Los Reyes presiden en la sede de Vocento la entrega de los premios Mariano de Cavia, Luca de Tena y Mingote a Karina Sainz Borgo, Gallego & Rey y La Contra de 'La Vanguardia'
Regala esta noticia Añádenos en Google Premios Cavia. (Tania Sieira)Angie Calero
02/07/2026 a las 22:02h.Un periodismo que se hace preguntas, que nutre y fortalece «nuestra convivencia y nuestra democracia» y que aspira, en definitiva, a dejar huella. Felipe VI, ... en la 106ª edición de los premios Cavia, Luca de Tena y Mingote, reivindicó este jueves el viejo oficio de contar historias «cuyo verdadero valor se aprecia sobre todo con el paso del tiempo». «Porque una noticia puede pertenecer a un día —apuntó Don Felipe— pero el buen periodismo acaba perteneciendo a la memoria de la sociedad». En el discurso final de la gala de entrega de estos galardones en la sede de Vocento, ante más de doscientos invitados vestidos de etiqueta, el Rey recordó que «quien elige esta profesión, elige también una vocación» y «no aspira a ocupar la historia. Aspira a comprenderla». «Es precisamente así como acaba formando parte de ella», afirmó.
Nada más comenzar su intervención, admitió el Rey que, aunque esta noche era muy especial para todos los presentes, no podía dejar de pensar en nuestra selección, que en ese momento se estaba «batiendo» el cobre para pasar a octavos en este Mundial de Fútbol. «Sería contradictorio abstraerme de ello en la casa de un diario tan veterano y ante tantos periodistas», reconoció. Y añadió: «Aunque me debo a la prudencia y a mi lugar, pienso, como todos en estos momentos, en España». Dijo, y levantó una ovación entre los asistentes.
Al inicio de su discurso también recordó «con dolor y una pena inmensa» al pueblo de Venezuela y a las víctimas de los terremotos de la semana pasada. «Vaya desde aquí nuestro cariño y nuestro abrazo al pueblo venezolano, para acompañar su duelo y reafirmar nuestro compromiso solidario con su recuperación y también con el futuro que los venezolanos decidan para sí, libre y democráticamente», afirmó.
Don Felipe apreció que «el mejor periodismo no se mide únicamente por la noticia que publica, sino también por la huella que deja». «La memoria de una sociedad no se compone solo de los grandes acontecimientos. También se construye con las preguntas que nos hacemos, con las historias que decidimos conservar y compartir y con aquellas imágenes que permanecen cuando el tiempo ha borrado tantas otras», advirtió el Rey, quien destacó que «ese es uno de los cometidos más nobles del periodismo: no solo informar de lo que sucede, sino preservar los matices, ofrecer contexto, despertar preguntas y dejar constancia de quiénes fuimos mientras ocurría».
Tres premios, tres maneras de entender el periodismo
Estas formas de entender el periodismo las ensalzó el Rey en los seis premiados. De Karina Sainz Borgo, ganadora del Mariano de Cavia por su artículo publicado en ABC 'Lo que más duele no es el desarraigo', elogió su «atención poco común a las vidas concretas y una prosa con eco de grandes maestros, donde cada palabra es una elección en la que se juega la calidad de nuestra conversación pública».
A Víctor Amela, Ima Sanchís y Lluís Amiguet, premiados con el Luca de Tena por sus 28 años de entrevistas diarias en La Contra de 'La Vanguardia', les reconoció haber conseguido «un espacio de encuentro entre personas, ideas y disciplinas muy distintas» a través de «miles de conversaciones que nos han recordado que detrás de cada respuesta hay una vida y que detrás de cada vida puede encontrarse una lección sobre la condición humana». De Gallego & Rey, quienes se alzaron con el Mingote, admiró Don Felipe la capacidad que han tenido los dos para acompañar «viñeta a viñeta» la vida pública durante décadas: «Su humor nunca ha sido una evasión de la realidad, sino una forma especialmente lúcida de observarla».
«Tres premios. Tres maneras de ejercer el periodismo. Y una misma convicción: que comprender la realidad exige siempre algo más que observarla. Exige interpretarla con honestidad, escucharla con respeto y mirarla con la libertad necesaria para compartirla con los demás», apuntó el Rey. Antes de terminar su discurso, celebró que «el buen periodismo hace posible esa conversación compartida de la que se nutren nuestra convivencia y nuestra democracia».
Una mesa imperial
Al finalizar, Don Felipe regresó a la mesa presidencial, que en esta edición tuvo que cambiar su formato —de redonda a imperial— para que él y Doña Letizia pudieran cenar junto a los seis premiados y les acompañaran también el presidente de Vocento, Ignacio Eyriès, y el director de ABC, Julián Quirós, además de otras autoridades. Fue la decimosexta ocasión en la que Don Felipe entregó estos galardones, en una ceremonia que contó con el patrocinio de Iberdrola, Indra y Banco Santander, con la colaboración de Iryo y BYD.
