estará presente. Quien quiera comprobarlo, que estudie la historia de lo que ocurrió en 2014 y años posteriores. Lewis Hamilton exprime su Ferrari SF-26 en el circuito de BaréinEn la era híbrida, desde 2014 y hasta 2021, los clientes no pillaron cacho alguno, si se considera a Red Bull destinatario de los mejores y más extremos diseños de los motores Renault. Los galos les pasaban lo último de lo último a sabiendas de que sacarían con ellos resultados imposibles para su propio equipo; a cambio se quedaban los más fiables. Si se observa con atención, los Renault no rompían nunca, y su imagen no quedaba en entredicho, pero cuando los monoplazas austriacos ganaban, bien que sacaban pecho de lo recabado. Cuestión de dinero La tercera pata coja sobre la que se van a sustentar las dificultades de McLaren va a ser el dinero. Tienen, que bien se lo ganaron y Zak Brown se lo busca, y este no es el problema. Lo es que el resto también lo tiene, pero ahora se lo puede gastar. La emergencia de los de Woking no solo vino por su poco discutible buen hacer, sino porque los que llevaban años gastaron a manos llenas sufrieron de ahorritis. Las limitaciones presupuestarias caparon sus movimientos y lo que hasta hace unos años era gastar sin límites, ahora es sopesar leuro a leuro si se puede hacer, si merece la pena o si la mejora aportaría un avance de peso beneficioso de verdad. Los varios cientos de ingenieros de cada equipo suelen ser gente brillante, con grandes ideas y muy conocedora del suelo que pisa. Con la catarata de datos que manejan tienden a saber dónde falla su coche, y atacan las carencias con esmero. Las reuniones directivas, los que deciden qué se hace y cómo se gastan los cuartos, reciben un informe con las mejoras propuestas, en qué medida mejorarían el coche, cuánto tiempo les iba a llevar implementarlas en sus bólidos y, sobre todo, cuánto iban a costar. Si la idea se sale del presupuesto, no hay mejora. Las bridas de la FIA ante el arrojo de dinero sobre los coches han sido hasta ahora de 140 millones de dólares, con algún pequeño cambio debido al IPC o las particularidades del franco suizo de Sauber/Audi. Ahora la cartera se abrirá hasta los 215 millones y esto permitirá a los equipos más pudientes inyectar casi un 40 % más en sus coches. Si hasta hoy Mercedes, Red Bull y Ferrari llevaban el freno de mano echado, esto va a cambiar. Los contractors Cada equipillo tiene su librillo, y una pequeña anécdota italiana habla de esta cuita. Los empleados rojos están discriminados por el color de su lanyard, esa correa pescuecera de la que pende la tarjeta identificativa que abre puertas y accesos. Los de las correas rojas mandan, los de las azules mandan menos; si los primeros son de la plantilla italiana, los segundos son considerados contractors, esto es, externos. Aston Martin es uno de los que aspira a unirse al grupo de equipos punteros.Cuando uno de los contractors decide quedarse tres horas más una noche de jueves porque nadie le espera en casa, ejecuta una pequeña ceremonia. Se levanta de su mesa, va al de la correilla roja que hay en un despacho de paredes acristaladas y le dice: capo, que me quedo tres horas más, que si me las firmas. El encargado del departamento se ajusta sus gafas, sonríe, asiente con la cabeza y con satisfacción autoriza el pago de un pellizco extra a fin de mes al solicitante. A cambio de tres horas más, podrá invitar a cenar a su pareja en un comedero fetén de Modena. El del lanyard colorao no sonreía satisfecho por las ganas que le echaba su acólito, no, es por otra cosa. Ese encargado tiene un presupuesto anual para que su gente implemente mejoras en el coche de ese año. Si al final de la temporada el bólido no mejoró lo suficiente como para ganar y quedó dinero de sobra en ese cajón, el capo del despacho transparente tendrá que dar explicaciones de por qué no se gastó esa pasta que tenía disponible para que sus inventos corrieran más. El del lanyard colorao sonreía porque le estaban quitando el tener que andar dando explicaciones a final de año. La autopsia en vida a lo que hagan el resto de escuderías, en la segunda parte de esta viruta.
Esto es lo que va a ocurrir en la F1 de 2026 (1)

Olvídate del motor. Olvídate de la gasolina. Olvídate de los cilindros con pistones mutantes. Olvídate de los pilotos, del chasis y de la aerodinámica. Olvídate de todo eso, porque es importante, pero nada de esto será la clave de la temporada.

