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Gaitana y los fantasmas de la democracia

Gaitana y los fantasmas de la democracia
Artículo Completo 1,010 palabras
El Foco Una supuesta congresista colombiana creada por Inteligencia Artificial representa la apariencia de participación y libertad como sustituta de la realidad de la vida política y social

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Ilustración MATTIN

Jesús G. Maestro

Catedrático de Teoría de la Literatura Comparada

Domingo, 22 de marzo 2026, 00:01

... indígenas. Aunque su imagen de mujer de piel azul y atuendo tradicional pretende proyectar neutralidad y compromiso, detrás de esta figura hay necesariamente un grupo humano que asume una extraña responsabilidad legal y política.

La creación de seres de ficción como representantes políticos por los que la gente puede votar no es inocente, reemplaza a personas reales en la imagen de lo que son las democracias. Los seres humanos reales tienen defectos de los que los personajes de ficción carecen. ¿Qué queda de la democracia cuando fantasmas de diseño reemplazan al pueblo?

El proyecto se presenta como defensor del «ambientalismo», la «democracia digital participativa» (demasiadas etiquetas para hablar de democracia) y la «soberanía digital comunitaria», con la promesa de recoger demandas ciudadanas y transformarlas en propuestas legislativas. Pero, ¿qué promesas puede cumplir un personaje de ficción?

Sin embargo, la verdadera cuestión no es la innovación tecnológica, sino la ilusión de libertad que ofrece en un contexto donde la democracia misma es una ficción. Gaitana simboliza un fenómeno de posdemocracia y poshumanismo, donde la apariencia de participación y libertad sustituye la realidad de la vida política y social. Detrás de Gaitana está el poder de quienes programan y controlan los algoritmos y las ideologías.

Gaitana no tiene conciencia política ni responsabilidad moral. Su promesa de representar a las comunidades -indígenas o no- es la proyección de decisiones humanas ocultas bajo un disfraz tecnológico. Los ciudadanos entregan así su autonomía y libertad a intermediarios invisibles, en realidad a fantasmas cibernéticos a los que confían ingenuamente sus necesidades y prioridades.

Hemos pasado de creer en Dios a confiar en los fantasmas de internet, diseñados por una Inteligencia Artificial en manos de poderes elitistas. El flautista de Hamelin ya no toca la flauta, sino que gestiona la IA y los algoritmos de internet. Sobra decir que los ratones somos los votantes.

Gaitana revela sobre todo la vulnerabilidad emocional e intelectual de los ciudadanos frente a la manipulación simbólica y mediática de la política posmoderna. El votante ha perdido de vista la realidad y solo ve fantasmas en el panorama electoral. Gaitana se convierte en un espejo de la posdemocracia: la participación parece amplia y directa, pero está condicionada por quienes programan, alimentan y controlan la interfaz tecnológica. La democracia es una ficción y la libertad un espejismo. Gaitana es el principio de una nueva era. Y no está sola. Su familia no deja de crecer: ¿cuántos cantantes creados con IA tienen ya contratos millonarios con discográficas? El consumidor del siglo XXI prefiere el espejismo al oasis y el mercado lo sabe. El uso político convierte este experimento en el verdugo de las democracias.

Es un personaje diseñado por las élites para seducir a los votantes más desfavorecidos

La innovación política y tecnológica viajan juntas por caminos muy peligrosos. El mercado gestiona esta alianza y antepone la fuerza del dinero a los derechos de la libertad humana.

Gaitana es un agente de transferencia del poder político hacia intermediarios invisibles. Más que una candidata, es un símbolo de cómo la democracia puede transformarse en simulacro fantasmagórico: la apariencia de inclusión sustituye al ejercicio real del poder y deja a la ciudadanía atrapada entre la fascinación por la novedad y la pérdida de control sobre su propia representación.

Vivimos en una sociedad que es resultado del poshumanismo, un movimiento tecnológico y social promovido desde EE UU con recursos humanos procedentes de las democracias occidentales. El poshumanismo considera que los seres humanos no son lo más importante, sino una pieza más dentro de una realidad compleja en la que animales, tecnología sofisticada e IA deben llevar la iniciativa. Todo este objetivo es muy elitista, de modo que en este mundo poshumano el pueblo desempeña el papel de cobaya con el que se practica todo tipo de experimentos, con frecuencia muy inhumanos.

Gaitana no es un personaje inventado por el pueblo, sino diseñado por las élites para seducir a los votantes más desfavorecidos y vulnerables, y monopolizar las emociones de las masas desde el punto de vista de los intereses exclusivos y excluyentes de quienes ejercen el poder político y financiero. Gaitana es un anzuelo, no una solución.

Podríamos decir incluso que es una criatura engendrada por el idealismo alemán de tradición luterana y protestante, por una parte, y la tecnología estadounidense, de sofisticación calvinista y mercantil, por otra. Algo así como el «espíritu del pueblo» o 'Volksgeist' del que hablaban los filósofos románticos alemanes, pero dotado de la potencia ideológica e industrial que le proporciona el poder financiero de la globalización.

Gaitana es uno de los dioses del siglo XXI. Ha llegado para quedarse y procrear. Es hija del mercado y, a mi modesto entender, enemiga de la democracia. Porque la democracia tiene su base en el pueblo, no en los fantasmas de internet. No es posible hacer creer a todos en el traje invisible del emperador. La democracia ha muerto y ha llegado la posdemocracia. Los políticos del siglo XXI son espectros de internet.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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