Que Estados Unidos es la referencia absoluta de Occidente es una realidad que llevamos viendo toda la vida: del American Way of Life de los años 50 a la manida frase de "sin nosotros, todos vosotros estaríais hablando alemán" que Trump se encargó de recordar en Davos y que hemos visto en innumerables ocasiones en el cine bélico. España tiene su propia versión de esa historia con Bienvenido, Mister Marshall.
Pero es que Trump volvió a la Casa Blanca dispuesto a cumplir su promesa de "Make American Great Again" a cualquier precio: la gestión migratoria con el ICE como brazo ejecutor sobre su ciudadanía, las amenazas sobre Groenlandia o los aranceles como herramienta de presión permanente. Sus modos recuerdan más a los de un bully de colegio que a los de un líder dirigiendo uno de los países más poderosos del planeta. ¿Y Europa? Pues entre la cautela, la diplomacia y hasta poner la otra mejilla.
La pregunta del millón es si Europa tiene tan poco margen de maniobra como aparenta. La respuesta, según un reciente análisis del instituto alemán Dezernat Zukunft, es que no.
Estados Unidos > Europa. Por si hiciera falta recordar el poderío de Estados Unidos en general, tiene el mayor PIB mundial según el FMI, también es el país con más gasto militar, el dólar es la moneda de reserva mundial por antonomasia desde 1945. Además, lidera en infraestructuras digitales y semiconductores (en diseño y ventas), rozando la mitad de la cuota mundial. De hecho, como señala el Dezernat Zukunft, ni los 10 mayores países europeos juntos le compiten esos indicadores clave de poder material.
Pero poder no es capacidad negociadora. Estados Unidos es el más fuerte del patio, pero Europa tiene la palanca. Y aquí el tablero de juego cambia. Un ejemplo cercano: la llave del gas. El PIB de Rusia es menos de la novena parte del de la UE, pero Rusia tiene algo que Europa necesita: el gas que requiere para calentarse en invierno. Cambiar de proveedor de la noche a la mañana era inviable.
Europa es un suculento cliente. Las siete magníficas (Apple, Amazon, Microsoft, Alphabet, Nvidia, Tesla, Meta) tienen en Europa una parte importante de su mercado. Según estimaciones del Dezernat Zukunft, estas big tech generan más de 500.000 millones de dólares anuales solo en Europa. Si el viejo continente les cierra el mercado o les multara, sus acciones en bolsa sufrirían un duro golpe.
Y este punto no solo es importante para las empresas. Las siete magníficas representan un tercio de todo el S&P 500, el índice en el que están invertidos los planes de pensiones de millones de americanos. Si estas big tech pierden Europa, la senectud norteamericana cobra menos cuando se jubile y eso puede ser dramático a nivel social y político.
Europa controla el combustible nuclear. En la hoja de ruta de Donald Trump está construir centrales nucleares por doquier, pero Estados Unidos no tiene suficiente uranio enriquecido para abastecerse ni a corto ni a medio plazo. Europa, a través de empresas como Urenco y Orano, es el principal proveedor de uranio enriquecido para EEUU, según datos de la Agencia de Información Energética.
Si la UE cierra el grifo priorizando su propio suministro, Estados Unidos tendría un problema para satisfacer sus necesidades nucleares, un elemento clave para alimentar los centros de datos de la IA. Porque en la carrera de la inteligencia artificial, EEUU necesita energía desesperadamente.
Europa fabrica las turbinas. Para lograr la electricidad suficiente para satisfacer la demanda de los centros de datos para la IA también hacen falta un tipo concreto de turbinas de gas (40 - 60 MW) y aquí una empresa europea es la reina: Siemens Energy. La SGT-800 de Siemens Energy tiene tiempos de entrega de uno a tres años, en un mercado donde los plazos generales se han disparado hasta los siete años por la demanda de centros de datos, según Utility Dive.