El turno de los protagonistas de la noche llegó tras la intervención del director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado, que ha presidido el jurado de estos galardones. Le dio paso el escritor y columnista de esta casa Alfonso J. Ussía, quien presentó el acto.
«Mientras exista alguien obligado a abandonar su mundo, Troya seguirá ardiendo. Esa verdad debe quedar por escrito»
Karina Sainz Borgo
La periodista y escritora Karina Sainz Borgo recogió el Cavia por una columna donde habla de su padre y de su familia, exiliados republicanos huidos a Francia y luego a Venezuela. Hizo un paralelismo en su discurso entre la vida de Carlos Sainz Muñoz, su padre, y la de Eneas, Dante, Víctor Hugo o María Zambrano para reflexionar sobre el destierro, el desplazamiento y la condición del extranjero. Recordó que el exilio no solo consiste en abandonar un país, sino también una vida, y reivindicó el deber de la palabra escrita de dejar constancia de esas historias. Cerró su intervención con un recuerdo a las víctimas de los terremotos de Venezuela y reivindicó el oficio de contar historias como las de los propios venezolanos que se vieron obligados a dejar atrás su hogar por circunstancias políticas: «Mientras exista alguien obligado a abandonar su mundo, Troya seguirá ardiendo. Esa verdad debe quedar por escrito».
Al recoger el Luca de Tena, Ima Sanchís, con ironía, agudeza e ingenio, agradeció el galardón a sus dos compañeros por estos «28 años de trimonio» en los que, dijo entre risas, «ha prevalecido el periodismo, el compañerismo, la honestidad y el sentido del humor por encima del ego... ¡y mira que tienen!». Advirtió además que el oficio del periodista es «una responsabilidad que ninguna inteligencia artificial podrá robarnos mientras seamos nosotros los que vamos, vemos y escuchamos para luego contarlo». «La prensa debe ser libre, y eso hemos sido nosotros: libres para contar», concluyó.
Tomó después la palabra Amela, quien reivindicó la entrevista como uno de los grandes géneros periodísticos. Recordó la historia de un lector que, durante las últimas semanas de vida de su padre, acudía cada tarde a leerle La Contra, una experiencia que le hizo comprender que entrevistar consiste, sobre todo, en descubrir que «el otro no es el infierno, sino un cielo de saberes asombrosos». Amiguet cerró las intervenciones del Luca de Tena dando las gracias a los lectores y a los más de diez mil entrevistados con los que han conversado durante todos estos años. De ellos, afirmó, los tres han aprendido que el sentido de la vida solo existe cuando se comparte y que la infinita diversidad de los protagonistas de sus entrevistas también les han ayudado a conocerse mejor a ellos mismos.
Beber de los maestros
José María Gallego confesó que recibir el Mingote suponía «cerrar un círculo» iniciado en 1978, cuando comenzó a publicar en la revista Blanco y Negro y acudía cada semana a la histórica sede de ABC en la calle Serrano. Allí conoció a Antonio Mingote, a quien admiraba como dibujante y del que terminó descubriendo, además, una extraordinaria calidad humana. Julio Rey, la otra pata de Gallego & Rey, dedicó el galardón a tres «maestros inmensos» que marcaron su vocación y su manera de entender el oficio: Mingote, Forges y José María González Castrillo, conocido como Chumy Chúmez. También habló de Chesterton, cuya reflexión sobre la caricatura evocó para advertir que el humor gráfico es «una herramienta de sentido común» que siempre debe ejercerse desde la libertad y la responsabilidad.
En un tiempo marcado por «grandes desafíos, cambios en el mercado, la digitalización, la irrupción de la inteligencia artificial», el presidente de Vocento, Ignacio Eyriès, defendió «la enorme aportación« de los premiados a la sociedad y reivindicó «el gran oficio del periodista». «En tiempos tan complejos como los actuales, cuando las fronteras se desdibujan y percibimos nuevos peligros cerca de nosotros», dijo que «ante cualquier duda» hay que reivindicar «el rigor, el afán de veracidad, el estilo, la profesionalidad, el buen gusto, la capacidad de hacernos comprender mejor o de retarnos para pensar dos veces y desvelar las claves de la actualidad». Y este buen hacer periodístico —«el de los Cavia, el de los profesionales de ABC y de los grandes medios españoles»— fue lo que se celebró este jueves en esta casa.
Don Felipe y Doña Letizia llegaron a la sede de Vocento, como cada año, entre gran expectación de la Redacción. Esta edición de los premios reunió de nuevo a destacadas personalidades del mundo de la cultura, la política, la empresa y el periodismo. Entre ellos, el expresidente del Tribunal Constitucional Pedro González-Trevijano; el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi; y los escritores Arturo Pérez-Reverte y Manuel Vilas o el pintor Augusto Ferrer Dalmau.
Antes de que comenzara la cena, el presidente de Vocento dio continuidad al tradicional brindis al Rey. Todos los invitados alzaron sus copas y brindaron con un cava de Bodegas Muga por el Rey y por España.
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