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Francia, quince años sin burka

Francia, quince años sin burka
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El país vecino fue en 2010 el primero de Europa en prohibir esta prenda en público, pero la polémica sobre el uso del velo islámico aún continúa

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Una mujer con el rostro tapado, en París. Reuters Francia, quince años sin burka

El país vecino fue en 2010 el primero de Europa en prohibir esta prenda en público, pero la polémica sobre el uso del velo islámico aún continúa

Enric Bonet

París

Domingo, 22 de febrero 2026, 00:27

... Europa. Ocho países en el Viejo Continente prohibieron de manera parcial o total estas prendas propias de las corrientes ultraconservadoras del islam (talibanes, salafistas…). Se trata de Francia, Bélgica, Austria, Dinamarca, Países Bajos, Portugal, Alemania y Bulgaria. El país vecino fue precursor en hacerlo en octubre de 2010.

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Tres estudiantes de Secundaria fueron expulsadas en septiembre de 1989 de un instituto en Creil, en la periferia norte de París, por haberse negado a quitarse su velo al entrar en el recinto educativo. Ese episodio tuvo un impacto nacional y alimentó acalorados debates hasta 2004. Entonces, la Asamblea Nacional aprobó una ley para prohibir cualquier signo religioso ostentoso —incluía el velo, la kipá y grandes cruces— dentro de las escuelas y los institutos. Francia completó ese arsenal legislativo en 2010 con la legislación sobre el burka y el niqab, que fueron prohibidos en cualquier espacio público.

«El problema del burka no es religioso, sino de libertad y dignidad de la mujer. Quiero decir con solemnidad que (el burka) no es bienvenido en el territorio de la República», aseguraba en 2009 el entonces presidente, Nicolas Sarkozy, cuando anunció la medida ante los diputados y senadores reunidos en el Palacio de Versalles. Curiosamente, un representante comunista (André Gerin) resultó clave para que esa propuesta irrumpiera en el debate público en los primeros años de la presidencia del conservador Sarkozy. Gerin estaba harto de las presiones que sufría por parte de los grupos salafistas en su circunscripción, en la periferia de Lyon. Y pidió a la Asamblea Nacional que contemplara una medida en ese sentido.

«Cuando Sarkozy afirmó en 2009 que el burka no era bienvenido en la República, solicitó al Consejo de Estado que hiciera un informe sobre ello. Pero ese organismo determinó que no había un fundamento jurídico para prohibirlo directamente, porque en el caso de Francia no representaba un problema para la seguridad», explica a este medio la jurista Lauren Bakir, investigadora en el prestigioso CNRS y especialista en la relación entre Derecho y religión. Por ese motivo, el Ejecutivo apostó finalmente por una ley que no mencionaba directamente el burka ni el niqab, sino las prendas que cubren completamente el rostro, sin responder a una necesidad médica, profesional o lúdica (un disfraz).

El trámite parlamentario_

El Parlamento la aprobó de manera definitiva el 11 de octubre de 2010. Contó con los votos a favor de los diputados de derechas, del centro y de unos pocos de izquierdas, puesto que la mayoría de los socialistas, comunistas y ecologistas se abstuvieron. En vigor desde la primavera de 2011, incluye multas de 150 euros para las mujeres que no respeten esa decisión, que pueden sustituirse por sesiones de formación a la ciudadanía. También establece una pena de un año de prisión y una sanción de 30.000 euros para los hombres que las obliguen a llevar esas prendas. Hubo poco más de 1.800 personas multadas por la policía durante los seis primeros años desde su entrada en vigor.

«Una comisión parlamentaria hizo un informe sobre esa cuestión en 2010 y concluyó que solo 1.900 mujeres llevaban burka o niqab en el territorio galo», recuerda Bakir. Actualmente, cuesta ver por las calles de Francia, incluidos los suburbios con una mayoría de población de origen musulmán, a mujeres vestidas de esa manera, aunque sí que resultan mucho más numerosas las que se visten con el velo islámico clásico. ¿Esto se debe a los efectos de esa legislación? ¿O a la poca presencia de emigrantes procedentes de los países del Golfo —la mayoría de los musulmanes franceses proceden del norte de África—, donde suelen vestirse con esas prendas? Difícil de decirlo.

