El informe expone que la desigualdad en términos de ingresos, distribución de recursos y gobernanza constituye un problema grave que debe atenderse con urgencia. Estima, por ejemplo, que el ingreso mensual promedio por habitante varía desde apenas 290 euros en África subsahariana hasta 4,590 euros en Norteamérica y Oceanía, una diferencia de 16 veces. A ello se suma una concentración desproporcionada de la riqueza: el 50% más pobre de la población mundial posee únicamente el 2% del patrimonio global, mientras que un muy reducido grupo de multimillonarios concentra alrededor del 6.4%.
Los autores también identifican brechas significativas en los recursos destinados a servicios esenciales. Mientras el gasto en educación supera los 4,100 euros por persona en las economías más ricas, en los países de menores ingresos apenas alcanza una fracción de esa misma cantidad. El documento además señala una representación desigual en organismos de gobernanza económica global, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, donde las naciones más desarrolladas cuentan con una participación varias veces superior a la que les correspondería por el tamaño de su población.
igualdad de género en salarios, empleo y distribución de las labores domésticas.Según los investigadores, este sería uno de los primeros pasos para transitar de un modelo basado en el consumo excesivo hacia otro centrado en la suficiencia. El escenario contempla una reducción drástica en la extracción de materias primas, modificaciones en los patrones de consumo, cambios en el uso del suelo y la cobertura forestal, así como la adopción de dietas más ricas en vegetales y menos dependientes de la carne roja.
De acuerdo con el informe, la combinación de estas medidas permitiría limitar el calentamiento global a 1.8 °C respecto a la era preindustrial hacia finales de siglo. Alcanzar este objetivo representaría un avance significativo frente a las proyecciones actuales, que estiman que la temperatura media del planeta podría aumentar más de 4°C para 2100 si se mantienen las políticas vigentes.
Para financiar esta transición, los investigadores proponen la creación de un Fondo Global de Justicia respaldado por un impuesto mundial al patrimonio que alcanzaría tasas de hasta 20% anual para los multimillonarios, así como un impuesto global sobre la renta que podría llegar al 90% para los ingresos más elevados. Los autores aseguran que estas medidas afectarían únicamente al 1% más rico de la población mundial.
Los recursos recaudados también aportarían a un Fondo Soberano Mundial que acumularía activos equivalentes al 60% del PIB global, lo que permitiría financiar proyectos de largo plazo e incrementar la participación pública en la economía internacional.
El informe proyecta que la adopción de estas medidas permitiría que los habitantes de todos los países alcanzaran un ingreso promedio mensual per cápita de 5,000 euros hacia 2100. Esto implicaría que el 89% de la población mundial duplicaría sus ingresos monetarios y que más del 99% estaría en una mejor situación si también se consideran los beneficios derivados de una mayor disponibilidad de tiempo libre y de la mitigación de los efectos más severos del cambio climático.
afirmó que “un euro adicional del PIB destinado a educación y sanidad tiene entre tres y cuatro veces menos impacto ambiental y consumo energético que un euro adicional del PIB destinado al sector manufacturero”.Los autores consideran que la humanidad dispone de los recursos materiales y tecnológicos necesarios para alcanzar estos objetivos. A su juicio, el principal obstáculo no es económico ni técnico, sino político, por la capacidad de construir acuerdos y coaliciones internacionales que respalden una redistribución profunda de la riqueza, el poder y los recursos a escala global.
Aunque Cornelia Mohren, coautora y coordinadora medioambiental del WIL, reconoció que las propuestas del informe podrían ser consideradas utópicas, sostiene que este tipo de ejercicios son necesarios para demostrar que existen alternativas viables para garantizar un desarrollo sostenible.
“Es bueno saber que podemos combinar un mundo igualitario con el cumplimiento de los límites de emisiones de carbono. Es un resultado muy útil. Me llena de esperanza. Vimos lo que es posible y también lo difícil que resulta con esta realidad política, que puede ser desalentadora”, concluyó la especialista en declaraciones a The Guardian.