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El fracaso del FCAS deja descolocadas a España y Alemania, que necesitan un socio con tecnología para poder desarrollar un caza en el que ya trabajan Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido, Italia y Japón.
La Unión Europea (UE) ha decidido hacer una fuerte apuesta por reforzar sus capacidades en Defensa, a través del plan ReArm Europe, que contempla la movilización de 800.0000 millones de euros a medio plazo. Sin embargo, la peculiar estructura política de la UE hace que no exista una estrategia única ni la misma predisposición a lanzar nuevos programas de Defensa.
Esta peculiaridad europea, que tradicionalmente dilata los plazos de decisión, ha acabado por tumbar el proyecto estrella en Defensa, el FCAS (Future Combat Air System), que era una alianza entre Alemania, España y Francia para el desarrollo de un sistema de sistemas de defensa aérea, llamado a situar a la UE a la vanguardia en la carrera mundial por el avión de combate de última generación.
Sin embargo, la falta de acuerdo entre Alemania, representada en el FCAS por Airbus, y Francia, con Dassault como su punta de lanza, acabó por poner punto y final a un proyecto que nació debilitado desde un principio.
La idea original era crear una triple entente a partes iguales entre Alemania (Airbus), Francia (Dassault) y España, con el liderazgo de Indra, para lanzar un sistema de armas aéreo de sexta generación que incluyera una nube de combate, así como un avión de combate tripulado (aunque configurable como no tripulado) y un ecosistema de vehículos no tripulados (drones). Todos estos elementos estarían conectados con otros vehículos tripulados y no tripulados del ecosistema de Defensa.
El modelo chino China, como otro de los gigantes mundiales de la Defensa, también se ha lanzado al desarrollo de un sistema de combate aéreo de sexta generación. El sistema político del país asiático permite aligerar mucho los plazos de un proyecto que está previsto que vea volar su primer caza en 2035, con una inversión que podría alcanzar los 60.000 millones de dólares. Esta iniciativa está liderada por el conglomerado estatal AVIC.Francia y Alemania anunciaron en 2017 su alianza para lanzar el FCAS y en 2019 se unió España, aunque esta iniciativa nunca llegó a arrancar del todo, ya que desde el primer momento hubo fuertes diferencias entre los dos socios fundadores y de mayor peso en el proyecto.
Los repartos de poder y de carga de trabajo fueron siempre el principal punto de la discordia entre Francia y Alemania, con España como espectador. Finalmente, las diferencias se hicieron insalvables y acabaron por certificar hace unos días la defunción de un proyecto fallido.
La UE, en el limbo
Las desavenencias entre Alemania y Francia sobre el FCAS han dejado a la UE en una posición difícil en la carrera mundial por el desarrollo de un caza de sexta generación, ya que son varios los competidores que están trabajando en ello, incluso dentro de la región europea.
El enemigo (o amigo) está en casa. El fin del FCASes un desastre para España, Francia e Italia y para la UE no solo por la competencia de otros continentes, sino también porque hay una iniciativa, denominada GCAP (Global Combat Air Programme), impulsada por Reino Unido (BAE Systems), Italia (Leonardo) y Japón (Jaiec), que está desplegando el programa según los planes previstos.
Esta doble vía europea en su afán por contar con un caza de última generación (FCAS-GCAP) pone de manifiesto la situación de debilidad de Europa en su carrera por reforzar su autonomía estratégica en comparación con otros gigantes mundiales como Estados Unidos o China, que no tienen este tipo de dualidades y desavenencias internas.
La UE, por sus características políticas y de gobernanza, no tiene una única voz ni estrategia, lo que hace que sus avances siempre sean más lentos. En materia de Defensa, la presidenta de la ComisiónEuropea, Ursula von der Leyen, presentó en marzo del año pasado el plan ReArmEurope, que contempla el ambicioso objetivo de movilizar 800.000 millones para Defensa hasta 2030, de los que 650.000 corresponden a gasto adicional de los Estados miembro y los otros 150.000 millones a préstamos bajo el instrumento SAFE (Security Action for Europe).
