Europa, decidida a blindarse ante la inmigración ilegal, Sánchez no podrá impedirlo
Mundo Telón de seda Europa, decidida a blindarse ante la inmigración ilegal, Sánchez no podrá impedirlo Ana Núñez-Milara Publicada 20 junio 2026 02:39h Las clavesLas claves Generado con IA
¿Se ha quedado España sola en materia migratoria? La Unión Europea ha dado un giro a su política. Le ha costado diez años cerrar un acuerdo que, esta semana, se ha completado con la aprobación de un reglamento que permite crear los llamados centros de retorno.
Con ello, ha lanzado un mensaje: Europa está dispuesta a blindarse.
Aunque en términos generales apoya el gran pacto migratorio, el Gobierno español se ha desmarcado de esta medida particular al considerar que no existen certezas sobre la protección de los derechos de los migrantes.
La Unión Europea aprueba crear centros de deportación fuera de su territorio: España, el único que vota en contraQuedan muchas incógnitas sobre cómo se vigilará este cumplimiento y otras tantas sobre cómo se aplicarán las garantías en todo el proceso. Pero Bruselas presenta esta medida como una solución imaginativa frente a los flujos migratorios irregulares. Uno de sus objetivos, asegura, es que estos centros actúen como un elemento de disuasión.
España puede rechazar implantar estos centros, pero esta postura tiene sobre todo un valor simbólico e ideológico porque no puede bloquear el Reglamento.
La única posibilidad sería reunir a una minoría de bloqueo junto a otros gobiernos socialdemócratas afines. Y, a día de hoy, parece imposible. Porque Dinamarca, Malta o Lituania (todos socialdemócratas) tampoco se oponen.
España abre en Mauritania dos centros para retener migrantes similares a los que rechaza en la UE: los tutela la Policía NacionalDurante décadas, la política migratoria ha sido una de las pocas materias en las que la Unión Europea ha avanzado con tensiones, pero siempre con el consenso en torno al refuerzo de las fronteras exteriores.
Hoy, el consenso se mantiene, pero con instrumentos más rotundos.
Y la lógica de Europa, en realidad, no dista del deseo español: acabar con la sensación de descontrol que alimenta el auge de los discursos más alarmistas. Una política de retornos creíble y desincentivadora podría convertirse en el mejor antídoto.