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Fuente el Olmo, el 'Bucarest' segoviano que ha vuelto a la vida con 400 inmigrantes que trabajan en la fresa

Fuente el Olmo, el 'Bucarest' segoviano que ha vuelto a la vida con 400 inmigrantes que trabajan en la fresa
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El municipio ha crecido un 192,59% en la última década; el 81% de sus vecinos son rumanos Leer

Hablar de la España interior ha sido durante décadas una forma elegante de aludir a la ausencia. En esa geografía cada vez más acentuada y envejecida hay lugares donde el tópico, afortunadamente, decide revolverse. En Fuente el Olmo de Fuentidueña (Segovia) pasó eso. En apenas tres años, han experimentado un incremento poblacional del 192,59%, siendo uno de los 42 pueblos -de 209 que hay en la provincia, un 20,1%- en ver aumentado su número de vecinos en la última década. De 135 habitantes en 2021 han pasado a 396 en 2024. De ellos, 325 son extranjeros. Hoy hay más población migrante que española. Son rumanos, marroquíes y nigerinos, en su mayoría, que conforman la variada identidad de este pueblo debido, en gran medida, a los viveros de cultivo de la empresa Planasa.

«Hace tiempo vinieron a hacer un reportaje preguntando si esto era como Torre Pacheco [municipio donde se produjeron disturbios hacia la población marroquí después de que unos jóvenes de esta nacionalidad agrediesen brutalmente a un hombre de 68 años], pero aquí hay muy buena convivencia», señala Andreea, aún sorprendida con que alguien pueda llegar a pensar que en su pueblo se daría el mismo conflicto que en otro a más de 580 kilómetros sólo por el hecho de que tengan una elevada tasa de población extranjera.

La transformación del pueblo ha despertado incluso la curiosidad de las autoridades rumanas. El pasado lunes 4, el cónsul general de Rumanía en Madrid, Florea-Tiberiu Trifan, se acercó hasta aquí para conocer este enclave en el que tantos compatriotas han echado raíces. La visita se enmarca en una estrategia orientada a reforzar la cooperación y la integración de las comunidades rumanas, con efectos que, según explican desde la representación diplomática, fortalecen la cooperación entre Rumanía y España

A comienzos de los 2000, cuando el ladrillo prometía una bonanza económica, arribó la primera remesa de hombres rumanos. Fue el caso de Teodor, el padre de Andreea, que en 2004 abandonó Alexandria (al sur de Rumanía y a 88 kilómetros de Bucarest) para buscar una prosperidad que en su país se antojaba remota. "Primero vino él y mi madre y yo veníamos en vacaciones a verle un par de meses", cuenta esta joven de 21 años. "Pero como ella [Andreea] echaba tanto de menos a su padre y era muy pequeña, sólo tenía cuatro años, la situación era bastante dura, así que decidimos venir aquí para estar con él", añade María, madre de la joven y actual propietaria de uno de los dos bares del pueblo.

Aunque ellas y otras familias llevan asentadas en la comarca más de una década, cada año llegan al pueblo más compatriotas. El mayor flujo se produce de marzo a octubre. Cada año, entre marzo y octubre, la dinámica aumenta. Es la temporada de recogida en las plantas que Planasa tiene a las afueras. La empresa, de origen navarro, está considerada una de las mayores viveristas del mundo en frutos rojos -fresas, frambuesas, arándanos-, con más de 1.500 hectáreas repartidas entre España, Polonia, México y Estados Unidos. Los temporeros llegan con contratos estacionales marcados por la maduración del fruto. Muchos -sobre todo quienes no planean quedarse o afrontan su primera campaña- duermen en barracones prefabricados dentro del perímetro de la empresa.

El cónsul general de Rumanía en Madrid, Florea-Tiberiu Trifan (izq), conversa con el alcalde, Francisco Javier Andrés, y Andreea durante su visita al municipio el pasado lunes 4 de marzoJosé Aymá

El trabajo es duro, repetitivo y minucioso, exige madrugar y soportar el calor cuando llega, pero tiene un atractivo difícil de ignorar. "En una quincena pueden ganar unos 2.000 euros o más", comentan varios vecinos con cierto asombro. Para muchos temporeros, esa cifra justifica el esfuerzo y el desarraigo; convierte la temporada en una inversión breve y concentrada.

Con el tiempo, algunos dejan de ser temporeros en sentido estricto. Ya no quedan casas vacías en el pueblo, como señala el alcalde Francisco Javier Andrés. Hay familias que fijan su residencia en Fuente el Olmo de Fuentidueña y otras que optan por instalarse en municipios cercanos como Cantalejo o Cuéllar, donde los servicios son más amplios y la vida cotidiana ofrece menos carencias. "En Cantalejo, además de tener el colegio y el instituto, hay muchas actividades extraescolares", explica Andreea, "cuando yo era pequeña, no era así". La falta de vivienda disponible en el propio pueblo y la ausencia de servicios esenciales -un centro educativo estable, mayor atención médica- han empujado a parte de la población hacia esos núcleos mayores, que actúan como satélites acogedores.

La provincia de Segovia, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), es una de las dos únicas de Castilla y León -junto a Valladolid- donde la población crece tanto entre nacionales como entre extranjeros. El aumento entre los españoles es discreto, apenas un 0,47% (500 personas), mientras que el de personas llegados de fuera roza el 6%, (24.507). Son cifras modestas en términos absolutos, pero significativas en una comunidad acostumbrada ver cómo sus pueblos se vaciaban.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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