Europa ni siquiera necesita dar la espalda a Estados Unidos, con que priorice sus propios pedidos sería suficiente para que los proyectos de inteligencia artificial de EEUU sufrieran unos valiosos años de retraso. Y el tiempo es dinero: el coste para los grandes operadores tecnológicos de EE.UU. podría superar los 50.000 millones de euros, según estima el Dezernat Zukunft.
La deuda americana es frágil. El dólar estadounidense supone el 58% de reservas mundiales, pero su peso como moneda de reserva lleva dos décadas reduciéndose. EEUU acumula un déficit de 1,8 billones de dólares anuales que financia emitiendo deuda y necesita compradores. El problema es que los bancos centrales han dejado de comprar esa deuda: ahora son fondos de inversión especulativos con sede en Londres los que sostienen el mercado.
Para el instituto alemán, Europa tiene herramientas regulatorias para desincentiven la compra de deuda americana y favorezcan la europea. Si los tipos de los bonos americanos suben, se encarecen las hipotecas, el crédito y el gasto público en EE.UU. Y lo hemos visto recientemente : cuando los bonos a 30 años superaron el 5%, Trump dio marcha atrás en sus aranceles.
Europa es el mejor cliente para el gas. Estados Unidos es el principal proveedor de GNL para la UE. Sin embargo y si los conflictos bélicos lo permiten, a partir de 2027 la Agencia Internacional de la Energía prevé un superávit de gas que hará que la balanza cambie: los vendedores necesitarán compradores y no al revés.
Dezernat Zukunft explica que por proximidad geográfica Europa es el mejor cliente para EEUU, por lo que si Estados Unidos intentase usar el gas como arma estaría cometiendo un error fatal: hundiría los beneficios de su industria gasística y Europa podría comprar el gas a otros países. De hecho, la UE ya está trabajando en ello.
En Xataka
Europa logró independizarse del gas ruso. Ahora tiene otro quebradero de cabeza: cómo independizarse del gas de EEUU
Quién necesita más a quién. Aunque desde un punto de vista objetivo y abstracto parámetros como el ejército más grande o la economía más potente hace que Europa se vea más débil frente a Estados Unidos, Dezernat Zukunft destaca un poder: el de la necesidad. Y en algunas cuestiones, EEUU necesita a Europa tanto o más que Europa a EEUU. No es que Europa no tenga cartas para jugar, es que le cuesta ponerse de acuerdo para jugarlas.
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Portada | Frederic Köberl y Library of Congress
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La noticia
Europa pinta más de lo que piensa: por qué Estados Unidos necesita más al viejo continente de lo que admite
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Eva R. de Luis
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Europa pinta más de lo que piensa: por qué Estados Unidos necesita más al viejo continente de lo que admite
Las cartas que Europa puede jugar contra Trump (y que aún no ha sacado)
Que Estados Unidos es la referencia absoluta de Occidente es una realidad que llevamos viendo toda la vida: del American Way of Life de los años 50 a la manida frase de "sin nosotros, todos vosotros estaríais hablando alemán" que Trump se encargó de recordar en Davos y que hemos visto en innumerables ocasiones en el cine bélico. España tiene su propia versión de esa historia con Bienvenido, Mister Marshall.
Pero es que Trump volvió a la Casa Blanca dispuesto a cumplir su promesa de "Make American Great Again" a cualquier precio: la gestión migratoria con el ICE como brazo ejecutor sobre su ciudadanía, las amenazas sobre Groenlandia o los aranceles como herramienta de presión permanente. Sus modos recuerdan más a los de un bully de colegio que a los de un líder dirigiendo uno de los países más poderosos del planeta. ¿Y Europa? Pues entre la cautela, la diplomacia y hasta poner la otra mejilla.
La pregunta del millón es si Europa tiene tan poco margen de maniobra como aparenta. La respuesta, según un reciente análisis del instituto alemán Dezernat Zukunft, es que no.
Pero poder no es capacidad negociadora. Estados Unidos es el más fuerte del patio, pero Europa tiene la palanca. Y aquí el tablero de juego cambia. Un ejemplo cercano: la llave del gas. El PIB de Rusia es menos de la novena parte del de la UE, pero Rusia tiene algo que Europa necesita: el gas que requiere para calentarse en invierno. Cambiar de proveedor de la noche a la mañana era inviable.
