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Alberto López Basaguren
Catedrático de Derecho Constitucional
Viernes, 23 de enero 2026, 00:35
... desconocen las condiciones del acuerdo que, aparentemente, ha alcanzado en Davos con Mark Rutte, secretario general de la OTAN, pero los hechos de la segunda presidencia de Trump no son tranquilizadores.El objetivo estratégico a largo plazo está, además, en la riqueza del territorio en tierras raras, auténtico reto en su confrontación con China por la hegemonía mundial. Una explotación que, por el momento, presenta dificultades técnicas extremas y, en su caso, costes ambientales enormes.
¿Qué tiene Groenlandia en juego y cuáles son las perspectivas ante la pretensión estadounidense? Ese «trozo de hielo», como lo calificó Trump en Davos, tiene una trágica experiencia de colonialismo, con enormes costes sociales y culturales. Un país del todo especial, como nos mostró Bernardo Atxaga en su 'Groenlandiako lezioa' –'Desde Groenlandia, con amor', en su versión en castellano–. Un territorio inmenso, en torno al Polo Norte, casi pegado al norte de Canadá –no a Estados Unidos, como ha pretendido aparentar Trump al señalar que forma parte de 'América'–, cubierto de hielo, estratégicamente situado –especialmente, ante la nueva geopolítica del Ártico que está configurando el deshielo provocado por el cambio climático–, con poquísimos habitantes (algo menos de 60.000), la inmensa mayoría de ellos del pueblo inuit –nuestros antiguos 'esquimales'–.
Colonia danesa a lo largo de dos siglos, sufrió un proceso de asimilación, que abrió importantes heridas en la sociedad groenlandesa. Fracasada la política de 'danificación' se abrió un nuevo ciclo con la autodeterminación como horizonte: en 1979 Groenlandia se convirtió en territorio autónomo ('Home Rule'), con el objetivo de impulsar el desarrollo político, económico, social y cultural de una sociedad hasta entonces dominada. El éxito de la autonomía impulsó un nuevo paso: el autogobierno ('Self-Government'), aprobado en 2009, régimen que está en vigor.
La ley de autogobierno amplió las competencias, estableciéndose la posibilidad de incrementarlas a medida que las autoridades del territorio lo consideren conveniente. Son pocas las competencias que, en cualquier caso, deben permanecer en manos de Dinamarca: defensa, política monetaria, relaciones internacionales… La ley deja en manos de Groenlandia la opción de convertirse en un país independiente, en cuyo caso tendrán que abrirse negociaciones entre los dos gobiernos; el acuerdo que se alcance tendrá que ser respaldado por el Parlamento del territorio, en primer lugar, y por el pueblo, finalmente.
En este proceso histórico, Groenlandia, que como territorio danés se integró en las Comunidades Europeas, quedó fuera de ellas en 1985, tras el oportuno referéndum. Su economía era demasiado débil para sobrevivir en el 'mercado interior' europeo, carente de barreras. En la actualidad, Groenlandia tiene un estatus especial en la UE, entre los países y territorios de ultramar, protegido por un Protocolo especial, con capacidad para, entre otros capítulos, recibir ayudas de los programas de la Unión. En consecuencia, dentro y fuera, al mismo tiempo, de la UE, pero bajo su protección.
Si Groenlandia se convirtiese en un país independiente tendría capacidad para negociar con la 'América' de Trump, acercarse a ella y librarse del dominio de Dinamarca… para quedar bajo el de Estados Unidos. Hasta ahora, sin embargo, el objetivo del pueblo groenlandés ha sido otro: superar el dominio colonial para ser dueño de su destino, salvaguardando y desarrollando adecuadamente sus características singulares como pueblo y proteger sus riquezas naturales, para preservar su territorio y su modo de vida. A pesar de sus vaivenes, Dinamarca ha mostrado, finalmente, buena disposición para aceptar y proteger la singularidad de Groenlandia. ¿Lo haría EE UU?
Es difícil predecir si Groenlandia, con el respaldo de la UE, tendrá capacidad suficiente para garantizarse un futuro como pueblo singular. Pero, como señalaba Atxaga en su 'lección', «gure Groenlandia handi baina ttiki honetan, kalteak handiak izan daitezke» (en esta Groenlandia nuestra, grande pero pequeña, los daños pueden ser grandes).
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