Lunes, 06 de abril de 2026 Lun 06/04/2026
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Política

Falstaff y las 7 vidas de Pedro Sánchez

Falstaff y las 7 vidas de Pedro Sánchez
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De entre todos los personajes que nos regaló Shakespeare, el de Falstaff siempre fue uno de los favoritos del público. No tenía la grandeza de Hamlet ni el atractivo de Romeo, pero su oronda figura era garantía de alguna triquiñuela de truhan de taberna que hacía las delicias del personal. Pendenciero y mangante, era la personificación del exceso y pasaba sus días agarrado a un vaso y jurando que encontraría esposa en los burdeles. Su papel era el de corruptor del joven Príncipe Hal, que gastaba su tiempo en compañía de Falstaff y sus compinches. Las correrías de ambos escandalizaban a todo Londres, hasta que llegaba el momento en el que Hal tenía que asumir el trono y, convertido ya en Enrique V, repudiaba a su compañero en público de la manera más cruel: «No te conozco, viejo».

Así, quien había compartido todos los excesos y había tolerado infinitas corruptelas aparecía ahora como un inmaculado monarca llamado a protagonizar grandes gestas. Una historia escrita hace más de cuatro siglos que bien valdría como guion del drama que se desarrollará a partir de mañana en el Tribunal Supremo, donde se sienta en el banquillo José Luis Ábalos, nuestro Falstaff. Él es al reinado de Pedro Sánchez lo que el pícaro shakesperiano era a la corte de los Lancaster. Los dos fueron el amigo inseparable del jefe en innumerables enredos y aventuras, hasta que cayeron en desgracia, olvidados y apartados, convertidos súbitamente en personajes incómodos y desaconsejables.

Nuestro Ábalos, situado en lo más alto, hacía favores aquí y allá, y todo el mundo le enviaba cariñosos mensajes. Desde el centro del poder que significaba María Jesús Montero hasta un ayuntamiento como el de Valladolid, donde un Óscar Puente siempre con una vuelta de más se entregaba con un «tienes todo mi apoyo» y «yo sí creo en ti». ¿Quién era el que no creía en él? Ajá, «no te conozco, viejo».

Este juicio y los que están por venir es la piedra en el zapato que se ha calzado Sánchez para disfrutar de su séptima vida. El superviviente de mil batallas ha descubierto que el No a la guerra le funciona y ahí está la encuesta que publicamos hoy para contarlo: una ganancia de 1,3 puntos de intención de voto en un mes, que es la mayor subida que ha tenido desde que mandó a Cerdán a Waterloo a subastar el Estado con Puigdemont.

Se le pueden poner todos los peros posibles a este dato. Que es fruto de una coyuntura como la guerra de Irán. Que lo que sube el PSOE es justo lo que bajan Sumar y Podemos. Que el trasvase de votos hacia el PP se mantiene intacto y, por tanto, consolidado. Todo eso es cierto, pero no lo es menos que Sánchez ha encontrado por primera vez en tres años una posición que le permite hacer un discurso creíble para la izquierda. Y esto no es poca cosa. Para alguien con la autoridad moral arrastrada por el suelo por la amnistía, la corrupción y el gobierno sin presupuestos, Trump e Irán significan un asidero al que agarrarse.

Ese y no otro es el valor del No a la guerra. Un camino por el que transitar cuando la legislatura se pudría en un callejón sin salida. En un escenario mundial y económico así de incierto, la sobreactuación de Sánchez para ocupar una posición de superioridad tiene como objetivo compensar la inmoralidad de lo que veremos a partir de mañana en el Supremo. Koldo, Jéssica, Aldama y los demás nos recordarán que Falstaff siempre estuvo ahí, pero el antiguo señor tiene ya preparada la respuesta: yo tuve una vez a Ábalos a mi lado, pero estos tienen a Trump.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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