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Estruendoso abucheo a Donald Trump en su propia ciudad: su presencia arruina la gran fiesta de los Knicks en Nueva York

Estruendoso abucheo a Donald Trump en su propia ciudad: su presencia arruina la gran fiesta de los Knicks en Nueva York
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La presencia del presidente de EEUU ha obligado a cancelar la fiesta prevista frente al Madison Square Garden. Los aficionados han sufrido colas de dos horas. Más información: "Golazo" del Papa León XIV ante 70.000 fieles eufóricos en el Bernabéu: vuelta de honor y cinco minutos de aplausos

Donald Trump y su nieta Kai durante los abucheos en el Madison Square Garden. REUTERS/Nathan Howard

EEUU Estruendoso abucheo a Donald Trump en su propia ciudad: su presencia arruina la gran fiesta de los Knicks en Nueva York

La presencia del presidente de EEUU ha obligado a cancelar la fiesta prevista frente al Madison Square Garden. Los aficionados han sufrido colas de dos horas.

Más información: "Golazo" del Papa León XIV ante 70.000 fieles eufóricos en el Bernabéu: vuelta de honor y cinco minutos de aplausos

Corresponsal en EEUU Publicada 9 junio 2026 06:43h Las claves

Las claves Generado con IA

Donald Trump ha vuelto esta madrugada al Madison Square Garden, el templo donde durante años fue una celebridadmás de Nueva York. Pero ya no ha entrado como el magnate que se sentaba a pie de pista entre actores, empresarios y viejas glorias de los Knicks.

Ha entrado como presidente. Con comitiva, Servicio Secreto, calles cortadas, vallas metálicas, controles extremos y una fiesta cancelada en la puerta.

La ciudad quería celebrar su primera final de la NBA en casa desde 1999. Los Knicks llegaban al tercer partido contra los San Antonio Spurs con ventaja de 2-0 y trece victorias consecutivas.

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Buscaban acercarse a un título que no ganan desde 1973. El Madison estaba preparado para una noche de baloncesto, memoria y fiebre neoyorquina. Pero antes de que botara el balón, la pantalla gigante ha dejado de mirar a los jugadores y ha enfocado a Trump.

Ha aparecido durante el himno. Estaba de pie en un palco, junto a James Dolan, propietario de los Knicks y viejo aliado suyo. Ha sonreído. Se ha llevado la mano a la sien. Ha mantenido el saludo mientras sonaba el himno nacional. Y el Garden ha respondido con una pitada.

Look how fast they took Trump’s face off the screen after the crowd erupts in boos. pic.twitter.com/MFFKEuBD16

— Ron Filipkowski (@RonFilipkowski) June 9, 2026

No ha sido un murmullo. Tampoco una protesta organizada. Ha sido ese ruido seco de estadio que no necesita pancartas. Abucheos, silbidos y gritos, también aplausos que intentaban mitigar el jaleo, en una de las arenas más famosas del mundo. La imagen ha durado apenas unos segundos.

Ante la reacción del público, la realización ha mostrado a los jugadores de los Knicks y el sonido ha cambiado de golpe. De la bronca a la ovación. De Trump al equipo. De la política a la noche que muchos aficionados llevaban esperando casi tres décadas.

El eco ha llegado también fuera del Madison. En Bryant Park, una de las fiestas alternativas organizadas tras la cancelación de la concentración exterior del Garden, Trump ha vuelto a aparecer en una pantalla al regreso de una pausa publicitaria.

Trump isn’t just getting booed inside of MSG, he’s getting booed all across NYC

Video: AP pic.twitter.com/9mOBEAZ71J

— Acyn (@Acyn) June 9, 2026

La respuesta ha sido la misma: abucheos, en esta ocasión incluso más sonoros. En Brooklyn Bowl, otro de los puntos habilitados para seguir el partido, la escena se ha repetido.

Cuando ha aparecido el presidente, parte del público ha protestado entre gritos de "Nadie te quiere aquí". Cuando la pantalla ha cambiado a Josh Hart y Karl-Anthony Towns, dos de las estrellas de los Knicks, han llegado los aplausos y los puños en alto.

Trump ha hecho historia de una forma incómoda. Se ha convertido en el primer presidente en ejercicio que asiste a una final de la NBA. Barack Obama estuvo en el segundo partido de las finales de 2019, en Toronto, pero ya era expresidente.

Second time it was worse. https://t.co/0OcOSG3qNSpic.twitter.com/HJ4R8JstlM

— Olga Nesterova (@onestpress) June 9, 2026

Esta vez, la Casa Blanca ha entrado en el Garden en plena serie por el título. Y Nueva York ha contestado a su manera. Con ruido.

Una final entre vallas

La presencia de Trump se ha notado mucho antes de que el presidente apareciera en el palco. Desde primera hora, el Madison Square Garden ha dejado de parecer una fiesta y ha empezado a parecer una zona blindada.

