Y la F1 volvió a Sepang nueve años después para un extraño híbrido albergando el Gran Premio de Baréin, que obviamente no podía correrse por el conflicto en la zona del Golfo Pérsico y el Medio Oriente. Pero de esos conflictos, estas alegrías.
Max Verstappen celebra su excepcional victoria en SepangJ.M. Vinuesa[email protected]Publicado: 05/10/2026 08:22
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...Esta distopía, sin embargo, parece que no se iba a repetir este año. Porque el CEO de la F1, Stefano Domenicali, dejó claro que los GP de Catar y de Abu Dabi se iban a correr con normalidad, gracias a las “garantías” dadas por los organizadores. Léase temas contractuales de quién paga una anulación según quién tome la decisión. Lamentable.
Pero volvamos a Sepang. Porque, aunque el asfalto malayo necesitara una actualización, ver a los monoplazas de la F1 pasar de nuevo por las curvas enlazadas ideadas por Hermann Tilke, en la que, sin duda, fue su mejor obra, era delicioso.
Un circuito que ya ostenta una vejez de 27 años puede considerarse un clásico, y, pese a su configuración de corte moderno, destaca sobradamente por encima de los más recientes. Es un reto, y como tal lo afrontaron los pilotos.
Max vuelve a dominar en clasificación
Y precisamente el último vencedor en Sepang, Max Verstappen, decidió seguir justo donde lo había dejado al cerrar la puerta malaya: si acabó primero en 2017, iba a empezar primero en 2026, tras lograr su primera pole position del año con un pilotaje soberbio, superando holgadamente a Lewis Hamilton, también brillante.
Se desdibujaron los Mercedes-Benz, con Antonelli salvando la cara siendo un buen tercero, pero Russell volviendo a flaquear con su séptimo, ambos ayudados por la sanción a Hadjar. En ese sentido, destacar el gran día de los Aston Martin, con Alonso duodécimo y Stroll dos puestos por detrás, en la que era la mejor clasificación conjunta del año: del pozo a salir a flote, o cómo celebrar la renovación de ambos.
La idiosincrasia de Sepang ayudaba. Pese a los temores de un circuito que exigiese mucho a la batería y provocase un ‘clipping’ severo, no lo era tanto, permitiendo una vuelta fluida. Ahora bien, las comparaciones son las que son: en 2017 la pole de Lewis Hamilton fue un 1’30’’076, la de Max este año un 1’35’’130. Cinco segundos.
Fernando Alonso, otro de los héroes del fin de semana en MalasiaEl Gran Premio
En todo caso, la primera línea era para dos viejos rivales que conocían bien Sepang, demostrando que la veteranía es un bien preciado. Pero el famoso clima de la zona saludó de nuevo a la F1, con 40 minutos de retraso en el procedimiento de salida por la lluvia monzónica. Una lástima: hemos perdido para siempre el noble y maravilloso arte de pilotar bajo la lluvia.
Hadjar se salía de pista en la vuelta de formación, Hamilton y varios coches se quedaban sin potencia y se paraban, dando una imagen patética de la Fórmula 1 para el mundo. Liberty Media tratará de justificarlo y obviarlo, pero ver a coches detenerse por un fallo de software es la antítesis de las carreras. Felicidades a los responsables, aunque la culpa es de los aficionados viejos, a los nuevos esto les encanta.
Íbamos a tener la mejor reglamentación de la historia con carreras como nunca habíamos visto, y lo que estamos teniendo este año es uno tras otro muchos momentos lamentables. Fruto de una normativa fallida que hará que 2026 sea recordado como la inflexión en la competición que un día fue la cúspide del automovilismo.
Pero vayamos a la pista. Tras el esperpento, la salida en parado hizo que los que habían puesto neumáticos de seco se desmoronaran, confiados en no volver a parar. Pero estaba lloviznando y la pista estaba húmeda, perfecta para intermedios. Así que los Mercedes salieron disparados y Antonelli se puso líder, pero pronto tuvo a Verstappen tras él.
Y tener a Max detrás, en una pista en condiciones cambiantes, y en la que había logrado la pole, no era una buena noticia. Y cuando se veía presionado, la salida de pista de Sergio Pérez provocaba un coche de seguridad que daba oxígeno al líder del mundial, pero sobre todo, salvaba la cuestión estratégica de los intermedios, cambiando a secos.
Y donde lo habían dejado, Verstappen prosiguió: por fuera en la curva 1 a Antonelli, por dentro en la segunda, líder de carrera. Y se escapó sin remedio de todos. Imperial, como en los grandes días y en un circuito muy especial. Sólo el coche de seguridad virtual, a unas diez vueltas de meta, puso en riesgo su victoria, al convertirse en coche de seguridad, que se retiró a tres vueltas del final.
A Max no le tosió nadie, pero Hamilton subió a un gran tercer puesto, mientras que Fernando Alonso lograba un extraordinario octavo lugar. ¿Russell? Su abandono supone que, salvo verdadera hecatombe, Antonelli tiene el mundial ya en la mano.
Pero en Malasia, nueve años después de lograr su segunda victoria, Max Verstappen logró la primera del año. El coche funcionó, el Red Bull crece donde otros no lo hacen, y el piloto sigue siendo el rey. Sepang nos dio todo: el ridículo y la belleza de una gran carrera. Lo primero, habrá que corregirlo. Lo segundo es tan efímero que hay que atraparlo con fuerza.
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