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Frío saludo entre Florentino Pérez y Xabi Alonso en Yeda. Reuters Análisis Florentino Pérez se queda sin escudoEl nulo respaldo a Xabi Alonso, la superprotección de una plantilla consentida y la mala planificación deportiva ponen el foco de la crítica en el presidente del Real Madrid
Madrid
Martes, 13 de enero 2026, 13:45 | Actualizado 14:05h.
prescindir de Xabi Alonso? ¿Aceptará que también supone un fracaso personal? ¿Le dará un ... tirón de orejas a la plantilla por ser poco profesional? ¿Concederá plena autoridad a Álvaro Arbeloa? ¿Planificará mejor la próxima temporada? ¿Fichará por fin a un centrocampista que pueda hacer olvidar a Kroos y Modric? ¿Reforzará como es debido una zaga repleta de veteranos lesionados? Estas son solo algunas del sinfín de preguntas que se hace un amplio sector del madridismo que, por elevación, señala al «ser superior», en definición de Emilio Butragueño, como principal culpable de la crisis. Xabi Alonso, cuyo final estaba seguramente decidido desde antes de Navidad pero al que sostuvo Florentino para no quemar a Arbeloa en la Supercopa, adquiere aún más relevancia lo que le recomendó su amigo Pep Guardiola antes del triunfo del Manchester City ante el Real Madrid, el pasado 9 de diciembre. «Le diría a Xabi que mee con la suya; y como no meará colonia, le irá bien, ya verás». Una manera de advertirle que, como al final dependía de los resultados y de su jefe, que fuera él mismo para no perder ni un ápice del prestigio que se ganó con una dirección magistral en el Bayer Leverkusen.Noticias relacionadas
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El próximo sábado, con ocasión del choque liguero ante el Levante, será un buen momento para testar lo que piensa el Bernabéu, si coincide con Florentino en que la culpa siempre es del entrenador, no de los que fichan, ni tampoco de los futbolistas. Este episodio final con Xabi deja sin escudo al alto dirigente y refuerza la tesis de que para el presidente los entrenadores son un mal necesario, que no le convence ninguno.
Pérez siempre cree que los jugadores son mejores que sus técnicos, que desde el banquillo se toman decisiones discutibles, que a la plantilla le sobra calidad para conquistar títulos y que es mejor respaldar siempre a los futbolistas que a los preparadores, aunque eso menoscabe la autoridad del conductor del grupo. Pagó nada menos que 12 millones al Leverkusen para traer a Xabi Alonso, le firmó tres años de contrato, pero el crédito se agotó en cuestión de meses.
Con el adiós de Xabi, el Real Madrid pierde quizá una gran oportunidad para construir un proyecto moderno, labrado desde la dirección de un entrenador de nueva generación con una idea de juego que triunfó en Alemania con un juego espectacular. Un preparador muy de pizarra, al que se comparaba incluso con los Guardiola, Mikel Arteta o Jürgen Klopp. Organización y trabajo táctico para potenciar las estrellas, la calidad individual. Pero la idea muere desde el momento en el que Xabi retira a Vinicius en el clásico, el brasileño se le encara y el entrenador no recibe el respaldo del club. Otra vez Vini, ese protegido de Florentino, ese astro al que le bajó del avión rumbo a París cuando conoció que no le concedían el Balón de Oro.
Técnicos moldeables
Se constata que al presidente solo le sirven entrenadores tipo Zidane o Ancelotti, más moldeables, de mano izquierda, gestores de grupo, no estudiosos de la táctica. Entre los considerados en su momento modernos, Rafa Benítez duró 25 encuentros, Julen Lopetegui solo 14 y Xabi Alonso, 34. Curiosamente, los tres españoles. En 22 años de presidencia en dos etapas, 15 entrenadores, de ellos Carletto y Zizou en dos etapas.
Florentino Pérez ha construido alrededor de su figura un relato de éxito casi incontestable. Bajo su presidencia, el Real Madrid ha elevado su hegemonía europea hasta las 15 'orejonas', ha multiplicado los ingresos de manera exponencial y se ha convertido en una potencia económica global. Pero su gestión también plantea problemas profundos que afectan a la esencia democrática, deportiva y social del club.
En teoría, el Real Madrid es propiedad de sus socios. En la práctica, su modelo estatutario ha convertido la presidencia en un cargo casi vitalicio. El aval bancario, respaldado con patrimonio personal, del 15% del presupuesto del club, que asciende a 1.248 millones, y el requisito de 20 años de antigüedad de socio que se exigen para ser candidato, protegen al presidente, reelegido sin oposición real.
Peleado contra el mundo
En el plano deportivo, la visión empresarial del fútbol que caracteriza a Florentino ha entrado muchas veces en conflicto con la lógica deportiva. Ya desde el primer proyecto de los Galácticos priorizó el impacto mediático y comercial sobre el equilibrio del equipo. El Real Madrid ha afrontado temporadas clave con carencias evidentes en la plantilla.
Desde el impulso fallido de la Superliga europea, Florentino Pérez está peleado contra el mundo. Se le afea el control férreo del discurso, el desarrollo de una cultura institucional donde la crítica se interpreta como traición y la discrepancia como enemistad. Exjugadores, entrenadores, socios y periodistas críticos son deslegitimados.
No contribuye tampoco a facilitar el trabajo de los entrenadores una comunicación oficial que construye un relato donde el presidente siempre tiene razón, los errores se diluyen y el debate interno desaparece. «No ha salido como nos hubiera gustado», enfatizó Xabi Alonso en su despedida, con agradecimientos generalizados pero sin mencionar al presidente.
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