La Policía de Nueva York y el Servicio Secreto han cerrado varias calles alrededor del estadio. Han levantado un perímetro de seguridad. Han instalado controles. Han prohibido los bolsos.

Los aficionados habían recibido la orden de llegar al menos dos horas antes. Muchos han esperado más de una hora para entrar. Colas de más de dos manzanas y una seguridad de 'estilo aeropuerto' alrededor del pabellón.

El Madison está en pleno centro de la ciudad, encima de Penn Station, una de las estaciones más transitadas de Manhattan. Cerrar esa zona en una final de la NBA no es solo una cuestión deportiva. Es tocar una arteria de la ciudad.

Trump is met with loud boos at Madison Square Garden pic.twitter.com/UU7CEzYsRw

— Republicans against Trump (@RpsAgainstTrump) June 9, 2026

La gran fiesta exterior que se había organizado junto al Garden ha sido cancelada por razones de seguridad. En los partidos anteriores, miles de aficionados se habían reunido fuera del estadio para ver a los Knicks en pantallas gigantes y celebrar una temporada histórica.

Esta vez, no. La ciudad ha tenido que mover parte de esas concentraciones a Bryant Park, Central Park y Brooklyn Bowl.

La consecuencia ha sido visible. Accesos lentos. Aficionados irritados. Y una sensación compartida por muchos neoyorquinos: Trump había vuelto a colocar su figura en el centro de una noche que no iba de él.

Nueva York 'rompe' con Trump

La escena del presidente ha tenido una carga simbólica evidente. Trump no estaba en cualquier estadio. Estaba en el que había sido su casa durante años. En su ciudad. En la cancha de un equipo que ha formado parte de su biografía pública desde mucho antes de la política.

Durante los noventa, era una presencia habitual. Se sentaba cerca de la pista. Saludaba. Posaba. Formaba parte de ese Nueva York de celebridades, dinero, fiestas y egos gigantes. Pero aquella ciudad ya no existe. Y aquel Trump, tampoco.

Ahora vive políticamente enfrentado a Nueva York, una ciudad que le ha rechazado de forma clara en las urnas y que se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la oposición urbana al trumpismo.

BREAKING: Crowds BOOO as Trump waves from his Motorcade in NYC, arriving to Knicks MSG Game 3. Protesters gathered holding sign "GO KNICKS, F**K TRUMP" pic.twitter.com/ZhC15UV525

— Oliya Scootercaster 🛴 (@ScooterCasterNY) June 8, 2026

En las presidenciales de 2024, Kamala Harris ganó en la ciudad con cerca del 68% de los votos frente al 30% de Trump. Incluso después de mejorar sus resultados respecto a las anteriores elecciones, el presidente siguió estando muy lejos de disputar los cinco distritos que forman Nueva York.

Volver al Garden como presidente no ha sido regresar a casa. Ha sido entrar en territorio hostil.

El presidente ha acudido acompañado de, entre otros, Lee Zeldin, responsable de la Agencia de Protección Ambiental; Dan Scavino, uno de sus asesores más fieles; Doug Burgum, secretario de Interior; Sean Duffy, secretario de Transporte; y Kai Trump, nieta del presidente y una de las influencers más potentes del movimiento MAGA.

Un abucheo filtrado

Si algo ha suavizado el rechazo a Trump dentro del Garden no ha sido el deporte. Ha sido el precio de las entradas.

Una final de la NBA en Nueva York no es un partido cualquiera. Es uno de los eventos más caros del deporte estadounidense. Antes del partido, el precio medio en la reventa llegó a superar los 11.000 dólares.

Algunos asientos de primera fila se subastaron incluso por un millón de dólares con fines benéficos.

La grada del Garden estaba llena de famosos, empresarios, invitados, cargos políticos y aficionados capaces de pagar una fortuna por una localidad. No era exactamente la calle.

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Por eso el contraste ha sido tan revelador. Dentro ha habido abucheos, pero también aplausos. Fuera, el rechazo ha sido unánime. Allí estaban muchos de los que no podían entrar.

Los que habían ido a ver el partido en pantallas gigantes. Los que habían perdido la fiesta exterior del Madison por el dispositivo de seguridad presidencial.

lmao fox news literally doing "they were saying boo-urns" https://t.co/b5yd6Dk8nC

— Jack Mirkinson (@jackmirkinson) June 9, 2026

La Casa Blanca ha intentado presentar la visita como un gesto natural. Trump, ha defendido que es un aficionado de toda la vida. Un presidente que quería ver a su equipo pelear por el primer campeonato en más de medio siglo.

Pero la noche ha dejado una imagen difícil de maquillar: él quería volver al Madison como un viejo neoyorquino y Nueva York le ha recordado que ya no lo es.

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