La Fórmula 1 de 2026 se juega en muchos frentes.José M. Zapico[email protected]

Publicado: 12/02/2026 10:00

13 min. lectura

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El equipo que gane el título de este año será el equipo más eficaz de todos, el más pulido, el más consistente en todas las asignaturas. El problema es que, con apenas unos días de test de pretemporada disputados, no sabemos cuál es.

Existe la posibilidad de que por la cabeza del lector informado pase la idea de que lo expuesto se trata de una chorrada. Es razonable pensar que el equipo más eficiente es el que gana, o sea, McLaren el año pasado. Pues no: el equipo más eficiente del año pasado fue el equipo Williams, que pasó de casi cerrar la parrilla a terminar quinto. Se habrá confundido eficiencia con eficacia, y no es lo mismo.

La formación de Sir Frank realizó un año extraordinario en 2025; pasaron de novenos a quintos en una zancada de cuatro pisos. Su primer espada, Carlos Sainz, recabó dos pódiums, cuando en la temporada previa en ninguna cita pasaron del séptimo casillero en la clasificatoria. Si hubiera que elegir a la formación más mejorada, los de Grove serían sin duda los galardonados. Pero los que mejor lo hicieron y, por lo tanto, los más eficaces, fueron McLaren, de ahí su título.

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Empezar de cero

El panorama de este 2026 es confuso, rocoso y árido para todos, desde el tipo de la seguridad en la puerta hasta su director general. La FIA ha metido en un jaleo XXL a los diez sospechosos habituales más el añadido de Cadillac. El equipo que lleva la bandera del Tío Sam no padecerá los rigores de los cambios, aunque tiene su penitencia particular en forma de aclimatarse a la categoría. Lo sufrirá, pero de otra manera.

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Los directivos de la Plaza de la Concordia parisina decidieron cambiarlo todo: chasis, peso, tamaño, motorización, aerodinámica y hasta la gasolina. Una cirugía de arriba abajo de la anatomía de los monoplazas que se les van a atragantar a todos… menos a uno: al más eficaz.

Lo que va a ocurrir es lo siguiente: este año va a haber un equipo que va a acertar en el mayor número de asignaturas, va a dejar atrás a la mayoría en las primeras carreras y dominará sin demasiados estorbos al menos el primer tercio del calendario, y es probable que hasta verano. Aglutinará muchos puntos a principios de año y se impondrá al resto sin dificultades al final del todo gracias a esa ventaja. Unos cuantos abandonarán sus monoplazas ante la tesitura, repleta de dificultades y problemas irresolubles en el corto plazo, y se abonará a las necesidades de 2027 ante una situación inabarcable.

Algún equipo, puede que más de uno, se va a dar una castaña notable por haber fallado en el concepto, ya sea de chasis, de aerodinámica, en lo relacionado con su motor o con sus tratos con la gasolina. Es bastante probable que una o varias reglas se modifiquen ante los castañazos. Esto podrá ocurrir a petición de los damnificados o porque la FIA observe el carajal en que han metido a unos equipos que han digerido mal las nuevas reglas y quedan como La Tota ante público y accionistas.

Vamos a lo concreto.

McLaren tiene una dura tarea por delante para defender su título.

McLaren, equipo cliente

McLaren, muy meritorios e indiscutibles ganadores los dos últimos años, van a pasar apreturas, y por dos motivos y medio. El primero, de menor peso y siempre en la balanza, es que el liderato cansa. Mantenerse arriba del todo con un cambio de reglas es complicado, costoso en todos los sentidos, y apretar hasta el fin de la temporada previa suele pasar factura en la siguiente. El antónimo de esta situación sería a todas luces Ferrari, que de manera aparente bajó los brazos muy pronto en 2025, y es de suponer que todos los recursos no aplicados ante una pelea fútil pasasen al desarrollo de lo venidero.

El segundo problema que va a tener McLaren es que es un equipo cliente. Hacía décadas que un equipo cliente no ganaba títulos. El grado de conectividad requerido entre el propulsor y el resto de la maquinaria es cada día mayor, pero en especial cuando su arquitectura cambia de manera masiva como es el caso de este 2026. Los clientes dispondrán de motores equiparables —que no exactamente iguales—, pero la clave será disponer de la mejor y más rápida información por un lado y de una exposición de las necesidades relacionadas con un conjunto concreto por otro. El resto, que se coma el menú que pidieron los ingenieros que trabajan bajo el mismo techo.

