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Galván y Diosleguarde, estreno notable en sanfermines

Galván y Diosleguarde, estreno notable en sanfermines
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Corrida espléndida y de buena nota de Cebada Gago con dos toros, primero y cuarto de particular calidad. Oficio seguro de Galván con los dos. Diosleguarde sorprende por su sereno valor y su sentido del toreo con el sello de la escuela de Salamanca
Galván y Diosleguarde, estreno notable en sanfermines

Corrida espléndida y de buena nota de Cebada Gago con dos toros, primero y cuarto de particular calidad. Oficio seguro de Galván con los dos. Diosleguarde sorprende por su sereno valor y su sentido del toreo con el sello de la escuela de Salamanca

Regala esta noticia Añádenos en Google El diestro Manuel Diosleguarde durante la lidia al último toro. (Efe)

Barquerito

08/07/2026 a las 22:29h.

Toda cinqueña, temibles agujas, tan astifina y afilada como siempre, de hechuras proporcionadas, buena alzada y porte espléndido, la corrida de Cebada Gago sorprendió a ... quienes esperaban la dosis habitual de díscola listeza que ha sido sello de la ganadería en los últimos tiempos. Sin apenas noticia del temperamento agresivo marca de la casa y, a cambio, notoria nobleza general.

No es que la carrera del encierro pueda tomarse como referencia, porque el toro de la mañana y el de la tarde no suele ser el mismo, pero por primera vez en unos cuantos años los seis cebadas corrieron el encierro dócilmente agrupados, sin soltarse ni derrotar ni hacer trabajar de más a bueyes y pastores. Solo un herido por asta de toro en el encierro: una cornada en el brazo de un corredor. Carrera limpia, según la jerga de los expertos. Limpísima. La bonanza del parte de guerra, cruento tantas veces en los encierros de Cebada, se vino a confirmar diez horas y media después. Con los debidos matices propios

En primero y cuarto, el lote con el que al cabo de catorce años de alternativa debutaba en Pamplona David Galván, se reunieron las mejores notad de la corrida. Quebrado por dos duros puyazos, el primero, pronto y repetidor, son del bueno por la mano derecha, solo acusó el efecto del castigo en varas muy a final de una larga faena que tuvo de inicio un alarde -cambios por la espalda de rodillas y en distancia- y cuerpo serio luego, buen compasito en el toreo ligado, figura encajada, sueltos los brazos, el adorno de un abanico antes de la igualada y una estocada trasera que habría precisado del descabello. Pero Galván se negó a correr el riesgo de errar y el toro, que murió de bravo, tardó un mundo en doblar.

Cárdeno capirote, el bello cromo habitual en las corridas de Cebada, el cuarto pasó de visita por el caballo de pica y fue en la muleta el más claro de los seis, el de más ritmo en la embestida. Con él se entendió Galván más que bien, por arriba a pies juntos para asentar al toro en el comienzo, y por abajo luego en una faena prolija, castigada por exceso de pausas y paseos en las transiciones, pero muy lograda en los pasajes con la izquierda en que llegó a enroscarse el toro a placer. Del todo confiado, terminó haciendo las concesiones debidas a la galería -molinetes, circular inverso, desplante- y logró eso tan difícil que es en el toro de la merienda meter a la mayoría en el negocio. Una oreja muy reclamada.

Con dos toros distintos -un imponente tercero remangado bien picado por Alberto Sandoval que esperó en banderillas y amenazó con claudicar y un sexto cárdeno carbonero altísimo de particular agilidad- Manuel Diosleguarde, el nombre sorpresa de los sanfermines de este año, no solo justificó su presencia en la feria, sino que vino a firmar los mejores momentos de la corrida. Su refinamiento con el capote en los lances de lidia y de adorno; su aplomo sereno como muletero; su buen sentido del toreo. El ajuste, los dos toros traídos siempre por delante, ni un tirón, la elección de terrenos, descarado sin gestos de más en los medios, su regusto despacioso para torear al natural, su firmeza. Capaz de apurar las fuerzas del sexto, con el que apostó desde que lo vio salir y seguro de sí mismo para templarse con el tercero en una faena de tal vez más calado. Solo la del sexto tuvo remate con una estocada inapelable. Un serio triunfo.

El segundo fue el toro problemático de la corrida. Encelado con el caballo de la puerta sangró lo indecible -la sangre hasta las dos pezuñas-, cobró tres puyazos a modo, persiguió en banderillas y duró en la muleta solo lo justo. Corto recorrido, la cara arriba. Una faena solo justificatoria de Román, que exageró las tomas de distancia en busca de la inercia del quinto de la tarde, que se acabó soltando luego de una faena de mucho recorrer plaza y de estar Román más pendiente de las peñas de sol que del toro.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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