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Gallardo, «el niño de la catana» que lo ha perdido todo

Gallardo, «el niño de la catana» que lo ha perdido todo
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La condena por enchufar al hermano de Sánchez pone el broche más negro a una carrera ascendente hasta que llevó al PSOE al peor resultado de su historia en Extremadura
Gallardo, «el niño de la catana» que lo ha perdido todo

La condena por enchufar al hermano de Sánchez pone el broche más negro a una carrera ascendente hasta que llevó al PSOE al peor resultado de su historia en Extremadura

Regala esta noticia Añádenos en Google Miguel Ángel Gallardo, en su renuncia al liderazgo del PSOE extremeño tras la debacle del 21-D. (J. M. Romero)

Lourdes Pérez

Madrid

25/05/2025 Actualizado 14/07/2026 - 13:11h.

A ... quiero una organización con un líder, porque la responsabilidad no puede ser coral», dejó dicho cuando todavía ejercía de rumboso presidente de la Diputación pacense. El cargo que acabó abandonando por su imputación, pero haciéndose dueño de la credencial de parlamentario autonómico con la que

Pero ni este revés ni la imputación previa evitaron que Gallardo encabezara, con el aval de un Sánchez que veía ya a su hermano bajo la amenaza del banquillo, la candidatura socialista a la Presidencia de la Junta autonómica frente a la líder regional del PP, María Guardiola. La paradoja es que él nunca estuvo amparado por el manto del sanchismo. El peor resultado del partido en el que había sido uno de sus graneros electorales, con la suma de PP y Vox superando el 50% de los sufragios, le obligó a dimitir al día siguiente de los comicios del pasado 21 de diciembre. El vía crucis, en puertas del juicio celebrado entre mayo y junio, ya no tenía vuelta atrás.

Hijo de jornalero y ama de casa que siempre se ha preciado de saber lo que supone ganarse la vida con el sudor de la frente –es técnico en Mantenimiento Electrónico y Educación Infantil y diplomado en Educación Social por la UNED–, amigos, enemigos y, en especial, compañeros de partido saben lo implacable que llegó a ser Gallardo en el ejercicio de su poder. Tanto como para que se le conozca como «el niño de la catana», el mote que tanto le molesta y con el que le bautizó Francisco García Ramos, su mentor y predecesor en la Alcaldía de Villanueva de la Serena, a la que el exlíder del socialismo extremeño llegó en 2003 trabajando de operario en una fábrica y del brazo de la vieja guardia. García Ramos pertenecía a ella y durante un tiempo ambos fueron uña y carne. Hasta que se desataron las hostilidades que en política revientan las relaciones más estrechas y el exalcalde le dedicó el malicioso apodo por «querer matar civilmente a su madre» en la actividad pública, la concejala Mercedes Amado.

Ha llovido mucho desde entonces. A cántaros, viendo el resultado de la sentencia que lo castiga a 18 años de inhabilitación -purgará el doble que el resto de encausados, incluido David Sánchez- aun cuando esa pena suponga eludir la cárcel que sí pedían las acusaciones. Una década larga en la que Gallardo fue encadenando mayorías municipales, accedió a la presidencia de la Diputación de Badajoz y, en marzo de 2024, dio poco menos que la campanada al imponerse en las primarias del partido a Lara Garlito, la candidata oficial de Ferraz. Siete años antes se había creado en la institución pacense el puesto de coordinador de conservatorios que acabaría siendo para David Azagra, como es conocido en el mundillo musical el hermano director de orquesta del presidente del Gobierno.

Por aquellos días, Sánchez había recuperado el liderazgo del PSOE tras ser defenestrado por la dirigencia histórica y recorrerse las casas del pueblo de todo el país a bordo del ya celebérrimo 'Peugeot'. El sucesor de dos pesos pesados del socialismo como Juan Carlos Rodríguez Ibarra y Guillermo Fernández Vara y tan poco querido, en apariencia, por el sanchismo, ha terminado condenado por la primera de las causas abiertas al entorno más personal del presidente que ha llegado tan lejos, tras los 24 añós de cárcel impuestos por el supremo al exministro José Luis Ábalos. A diferencia de David Sánchez, Gallardo sí utilizó el último turno de palabra que se permite a los enjuiciados para defenderse. Para decirse víctima de un «juicio político» y «mediático» que lo habría condenado socialmente pese a la confianza que expresó en la justicia. La Audiencia no se ha creído su alegato.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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