El delantero valenciano hizo la diana que dio a España su segundo Mundial: «Ha sido el gol de 47 millones de personas», dijo nada más acabar la final
Regala esta noticia Añádenos en Google Ferran celebra el gol de la victoria contra Argentina. (Reuters)Robert Basic
Bilbao
20/07/2026 Actualizado a las 01:37h.Ferran Torres iba al colegio calzado con botas de fútbol. Sonaban los tacos cuando andaba por la calle y los pasillos de la escuela, donde ... pronto le imitaron sus amigos y compañeros de clase. Lo puso de moda. Sabían cuando llegaba y cuando se iba. Fue su madre, Fina García, quien le regaló su primer par de herramientas de trabajo. Era solo un niño pero ella creía en que su hijo era especial, predestinado a cosas importantes, y anoche le vio escalar a la cima del mundo. Llegó a estar muy abajo, hundido por la separación de sus padres e internado con apenas 12 años en la residencia del Valencia, encerrado en sí mismo y sus emociones, que tampoco salieron a borbotones en Nueva York. «Ha sido el gol de 47 millones de personas», dijo sereno en las cámaras de DAZN el hombre que cosió la segunda estrella en la camiseta de España.
A sus 26 años, Ferran conoció la felicidad plena en un campo de fútbol. Criado en la cantera del Valencia, el delantero salió de su casa para firmar por el Manchester City y dejar más de 30 millones de euros en la caja del club de su vida. En 2022 fichó por el Barcelona, que pagó 55 por el tiburón. Así se le conoce en el argot futbolístico porque, según él mismo explica, «es la mentalidad que siempre he tenido en el campo». Lo demostró en Nueva Jersey, donde en el minuto 106 marcó el gol que entró en los libros de historia. Un centro al segundo palo de Porro lo cabeceó atrás Nico Williams, y apareció el valenciano con un zurdazo que entró arriba como un obús. Lo pegó con el alma, con el recuerdo de aquellas botas regaladas por su madre, para volverse inmortal. Como Iniesta. Ya son dos.
«Lloraré a puerta cerrada»
¿De quién te acuerdas ahora? Fue la pregunta que escuchó nada más terminar la final. «De nadie. Estoy en blanco. Solo quiero correr y abrazar ese título», dijo el blaugrana, quien enseguida tuvo palabras de cariño para su familia. Fue su primer y único gol en esta Copa del Mundo, tercero en total –hizo dos a Costa Rica en Catar– y vigesimoquinto con la selección. Le anularon uno frente a Arabia Saudí por un fuera de juego milimétrico. Se le veía decir «por favor» cuando aguardaba el veredicto del VAR, que le quitó el acierto. Bajó la cabeza y siguió intentándolo, hasta que encontró un tesoro canjeado por el título mundial. Terminó la temporada con el Barça con 21 tantos entre todas las competiciones, pero el que clavó a Argentina lo metió con el alma.
«He aterrizado cuando he visto a mi familia», comentó todavía sobre el césped del MetLife Stadium. Seguía entero, sereno. «Ya lloraré a puerta cerrada. Ahora quiero reventar el título y celebrarlo con nuestra gente en España». Le preguntaron por el gol. «Me gusta fallar fáciles y meter difíciles». Jamás olvidará el que canjeó por una estrella, ni él ni nadie.
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