La última del verano
Gran gangaHay más sociología en las rebajas que en un estudio del CIS
Escucha el artículo. 3 min
Escucha el artículo. 3 min
Regala esta noticia Añádenos en Google Una mujer ojeando las prendas rebajadas del verano. (Marta Moras) 24/07/2026 Actualizado a las 00:03h.Me he hecho nudista. Por necesidad, no por gusto. Dos veces he ido a probarme bañadores, dos. Y mi gozo en un pozo. Digo yo ... que una señora de mi edad y condición tendrá derecho a ponerse un traje de baño con el que no parezca o una vedete del Paralelo o una monja que se va a chapotear al Mar Menor. Pues, por lo visto, no hay término medio: hay que elegir entre La Maña y Sor Citroën. Al final, y después de dar muchas vueltas, cogí un par de bañadores y un bikini que parecían cumplir mis requisitos. Pero la esperanza me duró hasta que entré en el probador. Porque ese es el momento de la verdad. Las amigas pueden mentirte, pero el espejo no. Y conmigo fue de una sinceridad brutal. Total, que salí de allí despeinada, compungida, sin nada que echarme a la bolsa y con un bajón que para qué. Con un rebajón, vaya.
Diré en mi defensa que intento comprar solo lo que me hace falta. Pero me lo ponen muy difícil: abro el Instagram y empiezan a aparecerme tías monísimas probándose ropa. Creándome necesidades. Enseñándome pingos estupendos, como esa falda amarilla que sienta tan ideal. Bueno, ideal le sienta a ella. A la que se queja de que una talla XS le queda grande, la muy insolidaria. Luego están las adelantadas, las que te dicen: «¿Qué te vas a poner este otoño?: las claves de estilo». Yo sí que les clavaba algo, que eso de enseñar abrigos de pelo, botas hasta las ingles y jerseys de cuello vuelto estando a 47 grados hace que me salgan sarpullidos. Lo único que no se rebaja en este país es la temperatura. Y la vivienda. Siempre están en temporada.
Pero es el ciclo de la vida. O del consumismo. Lo mismo tiene. Por eso, cada año por estas fechas allá que me voy, a perderme entre las estanterías, a preguntar por tallas y colores a unas dependientas que están hasta la percha de doblar unas montañas de ropa que no subiría ni Edurne Pasaban y a chocarme con otras buscadoras de oro a precio de pirita. Porque no soy la única que, con el bolso en bandolera para dejar las manos libres y poder palpar las telas con tacto de modista, se lanza al ruedo rebajil.
Cada una lo hace por un motivo: por llenar el armario, por matar el tiempo, por dejar boquiabierta a su cuñada en la boda de su sobrina, por lucir una copia de ese vestido que emocionó a Naty Abascal, por sentir que estrena una vida cada vez que estrena ropa. Hay más sociología en las rebajas que en un estudio del CIS: Tezanos, ahí tienes el barómetro de julio. En el caso de que me hubiera preguntado a mí, le habría dicho que iba con el firme propósito de ceñirme al plan trazado: si encontraba un bañador, fenomenal; y, si no, me volvía a casa tan ricamente. Pero, justo al salir de los grandes almacenes, y como quien no quiere la cosa, vi un bolso divino. Lo pillé al vuelo. Chica, qué quieres. Si es que era una ganga.
- Temas
- Verano