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Fujimori, el apellido que divide a Perú y aspira a recuperar el poder 26 años después

Fujimori, el apellido que divide a Perú y aspira a recuperar el poder 26 años después
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Keiko, la primogénita del expresidente peruano, parte como favorita para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales con un discurso centrado en la vuelta del «orden» al país
Fujimori, el apellido que divide a Perú y aspira a recuperar el poder 26 años después

Keiko, la primogénita del expresidente peruano, parte como favorita para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales con un discurso centrado en la vuelta del «orden» al país

Regala esta noticia Añádenos en Google Keiko Fujimori. (AFP)

María Rego

07/06/2026 a las 00:46h.

No existe en Perú un apellido tan polarizador como Fujimori. Para unos simboliza una era dorada del país, sobre todo en lo económico y la ... lucha antiterrorista. Para otros es sinónimo de corrupción y sangre. Amor y odio casi a partes iguales hacia una figura, la de Alberto Fujimori, presidente de la nación andina entre los años 1990 y 2000, que arrastran hoy sus herederos. Su primogénita, Keiko, se enfrenta este domingo al legado de su padre en las urnas, donde peleará en segunda vuelta por llegar a la Casa de Pizarro. Las últimas encuestas dan una ligera ventaja a la derechista respecto al candidato de centroizquierda Roberto Sánchez. Los chamanes -con tanta credibilidad para muchos como cualquier sondeo- sostienen que «una mano negra» impedirá su victoria.

fallecido en 2024, y visitó la tumba del exmandatario justo antes de votar en una caótica primera vuelta. Entonces cosechó el 17,2% de las papeletas al frente de la conservadora Fuerza Popular -cinco puntos más que Sánchez (Juntos por el Perú)- en una contienda de récord, con 35 candidatos y más de 27 millones de electores. «Lo que hizo Alberto Fujimori durante sus diez años de gobierno fue construir una corriente llamada fujimorismo y su hija convirtió eso en una organización. Es una organización que le ha permitido tener una base de intención de voto permanente», explica Fernando Tuesta, politólogo de la Pontificia Universidad Católica, en la cadena CNN.

Ese apoyo casi garantizado del fujimorismo, sin embargo, no le resultó suficiente a Keiko en las otras tres ocasiones (2011, 2016 y 2021) en las que trató de alcanzar la presidencia. En todas pasó a la segunda vuelta, pero quedó finalmente por detrás de su adversario, la última -contra Pedro Castillo- sólo por tres décimas de diferencia. La de este domingo es la primera vez que pasa al 'round' electoral definitivo tras la muerte de su padre, quien decidió vivir con ella tras su excarcelación meses antes de morir. El exmandatario no llegó a cumplir las condenas íntegras (más de 25 años) por violaciones de derechos humanos o corrupción, entre otras causas, que se le impusieron a la vuelta de su autoexilio en Japón, la tierra de sus antepasados.

La primera dama más joven

Como su padre, Keiko -divorciada de un empresario estadounidense y con dos hijas, Kyara y Kaori- pasó un periodo entre rejas, en su caso por haber recibido presuntamente dinero de la constructora Odebrecht para financiar sus campañas presidenciales. Un ejemplo de la «persecución» que sufre desde hace décadas, sostiene ella. La polémica acompaña a la aspirante conservadora desde que estudiaba en Estados Unidos, donde se graduó en Administración de Negocios por la Universidad de Boston, y surgieron los rumores sobre el pago de su carrera con dinero del Estado. Fue entonces cuando Alberto Fujimori la colocó bajo el foco público, al convertirla en primera dama con sólo 19 años, la más joven en la historia de América Latina. Él acababa de separarse de su mujer, Susana Higuchi, también de ascendencia nipona, quien le acusó de torturas y denunció las redes corruptas dentro del Gobierno peruano.

«Nunca estuvo dentro de mis planes ser política. Pero, una vez que tomé la decisión, lo tenía que hacer bien», cuenta Keiko en un vídeo en su canal de YouTube, donde reconoce que hubiera preferido ejercer como empresaria. Ahora, quince años después de emprender su primera carrera presidencial, trata de poner «orden» en Perú, la idea más repetida en sus multitudinarios mítines. La nación andina, a juicio de esta forofa del Alianza Lima, está necesitada de «autoridad» y «seguridad» -en febrero hubo 196 asesinatos, la última cifra oficial- y para ello propone la presencia de militares en los autobuses, la expulsión de los inmigrantes que se hayan saltado la ley o el trabajo obligatorio para los presos. «Nuestro país vive un mundo al revés. Los vecinos viven enrejados y los delincuentes, libres y bien gracias», se quejó en un reciente debate.

Los delincuentes ya no vivirán gratis del Estado: tendrán que trabajar. Construiremos penal de máxima seguridad, cerraremos nuestras fronteras y no dudaremos en salir de la Corte IDH si es necesario para proteger a tu familia. pic.twitter.com/VBTBA05Czr

— Partido Político Fuerza Popular (@FuerzaPopular__) March 30, 2026

La victoria de Keiko Fujimori situaría a Perú en el club de países de la región que han girado a la derecha en los últimos meses con una promesa de mano dura, como Chile o Costa Rica, y de paso se han acercado a Donald Trump, a quien la líder de Fuerza Popular agradeció a principios de año la captura de Nicolás Maduro. En caso de derrota, no sería la primera vez que la conservadora -cuyo partido ocupa hoy la mayor bancada del Parlamento, con 20 de los 130 escaños- siembra la sospecha de fraude sin pruebas sólidas. Los peruanos decidirán el domingo si ella y el regreso del fujimorismo son la solución a la inestabilidad política que lastra la nación, con ocho presidentes en ocho años y una sucesión de destituciones, renuncias y mociones de censura.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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