Europa es un suculento cliente. Las siete magníficas (Apple, Amazon, Microsoft, Alphabet, Nvidia, Tesla, Meta) tienen en Europa una parte importante de su mercado. Según estimaciones del Dezernat Zukunft, estas big tech generan más de 500.000 millones de dólares anuales solo en Europa. Si el viejo continente les cierra el mercado o les multara, sus acciones en bolsa sufrirían un duro golpe.
Y este punto no solo es importante para las empresas. Las siete magníficas representan un tercio de todo el S&P 500, el índice en el que están invertidos los planes de pensiones de millones de americanos. Si estas big tech pierden Europa, la senectud norteamericana cobra menos cuando se jubile y eso puede ser dramático a nivel social y político.
Europa controla el combustible nuclear. En la hoja de ruta de Donald Trump está construir centrales nucleares por doquier, pero Estados Unidos no tiene suficiente uranio enriquecido para abastecerse ni a corto ni a medio plazo. Europa, a través de empresas como Urenco y Orano, es el principal proveedor de uranio enriquecido para EEUU, según datos de la Agencia de Información Energética.
Si la UE cierra el grifo priorizando su propio suministro, Estados Unidos tendría un problema para satisfacer sus necesidades nucleares, un elemento clave para alimentar los centros de datos de la IA. Porque en la carrera de la inteligencia artificial, EEUU necesita energía desesperadamente.
Europa fabrica las turbinas. Para lograr la electricidad suficiente para satisfacer la demanda de los centros de datos para la IA también hacen falta un tipo concreto de turbinas de gas (40 - 60 MW) y aquí una empresa europea es la reina: Siemens Energy. La SGT-800 de Siemens Energy tiene tiempos de entrega de uno a tres años, en un mercado donde los plazos generales se han disparado hasta los siete años por la demanda de centros de datos, según Utility Dive.
Europa ni siquiera necesita dar la espalda a Estados Unidos, con que priorice sus propios pedidos sería suficiente para que los proyectos de inteligencia artificial de EEUU sufrieran unos valiosos años de retraso. Y el tiempo es dinero: el coste para los grandes operadores tecnológicos de EE.UU. podría superar los 50.000 millones de euros, según estima el Dezernat Zukunft.
La deuda americana es frágil. El dólar estadounidense supone el 58% de reservas mundiales, pero su peso como moneda de reserva lleva dos décadas reduciéndose. EEUU acumula un déficit de 1,8 billones de dólares anuales que financia emitiendo deuda y necesita compradores. El problema es que los bancos centrales han dejado de comprar esa deuda: ahora son fondos de inversión especulativos con sede en Londres los que sostienen el mercado.
Para el instituto alemán, Europa tiene herramientas regulatorias para desincentiven la compra de deuda americana y favorezcan la europea. Si los tipos de los bonos americanos suben, se encarecen las hipotecas, el crédito y el gasto público en EE.UU. Y lo hemos visto recientemente : cuando los bonos a 30 años superaron el 5%, Trump dio marcha atrás en sus aranceles.
Dezernat Zukunft explica que por proximidad geográfica Europa es el mejor cliente para EEUU, por lo que si Estados Unidos intentase usar el gas como arma estaría cometiendo un error fatal: hundiría los beneficios de su industria gasística y Europa podría comprar el gas a otros países. De hecho, la UE ya está trabajando en ello.
Quién necesita más a quién. Aunque desde un punto de vista objetivo y abstracto parámetros como el ejército más grande o la economía más potente hace que Europa se vea más débil frente a Estados Unidos, Dezernat Zukunft destaca un poder: el de la necesidad. Y en algunas cuestiones, EEUU necesita a Europa tanto o más que Europa a EEUU. No es que Europa no tenga cartas para jugar, es que le cuesta ponerse de acuerdo para jugarlas.