Una imagen del pasado 10 de julio del incendio de Los Gallardos desde la autovía A7 Europa Press
Andalucía Fuegos controlados en invierno y un campo más vivo y diverso: ¿cómo prevenir incendios como Los Gallardos y Orés?El abandono del rural, la uniformidad del territorio o las olas de calor cada vez más largas explican la virulencia de los incendios de nueva generación.
Más información:El incendio de Orés ya es el peor de España: ha arrasado más de una sexta parte de las 77.000 hectáreas calcinadas este 2026.
Gonzalo Núñez Publicada 19 julio 2026 01:55h Las clavesLas claves Generado con IA
Al igual que las sociedades y las formas de vida, también los incendios han cambiado en los últimos años. La relación entre ambos fenómenos es más estrecha de lo que parece a simple vista.
Los expertos ya hablan de fuegos de quinta y sexta generación para referirse a un tipo de incendios "inextinguibles", de alto potencial catastrófico, alimentados por toda una serie de factores.
Este verano, España ya ha enfrentado tragedias como la de Los Gallardos (Almería) o la todavía más reciente de Orés, en Zaragoza.
En la primera, además de 7.000 hectáreas quemadas, fallecieron trece personas, lo que lo convierte en el episodio más mortal del siglo XXI en nuestro país.
Calor extremo, baja humedad y fuertes vientos: 'la regla del 30-30-30' que ha propulsado el fuego en Los GallardosMientras, en el entorno de Orés han ardido hasta este sábado cerca de 16.000 hectáreas y ya es el peor incendio de 2026. Los 450 efectivos movilizados no han podido controlar el fuego.
¿Qué está pasando? ¿Hay más incendios que antes? ¿Son más peligrosos? ¿Es culpa nuestra? ¿Se puede hacer algo para evitarlo? Y en tal caso, ¿qué?
Lo primero que habría que decir es que sí, los fuegos de hoy son distintos a los de nuestros abuelos, por lo que la perspectiva para afrontarlos debe ser diferente.
"Apagar un incendio en verano, que es cuando surgen, es una cosa que podía tener sentido hace dos décadas", explica a EL ESPAÑOL Toni Jordán, profesor del departamento de Mineralogía, Cristalografía y Química Agrícola de la Universidad de Sevilla.
El abandono del rural, una de las claves
El abandono del rural en favor de la vida urbana que se produjo entre los años 60 y 80 es una parte del problema: "Hace décadas, en el campo nos encontrábamos caminos de uso para las labores campo, las personas hacían mantenimiento de los caminos, se eliminaba biomasa, había más ganadería: cabras, ovejas..."
En su lugar, el campo ha sido 'tomado' por urbanitas que habitan como turistas casas diseminadas, pequeñas edificaciones y cortijos, "sin entender cómo funciona el campo y sin ser encargados del mantenimiento de estos sitios".
El límite entre zonas pobladas y bosque o matorral se ha diluido. Los Gallardos es buen ejemplo de este tipo de "interfaz urbano-forestal" —en la terminología de los expertos"— que "ahora está más fragmentada, con el perímetro de urbanización mucho mayor, lo que aumenta el riesgo".
El propio campo es distinto al de antes: se ha perdido biodiversidad. "Antes tenías bosque de pino, alcornoques, encinas. Había cultivos, huertas, ríos, acequias, caminos de usos pastorales. El paisaje es menos diverso, es una gran mancha de combustible muy extensa y homogénea", señala Jordán.
Así, el fuego campa a sus anchas una vez se desata, sin encontrar escollos a su paso y con muchísima materia inflamable.
Pesar en Galicia por el trágico incendio forestal en Almería: "Enviamos todo nuestro apoyo"En resumen, tenemos "una vegetación manejada por el hombre y degradada". A ello se suma, sin que sea un detalle menor según los expertos, el cambio climático, con olas de calor más largas y virulentas que facilitan el desarrollo de los fuegos.
"La vegetación está sometida a un gran estrés hídrico, con menos humedad. Se dan más casos que responden a la regla del 30-30-30 para el inicio de los fuegos: Temperaturas por encima de 30°, viento superior a 30 km/h y humedad relativa por debajo del 30%".
Ya tenemos el incendio.
Muchos de estos fuegos han pasado a ser "inmanejables" con los medios humanos y técnicos de que disponemos. Hay que optar por contenerlos y esperar que cambien las condiciones ambientales.
Más prevenir que curar
Ante esta situación, urge pensar de manera más global, tomarse más en serio el trabajo de prevenir y menos el de curar: "Tenemos que empezar a aprender a convivir con el fuego, no podemos dejar toda la finalidad de la gestión en apagar incendios".
Para Toni Jordán, "a nivel científico y técnico las medidas sí están muy claras, otra cosa es que los gestores las quieran aplicar". Hace falta, para empezar, voluntad política en los distintos niveles implicados y, a ser posible, un pacto de Estado.
Las soluciones pasan por el mantenimiento durante todo el año, en especial en invierno. "Simplemente el pastoreo hubiera contribuido a disminuir el riesgo de incendio", precisa este experto.
Así pues, hay que devolver la vida al campo para ir eliminando biomasa de forma natural. "Se podría dar incentivos fiscales a las explotaciones agropecuarias, a las actividades silvo-pastorales y de dehesa, que permitan un cierto tipo de uso del campo beneficioso".
Francisco José Castillo, ganadero: “Las cabras se convierten en aliadas contra los incendios forestales”La presencia humana estable, junto con la de herbívoros domésticos (cabras, ovejas...) o salvajes (ciervos), va 'limpiando' el monte. Al mismo tiempo, genera barreras de biodiversidad.
No vale, de hecho puede ser contraproducente, la reforestación sin criterio. "No se trata de que se vea verde el campo", señala Jordán. Tampoco de confiarlo todo a los viejos cortafuegos, impotentes ante los nuevos incendios.
Junto con la potenciación de la actividad rural, hay que diseñar "quemas prescritas, quemas de matorral en invierno, que deben hacerse en zonas que sabemos que tienen acumulación de material leñoso que aumenta la vulnerabilidad a los incendios".
Acometidas de manera controlada y con el personal adecuado, sirven para eliminar combustible y facilitar la recolonización vegetal pero sin acumulación peligrosa.
Un gran pacto político
Los nuevos incendios, explica Jordán, "responden a variables ambientales y a una situación climática y de vegetación que antes no existía, son tremendamente dañinos y peligrosos, así que la prioridad debería ser mitigación del cambio climático y la prevención de incendios"
Para ello hace falta políticas de prevención y restauración a largo plazo. "Estamos demasiado acostumbrados a políticas a cuatro años vista". Un buen asesoramiento técnico y una actitud abierta ante estos fenómenos son el primer paso para que los fuegos no prendan con tanta facilidad.