En 2024, el gasto en Defensa de los Estados miembro fue de 343.000 millones y en 2025 esta cifra se elevó un 11%, hasta 381.000 millones -representa una subida del 63% desde 2020-.
Estos datos, aunque muestran un significativo incremento del esfuerzo inversor en programas de Defensa en la UE, todavía están lejos de lo que destina Estados Unidos, cuyo presidente, Donald Trump, acaba de reclamar en el Congreso estadounidense un plan de 350.000 millones de dólares (305.000 millones de euros), con el que podría impulsar el gasto anual en Defensa del país a 1,5 billones.
China, el otro gran gigante mundial, lleva años experimentando un incremento constante en sus presupuestos vinculados a Defensa. De hecho, la previsión para 2026 es alcanzar los 1,91 billones de yuanes (245.000 millones de euros), lo que representará un avance interanual del 7%.
Cinco bloques
En este entorno expansivo mundial de fondos para Defensa, los grandes actores de la geopolítica internacional también están tomando posiciones para no quedarse atrás en la carrera por conseguir un sistema de combate aéreo de última generación que combine cazas con drones y otros sistemas no tripulados y que estén conectados a todo el ecosistema de la Defensa.
En este empeño se diferencian cinco bloques principales que están recorriendo caminos paralelos en su afán de lograr el objetivo de contar la tecnología más avanzada en materia de Defensa aérea. Los cinco grandes proyectos son los de Estados Unidos; China; Reino Unido, Italia y Japón; el de Rusia y el que acaba de derrumbarse entre Alemania, Francia y España.
Estados Unidos es, con diferencia, el país que más invierte en Defensa y es el gran proveedor mundial de armas y de vehículos de combate tanto aéreos como terrestres y navales. Como era previsible, también ha tomado posiciones en la carrera mundial por el sistema de combate aéreo de última generación.
En marzo del año pasado, el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció sus planes de impulsar el desarrollo del avión de combate F-47, que se incluiría en el programa Next Generation Air Dominance (NGAD) de la Fuerza Aérea de EEUU.
En esta ocasión, el contrato recayó sobre el gigante aeronáutico estadounidense Boeing -también competían Lockheed Martin y Northorp Grumman-, que será el responsable de la ingeniería y de la fabricación de la aeronave de última generación que busca sustituir a las actuales F-22 Raptor, que están operativas desde 2005.
Solo en 2026, la Administración Trump prevé destinar más de 2.600 millones de dólares al desarrollo de los demostradores del F-47 y al programa Collaborative Combat Aircraft (CCA).
Al igual que Estados Unidos y el resto de competidores, China está trabajando también en un sistema de sistemas, no solo en un caza. La intención de la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación (PLAAF ) es desarrollar un sucesor del actual modelo J-20 de quinta generación, para lo que contará con el gigante nacional de Defensa AVIC, aunque también participarán otras firmas como Chengdu Aircraft Industry Group o Shenyang Aircraft Corporation.
Rusia, por su parte, es otro de los grandes actores geopolíticos internacionales que no se ha querido quedar retrasado en esta competición, aunque va muy por detrás de alguno de sus rivales.
La intención del Kremlin era contar con un sistema aéreo avanzado al nivel de competidores como Estados Unidos o China en 2035, aunque, vistos los avances experimentados hasta la fecha, es muy improbable que se llegue a esa fecha. El proyecto ruso es el PAK DP (Complejo aéreo prospectivo para intercepción de largo alcance).
La meta es reemplazar al actual modelo MiG-31, por lo que el programa contempla el desarrollo del nuevo caza MiG-41, que se podría convertir en el avión más rápido del mundo. El proyecto lo coordina la corporación estatal United Aircraft Corporation, y participan MiG o Sukhoi.
