Fue moderno antes de que lo moderno estuviera de moda. Amigo de Lorca y protagonista de sus propias imágenes surrealistas, la película 'La bola negra' recupera el universo homoerótico que desarrolló Gregorio Prieto antes de que la guerra apagase el hedonismo y la vanguardia.
Regala esta noticia Añádenos en GoogleIsabel Navarro | Fotos: Museo Gregorio Prieto
22/09/2026 a las 17:47h.El 7 de abril de 1924, Gregorio Prieto inauguraba su primera exposición individual en el Palacio de Bibliotecas y Museos de Madrid. Tenía 26 años ... y se había fugado del destino de ingeniero de Caminos o de taquígrafo del Congreso, que su padre quería para él. Se preparó a escondidas la prueba de acceso a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y allí se convirtió en compañero y amigo de Rosa Chacel; ella fue quien lo introdujo en aquel grupo que acabaría siendo conocido como generación del 27.
El retrato que le hizo a Lorca en 1931 usado en los libros de texto.Aquella noche, Federico ofrecía un concierto de piano en la Residencia de Estudiantes y Gregorio aceptó la invitación a tomar un té con dulces granadinos en su habitación. Sobre el cabecero de su cama tenía un dibujo de la Virgen de los Siete Dolores y, al darse cuenta de que Gregorio no le quitaba ojo, le arrancó los alfileres y se lo regaló.
Los Javis no lo han citado como un referente directo, pero la alegre y erótica celebración de camaradería gay de 'La bola negra' recuerda al vocabulario visual del manchego
Aquel dibujo puede verse hoy en el Museo Gregorio Prieto, un fascinante y casi desconocido centro de arte situado en una tradicional casa solariega del siglo XVII en Valdepeñas (Ciudad Real), que alberga trece dibujos originales de Lorca regalados por el poeta al pintor. Además, en sus salas hay obras de Picasso, Francis Bacon, Giorgio de Chirico y Maruja Mallo; pero tres cuartas partes de los fondos del museo recogen creaciones del propio artista –que vivió casi un siglo, de 1897 a 1992– y desarrolló su obra en la pintura, el dibujo, el collage, la fotografía y el arte gráfico.
GALERÍA DE IMÁGENES: LA HOMOERÓTICA INSPIRADORA
La imagen 'Herido por la belleza clásica', un 'collage' fotográfico creado en Roma por el pintor en coautoría con Eduardo Chicharro Briones en 1931. Un fotograma de 'La bola negra'. Gregorio Prieto, vestido de marinero, en los años 30. En su etapa romana, protagonizó imágenes surrealistas en colaboración con Chicharro Briones. Otro fotograma de 'La bola negra'. Prieto en su casa, junto a su cuadro más famoso de Lorca. A la dcha.: otro retrato del poeta.Pero ¿quién es Gregorio Prieto? ¿Y por qué parece el secreto mejor guardado de la generación del 27?
Finalmente, Prieto le hizo un retrato a Lorca y es el autor del que aparecía en los libros de bachillerato de los años ochenta: aquel de rostro moreno y aniñado, tan poco realista que solía ilustrar la lección «del 27».
Prieto protagonizo esta imagen surrealista, llamada 'Il penduto' ('El ahorcado'), en alusión a la carta del tarot.Jesús Rubio, coordinador de la Fundación y Proyectos Culturales del museo, cree que «a Gregorio Prieto le ha pasado como a muchos de los creadores de aquella generación, que les ha resultado casi imposible no quedar opacados por la dimensión de los mitos de Lorca, Dalí y Buñuel».
«Gregorio salió de España en el 36 pensando que serían dos meses y pasó en Inglaterra 11 años. Llegó a dormir en los bancos del parque y a pensar en el suicidio»
Y, sin embargo, en los últimos años el interés por las imágenes homoeróticas de Gregorio Prieto no deja de crecer. En 2025, cinco obras suyas formaron parte de la exposición colectiva The first homosexuals: the birth of a new identity, 1869-1939 ('Los primeros homosexuales. El nacimiento de una nueva identidad'), celebrada en Chicago. Los óleos Sueño marinero (1932) y Luna llena (1932) y tres fotografías de la etapa romana se volvieron virales en TikTok, donde existe una numerosa comunidad que divulga y celebra la genealogía de la cultura queer (no solo retos y coreografías).
El original de Lorca de la virgen de los siete dolores que le regaló el día que se conocieron.Ahora, el estreno de La bola negra, la película de los directores Javier Ambrosi y Javier Calvo, premiada en Cannes y lanzada en la quiniela de los Oscar, ha llevado a los críticos de arte a preguntarse por las conexiones del filme con la obra de Prieto.
Los Javis no lo han citado como un referente directo, pero la alegre y erótica celebración de camaradería gay de muchas de las imágenes de la cinta recuerda al vocabulario visual del manchego, y las emocionantes imágenes del tráiler han provocado en el público una curiosidad genuina acerca del ambiente gay de la época. ¿Cómo fueron aquellos amores prohibidos pero vividos?
