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Fernando Grajales (Dosterras): "El estrés es un motor para reinventarse"

Fernando Grajales (Dosterras): "El estrés es un motor para reinventarse"
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Decía Dante que "el vino siembra poesía en los corazones". Fernando Grajales le hizo caso al suyo y a su abuelo y fundó en 2013 una bodega en Marçà (Tarragona) tras sufrir dos crisis de ansiedad por la presión de su anterior trabajo y acabar hospitalizado. Leer
GastronomíaFernando Grajales (Dosterras): "El estrés es un motor para reinventarse"

Decía Dante que "el vino siembra poesía en los corazones". Fernando Grajales le hizo caso al suyo y a su abuelo y fundó en 2013 una bodega en Marçà (Tarragona) tras sufrir dos crisis de ansiedad por la presión de su anterior trabajo y acabar hospitalizado.

Fernando Grajales ha echado raíces en la D. O. Monsant donde fundó una bodega, encontró el amor y formó una familia.EXPANSIÓNActualizado 13 JUN. 2026 - 00:22

Fernando Grajales (Ciudad de México, 1985) necesitó dos crisis de ansiedad, varias charlas con su familia y una conversación incómoda con su socio en la empresa de márketing y eventos que habían fundado juntos para tomar las riendas de su vida. "El estrés puede ser un motor para reinventarse, pero a veces me da un poco de pena pensar que si no hubiera sido por eso quizá nunca habría cambiado de trabajo", reconoce este joven que pasó de estar ingresado en un hospital de su país a fundar en 2013 en Marçà (Tarragona) la bodega Dosterras. ¿Ya no tiene estrés? "Siempre hay motivos para estar preocupado o situaciones que sientes que no puedes controlar, pero se afrontan de distinta forma si tienes una copa de vino en la mano o si puedes dar un paseo por el viñedo y reflexionar", confiesa Grajales.

- Esta aventura no habría llegado a buen puerto sin su abuelo Francisco Ibarra, que le animó a dedicarse a lo que le movía el corazón. ¿Cómo fue ese ensamblaje?

Soy el mayor de doce nietos y crecí viendo cómo el vino funcionaba como un punto de encuentro, era un argumento de conversación, alargaba la sobremesa y animaba la celebración. Creo que me enamoré del sector en ese momento, pero nadie en mi familia se dedicaba a ese mundo. Mi abuelo entendió esa pasión y me animó a intentarlo.

- De hecho, su primera intención fue viajar a la Toscana y probar suerte en Italia. Allí dijo Dante Alighieri que "el vino siembra poesía en los corazones". ¿No supo leer su destino?

No hablaba ni una palabra de italiano y mi abuelo me hizo ver que en realidad nos unían más cosas con España. Tenía razón.

- Los abuelos suelen tenerla. ¿Fue una buena decisión hacerle caso?

Sí, y su experiencia era su mejor aval. Llegó a México siendo un niño, huyendo de la Guerra Civil. Allí fundó Grupo Acir, una de las empresa de medios más importantes, y demostró que con esfuerzo todo es posible. Pero no olvidó sus raíces.

- Dosterras nace del diálogo que estableció con su abuelo -falleció en 2022 con 90 años-, que era un gran coleccionista de vinos y que siempre elegía vinos españoles para sus comidas. ¿Cómo eran esas conversaciones?

Él amaba el vino español y nos enseñó a los demás a apreciarlo. La bodega es el resultado de combinar dos maneras de mirar el mundo, separadas por una generación, pero unidas por el respeto por el vino, el tiempo y el placer de compartir una mesa. Él me transmitió el valor de la paciencia y yo añadí una mirada más creativa, cierta rebeldía y la necesidad de reinterpretar lo heredado.

- Lo había intentado por 'hobby' en México, en San Juan del Río en Querétaro, donde en 2009 plantó un pequeño viñedo. En España, exploró la posibilidad de asentarse en Rioja o Ribera del Duero, ¿qué le hizo decantarse por el Montsant -D. O. que se fundó en 2001 y que hoy forman 59 bodegas que trabajan una superficie de 1.863 hectáreas de viñedo-?

Aquí el paisaje manda. Escuchar la tierra y acompañar sus ritmos era una necesidad para mí en ese momento. Me daba paz y sigue dándomela. Además, dando un paseo encontré Mas Figueres, la antigua masía que reformamos para fundar la bodega y un pequeño hotel. Es una casa de estilo indiano, lo que me unía también con la historia de mi abuelo.

- ¿En qué se ha convertido hoy esa bodega?

Yo quería un lugar en el que elaborar vinos, pero también un espacio que sirviera para reunir a todos los miembros de mi familia. Muchos de ellos viven en diferentes países y mi objetivo siempre fue que Dosterras fuera ese lugar al que siempre apetece volver.

- También le gustó la cariñena, la uva que define esta zona.

No buscaba nada nuevo, revolucionario, sino algo con esencia, carácter y misticismo. Lo nuevo se puede construir; lo auténtico hay que encontrarlo y entenderlo.

- ¿Y ya lo entiende?

Los vinos de Montsant eran muy valorados en el siglo XIX y empezaron a exportarse a Francia con la llegada del ferrocarril. Se vendían a granel y perdieron algo de presencia con el desarrollo de otras zonas españolas. Pero la mayoría de las bodegas tienen una historia preciosa, que merece ser contada en cada botella y es eso lo que estamos tratando de hacer en Dosterras.

- ¿Qué es el vino?

Es un mundo nuevo hecho de mundos antiguos. Un lugar en el que se juntan respeto, riesgo, libertad, disciplina y juego. Ese equilibrio tenso y a veces armónico es el que define todo lo que hacemos en la bodega.

- ¿Y el éxito?

Saber cuándo tienes que tomar la decisión que cambiará tu vida. Ser sincero contigo mismo para detectar ese momento y valiente para aceptarlo. Mucha gente no lo hace nunca y cuando llega el final de su vida sienten que han perdido el tiempo dedicándose a algo que no les hacía felices. Yo no quería que eso me pasara; aspiro a ver mi vida como algo que ha merecido la pena.

- ¿Cree que además ha cumplido el sueño de su abuelo?

Él soñaba con regresar de alguna forma a España y verme a mí aquí, asentado, con familia y construyendo un proyecto a largo plazo, le ayudó a cumplir ese sueño. El mío lo cumplí gracias a él y ahora sueño con que mi hija (Nina) algún día entienda que una bodega no es un negocio para hacerse rico a corto plazo o para entrar y salir rápido y sin haber dejado poso. Una bodega es una familia, una forma de entender el mundo y de impactar en él.

- ¿No piensa en el fracaso?

Ya no; he aprendido que el fracaso es no ser feliz con lo que haces. Las ventas son sólo datos, y unas veces son favorables y otras, no. Cuando las cosas van mal hay que saber surfear la ola sin estrés.

- Acabamos como empezamos... hablando de estrés.

Sí, pero he conseguido que ya no me quite el sueño. Ahora lo veo como algo positivo, como cuando se hace una poda para que la viña salga más fuerte.

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Fuente original: Leer en Expansión
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