Proyecto GCAP
Tras el fallido intento de Francia, Alemania y España por el caza del futuro, la iniciativa conjunta de Reino Unido, Italia y Japón es la única que cuenta con representantes europeos. Una opción para Indra o Airbus podría ser llamar a la puerta de este proyecto, pero, al llegar tarde, ambas compañías tendrían un papel muy secundario.
GCAP. El cese de la alianza entre Francia, Alemania y España por el FCAS ha dejado al consorcio formado por Reino Unido, Italia y Japón como la única iniciativa con participación europea que está actualmente en proceso de desarrollo de un nuevo sistema avanzado de combate aéreo. La alianza arrancó en 2022 y ahora mismo se encuentra en fase de desarrollo del caza y del ecosistema del 'cloud combat'. Se estima que el proyecto rondará los 100.000 millones de euros.El proyecto GCAP(Global Combat Air Programme) se lanzó a finales de 2022 como fruto de la fusión entre la iniciativa britanoitaliana, denominada Tempest, y el programa japonés F-X. El objetivo es que ya en 2035 estuviera disponible el nuevo caza, conectado con el ecosistema.
Entre las empresas que participan se encuentran BAESystems y Rolls-Royce, del lado británico; Leonardo y Avio Aero, del italiano, y el consorcio estatal japonés Jaiec, liderado por Mitsubishi Industries y con la participación de IHI Corporation.
El mundo se ha lanzado a una carrera por la Defensa y contar con un sistema aéreo de combate se perfila como un factor diferencial de cara al futuro. Por ello, países como Francia,España y Alemania tienen que darse prisa en subirse al carro, sino quieren quedarse fuera del desarrollo de una tecnología y quedar resignados a ser unos meros compradores de los productos que desarrollan terceros.
En el caso español, las opciones pasan por ir con Alemania, ya que Francia, a través de Dassault, tiene su propia tecnología aviónica. Ahora, ambos deberán decidir si asociarse con empresas como Saab o comprar los cazas de EEUU o del consorcio entre Reino Unido, Japón e Italia.
Inversiones de más de 500.000 millones entre los países
Todos los proyectos de Defensa tienen unos presupuestos muy elevados, pero las cifras que se barajan con los programas de los diferentes países para el desarrollo del futuro sistema aéreo de combate son desorbitadas.
En conjunto, las cinco iniciativas principales que estaban trabajando en los cazas de sexta generación y los ecosistemas de defensa vinculados contemplaban movilizar más de 500.000 millones de euros en la ejecución de los proyectos.
Estados Unidos es el que maneja el mayor presupuesto en su programa NGAD, puesto que las estimación es que el desembolso necesario para lanzar los futuros F-47 se situará entre los 100.000 millones y los 150.000 millones de dólares (entre 90.000 y 130.000 millones de euros), con un coste por cada avión de combate de unos 300 millones de dólares.
El fallido FCAS, aunque menor que el estadounidense, también tenía un presupuesto muy elevado, que ascendía hasta una estimación de 100.000 millones de euros a desplegar hasta 2040 a partes iguales entre los socios Francia, España y Alemania. Este plan se ha parado, por lo que las inversiones en I+D ejecutadas hasta el momento podrían haberse quedado en el limbo en caso de que no se retome esta iniciativa o los países participantes no encuentren nuevos socios con los que seguir el camino.
Por su parte, la iniciativa entre Japón, Italia y Reino Unido tiene un presupuesto similar a lo que se barajaba con el FCAS, es decir, otros 100.000 millones de euros. Tras los programas de EEUU, el FCAS y el GCAP, el proyecto chino del sistema aéreo de combate maneja montos más contenidos, por las grandes economías de escala del país asiático y por los menores costes. La cifra final podría situarse en el entorno de los 60.000 millones de dólares (unos 52.000 millones de euros), aunque son estimaciones y no hay confirmación. En el caso ruso, el montante se situaría, también recogiendo diferentes estimaciones, en unos 60.000 millones de dólares.
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