«Hay una gran confusión entre las que están obligadas a llevar el burka y las que lo llevan libremente. Estudios sociológicos demostraron en 2010 que muchas de las mujeres que lo hacían tenían la nacionalidad francesa y varias de ellas no habían nacido en familias musulmanas y se habían reconvertido al islam», explica Bakir sobre una situación más compleja de lo que parece a primera vista. Aunque Francia es seguramente el país europeo con un arsenal legislativo más denso sobre estas prendas, asociadas a una visión conservadora del islam, las polémicas sobre esta cuestión han sido constantes desde hace 15 años.

«Desde entonces, prácticamente no ha habido un año en que no hubiera una propuesta de ley de este tipo, aunque casi todas ellas no llegaron a ser votadas», explica Bakir. Las únicas medidas que se sumaron a las leyes de 2004 y 2010 fueron, por un lado, una legislación aprobada en 2016 que prohíbe a las trabajadoras de las guarderías que lleven el velo y, por el otro, un decreto en septiembre de 2023 contra la presencia de la abaya (túnica musulmana) en escuelas e institutos.

Las otras sugerencias, en cambio, tuvieron una gran repercusión mediática, pero sin efectos en la realidad. Coincidiendo con la conmoción provocada por el atentado de Niza el 14 de julio de 2016, la fiesta nacional, en el que hubo 85 víctimas mortales, varios Ayuntamientos de la Costa Azul prohibieron el burkini en las playas. Pero el Consejo de Estado tumbó esos decretos. El primer mandato del actual presidente, Emmanuel Macron, estuvo marcado por la presión de la mayoría conservadora en el Senado para adoptar una medida que impidiera a las madres llevar el velo durante las excursiones o salidas escolares. Entonces, la mayoría macronista en la Asamblea se opuso y la medida no se concretó.

En el fútbol

Ante algunos casos puntuales de jóvenes que lo llevan cuando juegan al fútbol o a otros deportes, la Cámara Alta aprobó el año pasado un texto para prohibirlo en las federaciones deportivas. Se desconoce, sin embargo, cuándo se debatirá en la Cámara Baja. La derecha tradicional de Los Republicanos presentó en enero una propuesta legislativa para ilegalizar esa misma prenda en las universidades, aunque no llegó a votarse. Y el exprimer ministro Gabriel Attal, que aspira a presentarse en las presidenciales de 2027, generó controversia al pedir que las menores de 15 años no puedan vestirse de esa manera cuando están en la calle.

Esta multiplicación de propuestas ha coincidido con el auge en los últimos quince años de la extrema derecha de Marine Le Pen. Su partido, Rearupación Nacional, no se anda con medias tintas y propone directamente prohibir el velo en cualquier espacio público. Una propuesta que genera numerosas dudas por su difícil aplicación y por su posible inconstitucionalidad. Y, sobre todo, por el riesgo de que tense las frágiles costuras de una sociedad gala cada vez más polarizada.

La preocupante escalada de actos antimusulmanes

El año pasado estuvo marcado en Francia por un aumento significativo de los actos racistas contra los musulmanes. Ese tipo de agresiones se incrementaron en un 88% en comparación con 2024, según datos del Ministerio del Interior. Las acciones de odio contra los judíos siguen siendo las más numerosas en el país vecino —hubo 1.320 episodios antisemitas, pese a una disminución del 16% respecto al año anterior–, alimentadas sobre todo por la guerra en Gaza y los bombardeos sobre la población civil antes de que Israel y Hamás acordasen un fragil alto el fuego.

Sin embargo, los insultos y ataques que afectaron a personas musulmanas o a sus propiedades subieron hasta 326. La gran mayoría de ellas (un 64%) consistió en agresiones físicas y verbales contra personas de esa confesión religiosa.

El acto antimusulmán más mediático ocurrió a finales de abril con el asesinato de un joven maliense de 21 años. Se llamaba Aboubakar Cissé y lo mataron mientras rezaba en una mezquita en La Grand-Combe, un pueblo del sudeste del territorio galo. Su asesino se llama Olivier H. y es un francés con raíces bosnias. Poco después de cometer ese homicidio con un cuchillo, publicó un vídeo en que se vanagloriaba de su acción exclamando: «¡Tu Alá de mierda! ¡Tu Alá de mierda!». Además, expresaba su voluntad de convertirse en un asesino en serie. Ese suceso trágico alimentó un acalorado debate sobre si el Ejecutivo galo protege a las personas musulmanas de la misma manera que a las judías o las cristianas.

Pese al aumento de la tolerancia que demuestran las encuestas en el país vecino, las autoridades están preocupadas por el auge en general de los actos xenófobos y los ataques contra extranjeros. Y no solo a nivel personal. Asociaciones, comercios y otros negocios se han vuelto un blanco de los radicales.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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