Uno de los 'collages' que prieto llamó 'popares', en el cual en los años sesenta unió varias de sus obsesiones: el homoerotismo de los marineros y el misticismo del arcángel San Miguel y otros símbolos católicos.La etapa más rupturista de su obra, la de los maniquíes y las fotos surrealistas, se da con su estancia en Roma (1928-1932), donde encadenó varias becas en la Academia de España, entonces dirigida por Valle-Inclán.
Allí conoció a Eduardo Chicharro Briones, otro becado, que se convirtió en su cómplice y con el que desarrolló toda una obra fotográfica con la que elaboró una especie de biografía imaginada en una variedad de poses y escenas bellas y perturbadoras que revelan su profunda admiración por el arte grecolatino y su afán de diversión.
En las fotos (disparadas por Chicharro, pero ideadas y protagonizadas por él), el artista aparece a menudo vestido como un marinero (porque «Los marineros son las alas del amor», como escribía Cernuda). Algunas fueron tomadas en las callejuelas del centro de Roma o en los propios almacenes de la Academia de España, y están guiadas por un espíritu lúdico y onírico. Además, Prieto aprovechó la oportunidad que le brindaban los viajes que establecía el reglamento del pensionado para visitar sus admiradas ruinas grecolatinas.
En las escenas romanas Prieto unía dos de sus obsesiones: su pasión por la estatuaria clásica y la iconografía de los marineros, que para él era un símbolo de libertad, pero también de vigor, crueldad, belleza, y ambigüedad sexual
En Sicilia queda conmovido por Taormina; y en Grecia se enamora del Auriga de Delfos. Y a menudo recorre todos aquellos lugares disfrazado de marinero, en actitud de performance permanente.
En el año 31 se instala de nuevo en Madrid, en el 37 de la calle Goya, donde pintará el famoso retrato de Lorca. Gregorio no es uno de los amigos más íntimos del granadino, pero forma parte del 'círculo epéntico' del escritor, que es como se hablaba de homosexualidad en la jerga lorquiana. Lo cuenta Ian Gibson en su libro de 2016, Lorca y el mundo gay, donde se refiere a La bola negra como un proyecto teatral que nunca llegó a desarrollar y que, más tarde, aparecerá en un cuaderno como La piedra oscura, con el subtítulo: Drama epéntico.
Vicente Aleixandre y el pintor manchego en 1935.Y es que varios de los miembros de la genera-ción del 27 fueron notables epénticos, como Luis Cernuda y Vicente Aleixandre, del que Ian Gibson asegura que Gregorio Prieto fue amante y de quien se conservan en la Fundación más de cien cartas.
Aquellos primeros años de la República son para el artista de Valdepeñas los del reconocimiento y la consolidación. Expone en Atenas, en París, en El Cairo… Y en el pabellón de la Exposición Internacional de París de 1937, junto al Guernica, se exhibe una obra suya de gran formato llamada Luna de miel en Taormina, una escena nocturna y amorosa entre dos maniquíes, hoy expuesta en su museo, que se dio por perdida durante 50 años y apareció en 1986, por sorpresa, en los sótanos del Palacio de Montjuïc.
«Poco o nada significado políticamente, pero con el miedo en el cuerpo por lo que le habían hecho a Lorca, Gregorio salió de España en 1936 –cuenta Jesús Rubio– como nos pasó a nosotros con la covid, pensando que sería una cosa de dos meses. Pero acabaron siendo 11 años e, inevitablemente, su vida y su obra cambian. Se acabaron los maniquíes y se acabó la homoerótica. En Londres tuvo momentos muy duros, llegó a dormir en los bancos del parque e incluso a pensar en el suicidio, pero era un hombre muy religioso, y no se lo permite».
Poco a poco, y gracias a la comunidad de españoles en Inglaterra, Prieto consigue exposiciones e ingresos. Comparte piso con Cernuda, mucho más taciturno e introvertido que él, y durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial se refugia en Oxford, donde realiza sus obras paisajísticas y sus dibujos de regatas.
Cuando vuelve a España a finales de 1947, ha de empezar de nuevo y se refugia en el retrato de clientes de la alta sociedad (como había hecho en Inglaterra) y en los paisajes de La Mancha, en especial en los molinos. El pintor Antonio López subraya su transformación en una entrevista disponible en la web del museo: «Hay un Gregorio de antes de la guerra y otro de después. Cuando volvió, seguía siendo un personaje muy respetado, pero el presente es muy absorbente y el presente ya no era él».
Sin embargo, Prieto no se rindió nunca. Pintó molinos, sí, pero dentro de un estilo llamado 'fauvismo ibérico'. En los sesenta hizo una reinterpretación personal y castiza del pop art. Y en una entrevista televisiva en los setenta dijo sobre su visión del arte: «Mira, a mí me parece que nada se debe hacer en la vida sin exaltación y de todo lo importante, como lo Divino y como el Amor, siempre hay que hablar en mayúsculas. Y así lo hago».
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