Según la tecnología de esta arquitectura de potencia al 50/50 entre lo térmico y lo eléctrico vaya madurando, esta materia irá perdiendo peso, pero estará presente. Quien quiera comprobarlo, que estudie la historia de lo que ocurrió en 2014 y años posteriores.

Lewis Hamilton exprime su Ferrari SF-26 en el circuito de Baréin

En la era híbrida, desde 2014 y hasta 2021, los clientes no pillaron cacho alguno, si se considera a Red Bull destinatario de los mejores y más extremos diseños de los motores Renault. Los galos les pasaban lo último de lo último a sabiendas de que sacarían con ellos resultados imposibles para su propio equipo; a cambio se quedaban los más fiables. Si se observa con atención, los Renault no rompían nunca, y su imagen no quedaba en entredicho, pero cuando los monoplazas austriacos ganaban, bien que sacaban pecho de lo recabado.

Cuestión de dinero

La tercera pata coja sobre la que se van a sustentar las dificultades de McLaren va a ser el dinero. Tienen, que bien se lo ganaron y Zak Brown se lo busca, y este no es el problema. Lo es que el resto también lo tiene, pero ahora se lo puede gastar. La emergencia de los de Woking no solo vino por su poco discutible buen hacer, sino porque los que llevaban años gastaron a manos llenas sufrieron de ahorritis. Las limitaciones presupuestarias caparon sus movimientos y lo que hasta hace unos años era gastar sin límites, ahora es sopesar leuro a leuro si se puede hacer, si merece la pena o si la mejora aportaría un avance de peso beneficioso de verdad.

Los varios cientos de ingenieros de cada equipo suelen ser gente brillante, con grandes ideas y muy conocedora del suelo que pisa. Con la catarata de datos que manejan tienden a saber dónde falla su coche, y atacan las carencias con esmero. Las reuniones directivas, los que deciden qué se hace y cómo se gastan los cuartos, reciben un informe con las mejoras propuestas, en qué medida mejorarían el coche, cuánto tiempo les iba a llevar implementarlas en sus bólidos y, sobre todo, cuánto iban a costar. Si la idea se sale del presupuesto, no hay mejora.

Las bridas de la FIA ante el arrojo de dinero sobre los coches han sido hasta ahora de 140 millones de dólares, con algún pequeño cambio debido al IPC o las particularidades del franco suizo de Sauber/Audi. Ahora la cartera se abrirá hasta los 215 millones y esto permitirá a los equipos más pudientes inyectar casi un 40 % más en sus coches. Si hasta hoy Mercedes, Red Bull y Ferrari llevaban el freno de mano echado, esto va a cambiar.

Los contractors

Cada equipillo tiene su librillo, y una pequeña anécdota italiana habla de esta cuita. Los empleados rojos están discriminados por el color de su lanyard, esa correa pescuecera de la que pende la tarjeta identificativa que abre puertas y accesos. Los de las correas rojas mandan, los de las azules mandan menos; si los primeros son de la plantilla italiana, los segundos son considerados contractors, esto es, externos.

Aston Martin es uno de los que aspira a unirse al grupo de equipos punteros.

Cuando uno de los contractors decide quedarse tres horas más una noche de jueves porque nadie le espera en casa, ejecuta una pequeña ceremonia. Se levanta de su mesa, va al de la correilla roja que hay en un despacho de paredes acristaladas y le dice: capo, que me quedo tres horas más, que si me las firmas. El encargado del departamento se ajusta sus gafas, sonríe, asiente con la cabeza y con satisfacción autoriza el pago de un pellizco extra a fin de mes al solicitante. A cambio de tres horas más, podrá invitar a cenar a su pareja en un comedero fetén de Modena.

El del lanyard colorao no sonreía satisfecho por las ganas que le echaba su acólito, no, es por otra cosa. Ese encargado tiene un presupuesto anual para que su gente implemente mejoras en el coche de ese año. Si al final de la temporada el bólido no mejoró lo suficiente como para ganar y quedó dinero de sobra en ese cajón, el capo del despacho transparente tendrá que dar explicaciones de por qué no se gastó esa pasta que tenía disponible para que sus inventos corrieran más. El del lanyard colorao sonreía porque le estaban quitando el tener que andar dando explicaciones a final de año.

La autopsia en vida a lo que hagan el resto de escuderías, en la segunda parte de esta viruta.

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